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La elefanta Mara será trasladada a un santuario en Brasil

Mara es una elefanta que pasó gran parte de su vida en el Circo Rodas, siendo uno de sus principales atractivos. Hace 20 años que vive en el zoológico. El Gobierno porteño anunció que firmó un acta de entendimiento con el único santuario de elefantes de Latinoamérica para trasladarla. Está en el Mato Grosso, en Brasil, y la llevarán después de un largo proceso de adaptación para el viaje.

«El traslado requiere 135 pasos -detalla el ministro de Modernización porteño Andy Freire, cuya cartera está a cargo del Ecoparque-. El primero fue identificar destinos adecuados. Finalmente, la semana pasada firmamos un acta de entendimiento con los responsables del santuario. Y comenzamos el proceso de exploración sobre cómo puede ser su traslado».

El resto de los pasos corresponde al lento proceso para prepararla para un viaje de 2.690 kilómetros por tierra hasta Chapada dos Guimarães, en el estado de Mato Grosso. La travesía se hará en camión y requerirá una semana, dadas las características de la pasajera. «Los pasos comprenden desde acostumbrarla a entrar en la caja hasta que se habitúe a vivir en ella», explica Freire. ¿Cómo lo harán? A través de estímulos positivos, como dejarle comida en el habitáculo.

Cuando la elefanta esté preparada, la llevarán hasta el santuario de 1.100 hectáreas creado por la organización estadounidense Global Sanctuary for Elephants. En su nuevo territorio tendrá una pequeña montaña, un río, un arroyo, árboles y pasturas. Nunca será libre: los animales que vivieron en cautiverio no pueden adaptarse a su hábitat natural. Pero no habrá rejas y tendrá supervisión veterinaria.

En el santuario la esperan Maia y Guida, dos elefantas que fueron explotadas en un circo de Minas Gerais por cuatro décadas. Pasaron los últimos años encadenadas en una granja. Hasta que en octubre del año pasado, su vida dio un vuelco cuando las trasladaron al Mato Grosso.

Mara sí conoció cariño dentro de sus circunstancias, porque ningún animal nace para estar en un circo. Godoy, su domador en el Rodas, la adoraba. En 1996, un decreto prohibió la explotación de animales en espectáculos circenses y ella terminó en el zoológico. Los dos se extrañaron y Godoy solía visitarla. Hasta que le pidieron que no fuera más porque, cuando se retiraba, la elefanta se deprimía y no comía.

Hoy Mara tiene 52 años. Posee un alto nivel cognitivo y entiende el lenguaje de señas de sus cuidadores. No se lleva bien con las otras dos elefantas, Kuki y Pupi, de origen sudafricano, y pasa varias horas encerrada porque deben turnarse para salir al recinto exterior. Cuando está adentro, mueve la cabeza maniáticamente porque sufre de zoocosis, un trastorno psicológico que desarrollan los animales en cautiverio.

Tanto ella como las otras dos elefantas tienen sus propios abogados. La Fiscalía de la Ciudad aceptó como querellante a la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA), que denunció maltrato animal. La Asociación, que también representa a la orangutana Sandra, sostiene que el maltrato es psicológico. En el caso de la primate, los especialistas en bienestar animal Aldo Giudice y Héctor Ferrari, presentaron un informe ante la Justicia en el que afirman que el ambiente actual la está dañando y también recomiendan su traslado a un espacio más grande.

El traslado de Mara será traumático, porque sentirá que la llevan a un lugar desconocido. Pero en su nuevo destino, lejos de la Ciudad y fuera de la vista del público, podrá vivir sus últimos años en paz. (Clarín)

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