Una mujer de ley
:format(webp):quality(75)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/fotos/2017/12/23/lvp.escuju%207.jpg)
Por Valentina Pereyra
“No sé cómo a mi papá se le ocurrió que tenía que ser policía”, dice en voz alta María Escujuri mientras la charla fluía amistosamente y relajada. La mujer que ingresa a LA VOZ DEL PUEBLO es “pequeña” como dice ella y aunque está de civil trae su ropa de policía porque es ambas, es María la mamá, la abuela, la amiga, y es María la policía, la jefa, la abogada.
Su trabajo de servidora pública se conjuga con el de ama de casa, con el de madre ocupada y con el de abuela, que pasea a León por el supermercado subido a un carrito eligiendo lo más rico para él -que es el amor de su vida-.
La María que entra a este diario es la orgullosa mamá de Agustina y de Marcos -que acaba de recibirse en la Escuela Juan Vucetich- es la amiga fiel y la mujer sensible que se conmueve cuando se acuerda de su paso por Claromecó o cuando su abuela Teresa se gana un lugar en el relato.
María nació en la zona cerca de San Mayol y su familia la completan cuatro hermanas y un hermano que viven en la ciudad. Su escolaridad empezó en la Escuela N° 10 de San Mayol, localidad en la que vivió hasta los ocho años. Cuando llegó a Tres Arroyos asistió a la Escuela N° 8 desde tercer grado a cuarto, para luego finalizar la primaria en la Escuela N° 24.
El secundario lo hizo en el turno de la tarde, cursó en el ex Colegio Nacional la orientación comercial y fue en las aulas de esa institución el lugar donde María comenzó a poner en palabras su deseo de ser policía.
La vocación
En la familia de María no había nadie que fuera policía. “A los 14 años era muy menudita, siempre fui la más chica, en la primaria y secundaria”, recuerda como preámbulo al relato que cuenta acerca de su decisión. Cuando estaba cursando tercer año había mantenido en su casa una charla informal con su papá y su abuela Teresa y fue en aquel momento que “se tiró la idea de que fuera policía o hiciera una carrera militar. Me preguntó mi papá si se me había ocurrido hacer una carrera en la Policía, no sé… Se le ocurrió a él”.
María hace un gesto indicando su contextura física, mostrando con las manos lo que las palabras aclaran “yo medía 1,20, entonces creo que tal vez vio algo en mi carácter… Pero a mí esa idea me quedó dando vueltas en la cabeza”, cuenta. A los 15 años, durante una clase, una profesora del ex Colegio Nacional les preguntó a sus alumnos, entre los que se encontraba María, qué estudiarían o qué harían al finalizar la secundaria.
Uno a uno fueron ensayando profesiones, oficios y cuando llegó su turno dijo: “Yo voy a ser policía”, ante el estupor de sus compañeros que “se quedaron mirándome ahí, y en el recreo me decían: ¿cómo vas a ser policía? Te van a pegar, sos muy chiquita. Y se me tiraron todos en contra”.
María corta por unos segundos el relato, levanta la vista, y lanza “para una mujer vasca que le digan que algo era imposible fue suficiente”. En ese momento ya había decidido ser policía. “Es más, a los 16 años ya me quería ir porque en esa época se podía empezar a esa edad y terminar el secundario en la Escuela de Policía”.
Con la firme convicción de que quería servir desde ese lugar, cuidando, protegiendo, ayudando, en quinto año de la escuela secundaria empezó a prepararse para rendir el examen de ingreso en la Policía. Así fue que un día partió para La Plata y rindió un buen examen de ingreso: a los 18 años se ganó un lugar en la Escuela de Policía Juan Vucetich.
En aquella época se estudiaban dos años completos y se hacía directamente la carrera de oficiales. “Me recibí con el segundo mejor promedio y enseguida me vine a trabajar a Tres Arroyos, tenía 20 años”.
El servicio
Recién llegada a nuestra ciudad, con los ideales bien arriba y los estudios frescos, María empieza a trabajar en la Comisaría Primera, luego pasaría por varias dependencias, ascendiendo, progresando.
También cumplió funciones en Mar del Plata y en La Plata, hasta que volvió a Tres Arroyos y “no me fui más del distrito, estuve de nuevo en la Primera, luego en la DDI a los 28 años, trabajé con Lilian Monte varios años -que ahora es la secretaria de Seguridad de Chaves- y es mi amiga del alma. Cuando se creó la Policía Comunal me llamaron los intendentes para pedirme que fuera a trabajar en judiciales, así que pasé a la Comunal, donde estuve dos años y me fui a Claromecó”.
María cuenta todo con una sonrisa, lo hace en voz baja, suave, contemplando de vez en cuando un horizonte imaginario en el que seguramente se representan una tras otra las imágenes que van circulando por la sala en la que se realiza la entrevista.
Pero cuando llega el momento de Claromecó, María se quiebra, las lágrimas salen apuradas y aunque las trata de atajar como puede -cuidando de no perder la compostura- saltan y corren por la mejilla. “Estuve dos años como jefa de la comisaría de la localidad, tenía 35 años, y el balneario nunca había tenido una comisaria mujer. Fueron dos años maravillosos de mi carrera y tengo un recuerdo muy lindo de la gente de allá, de las instituciones”.
Su carrera venía en ascenso, pero hasta que llegó a Claromecó siempre había estado subordinada a un superior, pero de pronto pasó a ser jefa.
“Tenía personal a cargo y debía organizar todo, un trabajo totalmente distinto, muchas responsabilidades, me queda un recuerdo hermosos de la gente de Claromecó y me fui bien, pero tuve que volver a Tres Arroyos porque se había terminado mi etapa en la localidad”, manifiesta.
