El apellido de los revestimientos
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“Revestimientos Fernández”. El nombre que José y Carmen eligieron para su emprendimiento es tan simple como familiar. Y seguramente nada tuvo de casual la elección. El arranque, allá por 1984, se dio en el garaje de la casa de la calle Saavedra y cuando estaban cumpliendo su primera década de casados. No tenía sentido buscar nombres rimbombantes para el emprendimiento.
A 33 años de aquel arranque la simpleza y la familiaridad están intactas. Porque si bien el amplio salón de ventas de avenida Rivadavia nada tiene que ver con el garaje inicial, antes de empezar la charla para desandar la trayectoria del negocio que es una marca registrada, José aclara: “Primero nos vamos a tomar unos mates”.
Y así fue. A la ronda se prendieron Carmen, Sebastián -el hijo mayor- y Antonela -la nieta-, mientras que a Pablo -el hijo menor del matrimonio-no le quedó otra que atender a los clientes que iban entrando.
El salón de ventas de Revestimientos Fernández está en avenida Rivadavia al 900, mientras que sobre Güemes se ubican los galpones de depósito
Bien de abajo
José era albañil, oficio que ejercía en Tres Arroyos y también en Claromecó. Y fue justamente una refacción que hizo en la costa la que le terminó cambiando la vida. “Le hice un arreglo a una gente de Buenos Aires, que tenía un negocio de cerámicos. Y cuando terminé me preguntó si yo no quería vender. Como ya andaba muy jorobado de la cintura, decidí aceptar la propuesta”, recuerda.
Así fue que José y Carmen adaptaron como pudieron el garaje de la casa de Saavedra al 1200 para empezar el emprendimiento. “En esa época se descargaba todo a mano, caja por caja. Y el arranque fue con venta y colocación de cerámicos”, cuenta. “Como hacía todo yo, las dos cosas eran demasiado, y nos decidimos seguir sólo con la venta”, agrega. Luego de tres años de mucho remar, “porque estábamos fuera de las cuatro avenidas, la calle era de tierra, era difícil que la gente viniera hasta casa a comprar -la publicidad que teníamos en LA VOZ DEL PUEBLO era fundamental-, pudimos alquilar un local en la avenida Belgrano 878”.
En esa nueva etapa, a los cerámicos le agregaron grifería y sanitarios. Tras nueve años, el crecimiento que tuvieron les permitió comprar la propiedad que estaba donde hoy está instalado el salón de ventas de Rivadavia. “Cuando nos vinimos para acá le agregamos aberturas y el resto de las cosas”, dice Carmen.
Y también se sumaron en firme sus dos hijos. Con las tareas bien repartidas, porque cada uno cumple su función en la empresa, la evolución continuó y les permitió anexar los galpones que dan a la avenida Güemes.

Sebastián, Antonela (nieta), Pablo, Carmen y José detrás del mostrador del negocio familiar
Buena onda
“Tenemos la suerte de que ellos se llevan muy bien”, dice José respecto a la relación que tienen sus hijos. “Y nosotros también, porque son 24 horas las que estamos juntos. En casa y acá”, agrega con Carmen con mucho tino. Si bien reconocen que no cumplen un horario estricto, el matrimonio sigue al frente de la administración de firma, mientras que el manejo de las ventas y de las compras sí está en manos de los hijos.
“Todavía nos aguantamos. Pero cuando explote la bomba va a ser tremendo”, dice Sebastián riéndose. Si bien los Fernández ofrecen una buena cantidad de productos, los cerámicos siguen siendo el fuerte del negocio. “Tenemos más de 100 modelos y en stock. Así que viene gente de toda la zona a comprarnos”, explica Sebastián.
El agua se terminó, la charla sigue un rato más. Y el más charlatán es José, pese a que Carmen había adelantado que era difícil lograr que él hable. A decir verdad, ella también había avisado que no iba a salir en la foto. Y entre todos la convencieron. Así son los Fernández, tan simples como familiares.
