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«Dar mi testimonio fue sanador»

El Centro Cultural La Casona fue el lugar elegido para llevar adelante el acto conmemorativo por el Día de los Derechos Humanos, que se celebra todos los 10 de diciembre, coincidiendo con la fecha en que la Asamblea General adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948. La Asamblea permanente por los Derechos Humanos (APDH) local se encargó de organizar el acto, que contó con la presencia de Josefina Giglio, hija de Carlos Giglio y de la tresarroyense Vibel Cazalás, ambos desaparecidos. 

Asistieron familiares de los tresarroyenses desaparecidos en los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio denominados «Atlético», «Banco» y «Olimpo» (conocida como causa ABO), además de los concejales Mercedes Moreno y Matías Meo Guzmán. En el circuito ABO estuvieron detenidos los tresarroyenses Virginia Isabel Cazalás (Vibel), María Sedení Bonasorte, Arturo Bonasorte, Armando Prigione, Juan Héctor Prigione y Jorge Horacio Foulkes. Nunca más se supo de ellos. 
Enrique Cofone fue el encargado de abrir el acto, repasando la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Andrea Elgart relató lo que sucedía en el circuito ABO y leyó una emotiva carta de Laura Bonasorte, hermana de los desaparecidos. Luego fue el turno de Guillermo Torremare, quien dio a conocer de forma detallada la sentencia por la Causa ABO, y Susana Pedone se encargó de describir la vida y los últimos días de cada uno de los tresarroyenses detenidos en los mencionados centros clandestinos. 

El Día de los Derechos Humanos fue conmemorado el viernes en el Centro Cultural La Casona

El relato de Josefina
«Me toca a mí levantar este velorio» comenzó su relato Josefina, generando las risas de los presentes y descomprimiendo un ambiente que estaba en silencio desde el principio del acto. Fue una constante durante los cuarenta minutos que habló. Cada vez que su relato dejaba a los presentes absortos en sí mismos, por momentos estremecidos, lo suavizaba con humor, demostrando madurez ante lo vivido, algo que seguramente le ha llevado tiempo, mucho tiempo.
«Con mi hermano empezamos este año declarando y lo terminamos con la sentencia. Pasaron 40 años y finalmente hubo un pronunciamiento de la Justicia. Siempre es difícil hablar de ese tema, porque por un lado parece que no compensa, pero del otro lado yo sentí un efecto sanador. Pude ir y contar lo que había pasado». 

Josefina Giglio

En la madrugada del 5 al 6 de diciembre de 1977, Josefina y su hermano Francisco, que en ese entonces tenían siete y un año de edad, estaban en un departamento de la capital federal junto a su madre y una pareja amiga. Su padre había desaparecido un año y medio antes. Uniformados irrumpieron en la vivienda y se llevaron detenidos a los adultos, dejando a los hermanos en el departamento de al lado, junto a una vecina que no conocían. «´Qué voy a hacer con estos chicos´, recuerdo que gritaba». 
La imagen que le había quedado a Josefina de esa vecina, que los alojó en su casa durante esa noche y a la que no había visto nunca más, no era buena. «Eran años de mucho miedo y era normal no meterse, era más normal que ayudar. Cuarenta años después la busqué».
«Conseguí el expediente de la actuación de la policía cuando nos entregan a mis abuelos. Firmaba el vecino, Amilcar Frugoni. Ahí mi oficio de periodista me llevó a empezar a investigar. Lo busqué en la guía. Encontré un hombre con ese nombre, lo llamé pero tenía una voz muy joven, no podía ser. Igual le pregunte ‘¿ vos viviste en tal dirección en el ´77?’. ‘Puede ser’, me dijo. Ahí me dije, ‘es él’. Me presenté y le intenté explicar por qué me comunicaba con él, y me interrumpe y me dice, ‘yo soy más joven que vos pero conozco tu historia’. Eso fue fuerte, porque supe que en esa familia fuimos un tema». 

Los tresarroyenses desaparecidos en el Circuito ABO

El reencuentro 
«Le dije que necesitaba hablar con sus padres. Me contó que su padre había fallecido pero su mamá vivía. Le pasé mi número y me quedé esperando al lado del teléfono. Me llamó enseguida». El encuentro se dio unos pocos días después, y Josefina se llevó varias sorpresas. «Fue muy impresionante, porque yo me había quedado con la imagen de una señora con una voz aguda gritando ‘yo que voy a hacer con estos chicos’, y cuando la conozco y me cuenta, me dice que era una chica de 23 años, que acababa de ser madre y había escuchado como nos reventaban el departamento y pensó ´’vienen por nosotros'». 
«Hoy me doy cuenta que fue una persona con una calidez maravillosa, porque tantos años después podría haberse olvidado. Y ella me dijo, ‘pensé toda mi vida en ustedes. Nuestra vida cambio a partir de ese momento’. Y pensar que solo estuvimos una noche en esa casa». 
El encuentro con su vecina la ayudó a terminar de armar el rompecabezas de su vida. Le contó que esa mañana los fue a buscar un policía con una asistente social y que Josefina se acordó de que tenía el nombre de su abuelo anotado en un cuaderno. Así dieron con Polo Cazalás, un sodero tresarroyense que había pasado un mes detenido ilegalmente mientras buscaban a su hija. 
Perseguidos 
Tras la detención de su padre, la búsqueda de su madre Vibel, que permaneció escondida con sus hijos y una identidad falsa, afectó directamente a toda la familia. «Entre que se llevan a mi papá y a mi mamá, secuestraron a mi abuelo Polo, a mi abuela Tecla y a mi tío Palito. Hubo un operativo a nivel provincial persiguiendo a mi familia».
Hoy Josefina es madre de Amanda, de 10 años, y Lorenzo, de 8, que de a poco van entendiendo la historia de su mamá. «Un día volví llorando del trabajo y Amanda se me acercó y me dijo, ‘mamá, ¿por qué llorás, si los militares están presos?’. A ellos les inquieta no saber dónde están sus abuelos. Me preguntan cómo es que no sé dónde están enterrados. Un día me planteó que vayamos y le preguntemos a los militares. Ellos te hacen las preguntas que uno no se anima a hacerse». 
Esos años de persecución y miedo cambiaron la vida de su familia para siempre, pero Josefina no permite que esos fantasmas la sigan persiguiendo. «Mi abuela cantaba tangos pero después de todo eso dejó de hacerlo. Yo canto mucho. Prefiero enfrentarlo con la alegría. Ir para adelante con la alegría». 
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