Lo que importa es poder competir
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Diego Valenzuela reconoce que es calentón, que no le gusta perder a nada. Y menos que menos al voley con Holanda. “Hay una pica muy especial con ellos”, explica. Por eso al kinesiólogo le dolió el doble caer en la final de los Juegos Mundiales para Deportistas Trasplantados disputados en Málaga. Los naranjas se quedaron con la medalla de oro…
La bronca le duró minutos al tresarroyense, porque al margen de haberse traido de España la presea de plata, volvió con el espíritu bien nutrido por una nueva experiencia que “desde lo humano es espectacular”.
El mundial no era una novedad para Diego. De hecho, este fue el sexto. Pero con el paso de los años, cuenta que valora mucho más poder ser parte de la competencia que este año reunió a más de 2000 atletas de todo el mundo (Argentina aportó 65).
Más allá que la medalla dorada otra vez le fue esquiva, Diego volvió feliz de Málaga. Como dice él: “Es cierto que vas a un mundial a ganar, pero te traes otras cosas. Fue una experiencia muy buena en muchos aspectos. La delegación argentina era muy numerosa, como siempre se generó un gran compañerismo, me volví a encontrar con amigos que veo cada dos años -es el intervalo que hay entre mundial y mundial- y que realmente extraño”.
Y agrega: “Vivís cosas muy fuertes, montones de emociones, experiencias de vida. También ves a otros que ya no están tan bien… Entonces, medalla más, medalla menos, desde lo humano es un viaje muy fuerte”.
Si bien Diego ya tiene experiencia en esto de los mundiales, porque participó en seis (Tailandia 2007, Australia 2009, Suecia 2011, Sudáfrica 2013, Argentina 2015 y Málaga 2017), este tuvo un valor especial: “Estando en España se cumplieron 22 años de mi trasplante. Yo lo tomo como un segundo cumpleaños. No hago una fiesta, pero a mi modo lo festejo”.
Riñones
Diego es trasplantado de riñón desde el 29 de junio de 1995. Nació con un problema a nivel uretral que durante su primera década de vida le generó un deterioro renal no percibido por los médicos. “Todo saltó a partir de una infección urinaria que tuve a los 10 años. Me hicieron un estudio y se dieron cuenta de que los riñones ya casi no funcionaban”, cuenta Diego con mucha naturalidad.
A los 21 años la función renal le dijo basta y lo derivaron a un médico especialista en trasplante. “Por suerte mi padre era compatible conmigo, me dio su riñón y seguí como si nada”, explica.
El discurso y el mensaje de Diego es fuerte y saludable. “Yo me acuerdo que estoy trasplantado únicamente cuando tomo la medicación”, dice el kinesiólogo que ya vivió más de la mitad de su vida como trasplantado. Por eso, repite el mensaje que quiere que se le grabe al resto de la sociedad: “Donar órganos es dar vida”.
Mundiales
La competencia, que se hace cada dos años y comenzó a realizarse en 1978, se organizó por primera vez en Latinoamérica y contó con la participación de más de 1100 trasplantados. Se trata de un evento deportivo que corre atrás de un noble fin social: promover la donación de órganos. “En las regiones donde se juega el mundial está probado estadísticamente que aumentan los trasplantes por la difusión que alcanza el tema”, explica Diego.
El efecto cascada que produce la competencia salpica a los enfermos que necesitan un órgano y a los sanos que tienen para darlo. “Muchos que tienen problemas de salud y no se animan a trasplantarse, toman conciencia de que después de un trasplante podés hacer la vida que hacen todos. Y muchos de los que no estaban de acuerdo con la donación se dan cuenta que donando pueden lograr que otro alcance una vida plena”, cuenta.
Con al experiencia deportiva vivida desde 2007, en su primera participación, el tresarroyense afirma que el nivel y la competitividad ha ido en aumento. Y eso también es un aliciente. “Si bien arrancó como un evento social y sigue cumpliendo ese rol, cuando arranca el partido o las pruebas de cualquiera de las disciplinas, la competencia es total. Esto está muy bueno porque para todo aquel que alguna vez hizo deporte en forma competitiva, tiene la posibilidad también de recuperar eso. No es un soltero contra casados”.
Prueba de lo formal que es el torneo es que las federaciones locales de cada uno de los deportes son las que fiscalizan las competencias. La única gran diferencia que tiene con los Juegos Olímpicos es que no se realizan deportes de contacto y el único juego en equipo es el voley.
“Más allá de lo deportivo, está bueno mostrarles a todos que gracias a que existe el trasplante y gente que dona órganos se puede hacer una vida normal”, dice el kinesiólogo.
Medallas
“La fina la perdimos bien”, se lamenta el tresarroyense. Y aporta un dato clave que hace que la medalla plateada casi se tiña de dorado: “Los holandeses se entrenan durante el año y tiene director técnico. Nosotros el único entrenamiento que hicimos en los últimos dos años fue allá en Málaga, el día anterior a la competencia”.
Diego también compitió en tenis. En singles no anduvo bien, en dobles, en pareja con un trasplantado de Coronel Suárez, ganó la medalla de bronce.
En dos años, los Juegos se harán en Newcastle y el kinesiólogo ya planea por decir presente. Para reencontrarse con sus amigos, volver a vivir la experiencia que lo hace sentir pleno. La yapa sería ganar la medalla dorada luego de derrotar a Holanda.
Pero lo más importante es lo otro, poder competir.
