Con el impulso firme de los inmigrantes
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La historia del Colegio Argentino Danés está íntimamente vinculada a los inmigrantes daneses en Argentina.
Entre ellos se destacó Juan Fugl, un pionero extraordinario que arribó a la Argentina en 1844, llegó a ser intendente de Tandil y participó en la fundación de la ciudad de Benito Juárez.
En 1884 se fundó Tres Arroyos y al año siguiente se construyó el primer edificio municipal. Entre otros firmó el acta Pedro Meisler, danés, que comenzara contratado como telegrafista y luego se convirtiera en un importante comerciante. Tuvo un almacén de ramos generales en Paso del Médano, en la margen del río Quequén Salado.
Meisler hablaba bien el idioma castellano y guardaba buena relación con las autoridades locales. Fue de vital importancia para los nuevos inmigrantes que llegaron a la zona.
A orillas del arroyo Claromecó, un pionero de la región llamado Félix Mayolas construyó un molino harinero hidráulico. Promovió entonces la radicación de jóvenes agricultores para que produjeran trigo para su molino. Entre ellos se encontraba Carlos Anderberg, primer agricultor danés de Tres Arroyos. Mayolas contaba en ese momento con la ayuda de Juan B. Istilart.
Anderberg rápidamente consiguió comprar campo, consolidó así su condición de agricultor establecido y comenzó a recibir a nuevos connacionales como peones en su establecimiento rural.
En el año 1890 llegaron los hermanos Nicolás y Blas Ambrosius, que progresaron debido a su enorme capacidad de trabajo y tenacidad. Los siguieron Pedro Haugaard y Andrés Laurlund, quienes luego se radicaron en el partido de Coronel Dorrego.
Estos cinco inmigrantes les abrieron las puertas a innumerables jóvenes daneses que comenzaban como peones y luego pasaban a ser socios en campos arrendados hasta independizarse.
Muchas novias o chicas danesas venían a trabajar y formaban familias con los hombres ya establecidos aquí. Así comenzó la historia de la colectividad danesa en Tres Arroyos y Dorrego.
A medida que se incrementaba el número de inmigrantes, estos cinco pioneros se pusieron al frente de la organización de una nueva colectividad.
La educación
Ya en 1901 fundaron con personería jurídica la Sociedad Dinamarquesa de Socorros Mutuos. Entidad de vital importancia para los daneses y sus familias. Era habitual en aquella época que contrataran un maestro danés entre varias familias. Pero rápidamente tomaron en cuenta que lo prioritario era que sus hijos aprendieran el idioma del país. Las escuelas públicas resultaban escasas y las distancias dificultaban aún más la situación. Estas causas fueron el origen de la idea de construir su propia escuela.
En este contexto, Nicolás Ambrosius organizó una escuela para jóvenes en su propia casa. Pero recién se retomó la idea definitivamente en las ya tradicionales fiestas de verano en 1915. En estos encuentros, que reunían a daneses de una gran región se debatió en profundidad el proyecto de una escuela. En aquella oportunidad muchos asistentes ya comprometieron aportes significativos para el proyecto.
La idea maduró y durante una reunión realizada en el Hotel Puchulu de Tres Arroyos el 13 de junio de 1916, un grupo de daneses formó una asamblea constituyente de una nueva entidad donde se decidió la compra de 100 hectáreas de campo sobre los que se construiría la primera etapa de un ambicioso proyecto educativo.
Le dieron el nombre de Sociedad Protestante del Sud y decidieron al mismo tiempo formalizar la congregación religiosa formada a partir de pastores itinerantes contratados en principio por cuenta de aquellos cinco pioneros mencionados anteriormente.
Una vez diseñado el parque y plantados los árboles, pusieron manos a la obra con la construcción de una escuela para adolescentes y jóvenes que quedó lista para su inauguración el 5 de agosto de 1917.
Primeros pasos
El día de la inauguración hubo una asistencia de daneses nunca vista antes en Argentina, entre 600 y 700 personas. Debido a las dificultades ocasionadas por la Primera Guerra Mundial, el primer director contratado no pudo arribar el día indicado.
Se hizo cargo interinamente el emblemático pastor Sunesen, que ya había establecido su residencia en el Colegio hasta que un tiempo después le construyeran una casa pastoral en el mismo predio. De esa forma, los daneses concentraban la mayor parte de sus actividades culturales en un mismo lugar.
El 19 de marzo de 1919 la incansable comisión inauguró nuevamente una escuela. En este caso una primaria para sesenta alumnos internados.
La mayoría de los alumnos que pasó por la escuela en sus distintos formatos a través del tiempo, seguramente seguirán teniendo un claro sentido de pertenencia con el colegio.