Estudiar, la motivación
Mientras vivió en Claromecó retomó sus estudios, hizo una Tecnicatura en Seguridad Pública, fue cuando descubrió “lo lindo que es estudiar y me encantó hacer esa tecnicatura, entonces pensé que podía seguir estudiando”.
De regreso a Tres Arroyos -uno o dos años después- mientras fue secretaria de la Jefatura Departamental empezó a averiguar por la carrera de abogacía en diferentes instituciones para analizar en cuál de todas podría completar sus estudios.
“Tenía mis dos hijos grandes y la posibilidad económica, el tiempo -porque estaba haciendo una tarea que no era operativa- que me permitía estudiar”. Así es que comenzó a estudiar y mientras estaba abocada a la abogacía se inaugura en Tres Arroyos la Comisaría de la Mujer.
Un nuevo desafío para María que comienza en la nueva institución como jefa de esa dependencia. Allí estuvo más de un año, hasta que pidió el traslado a la Departamental. Estando como jefa de turno -porque ya había ascendido- surge la oportunidad de ir a la ciudad de Chaves como jefa de la Policía Comunal. María aceptó con mucho agrado: “Estando allá me recibí de abogada”.
La carrera la realizó en cinco años y se recibió con honores. “Nunca di mal una materia”, dice orgullosa. La nueva carrera la aplica dando clases en el Centro de Reentrenamiento y está a cargo de comisiones de 20 ó 30 efectivos policiales.
“Con la mayoría he trabajado, de algunos soy la jefa por un lado y por el otro les doy la materia de Marco Legal aplicada a la función policial y Derechos Humanos. La idea es informar el marco legal en el que el policía debe trabajar y no excederlo”, explica la jefa de la Policía Comunal de Chaves.
La familia
María presenta a su familia, cambia el tono de su voz cuando habla de ellos, no oculta el orgullo que siente por sus hijos y el amor por su nieto, hermanas, sobrinos y por su abuela Teresa, que la dejó cuando tenía 94 años, pero ella la tiene siempre bien cerca de su corazón.
Agustina es la mayor y tiene 26 años, Marcos tiene 22 y León -su nieto- tiene 3 años y medio. “Me recibí de policía y a los dos meses quedé embarazada de Agustina, luego vino Marcos y a los 25 años estaba sola con los dos nenes. Fue muy difícil desde lo económico y coordinar el trabajo con la crianza y dónde se quedaban cuando yo trabajaba, o cuando trabajaba de noche”, reflexionó María.
En marzo María cumplirá 29 años de servicio y en cuatro más se podrá retirar, cuando lo haga su mayor proyección será estar con su familia, especialmente con su nieto León
Pero como es una mujer fuerte y sabe de sacrificios, también es agradecida: “Por suerte encontré chicas muy buenas que trabajaron conmigo y me ayudaron a criar a mis hijos, y el pilar fundamental en la crianza de ellos fue mi abuela, que falleció a los 94 años. Se llamaba Teresa Otto, estuvo mucho conmigo desde muy chiquita y viví con ella y mis hijos, aprendí valores, formas de vida, fue quien me apuntaló para estudiar”, expresa.
Y no se guarda ni un solo calificativo, ni un solo cumplido afectuoso cuando habla de Teresa: “Era una mujer muy fuerte, una holandesa muy dura que se ablandó con mis hijos, muy seria, no era demostrativa, sin embargo con mis hijos sí lo era, la ablandaron”.
María siente que pudo hacerse de muchas cosas de su abuela, “un poco mi forma de ser, las chicas jóvenes me toman de referente o a lo que se puede llegar. Les hablo como mamá, como compañera”.
Lo que viene
“Es muy difícil ser una mujer policía, trabajamos de noche, salimos a cualquier hora, no tenemos horario para volver, no es una tarea muy común”, expresa. En marzo María cumplirá 29 años de servicio “una vida”, dentro de la fuerza y en cuatro más se podrá retirar, cuando lo haga su mayor proyección será estar con León “mi nieto, mi familia, mis hermanas, estar con mis hijos lo que no pude disfrutar por mi trabajo y con mis sobrinos que los amo”.
Dejó para el final algo que comparte con enorme amor, “ser abuela es algo que sólo puede entender el que es abuelo”. Lo singular se convierte en lo normal, “si a las 9 de la mañana León me pide fideos con queso salgo corriendo a hacerlos, pero cuando mis hijos eran chicos si hubieran pedido esa barbaridad, los hubiese puesto en penitencia”, expresa soltando una carcajada.
Su pequeño cuerpo no se condice con su enorme humanidad, María la jefa de la Policía, es la amiga, la que hace los mandados, juega con León, abraza a Marcos y a Agustina. El uniforme en lo m*s alto, así como sus valores… Al final, su papá tuvo razón.
“Se puede ser un buen policía”
“Es tan fácil llevar una conducta adecuada y tener el sentido común para saber que en la función hay cosas que no podemos hacer, y que tenemos cosas prohibidas no sólo por ley, sino por el comportamiento que hay que tener cuando estamos fuera de servicio”, dice María sobre su labor como policía.
Y agrega: “El ‘qué dirán’ en los policías sí tiene que importar porque somos funcionarios públicos las 24 horas, no somos funcionarios políticos que después que termina nuestro mandato volvemos a alguna actividad privada o comercial”. María tiene claro que “desde que nos recibimos hasta que nos morimos seguimos siendo policías. Aun retirados nos pueden convocar para volver a trabajar, aunque te retires, la gente te sigue diciendo ‘policía'”.
Para ella “la conducta adentro y afuera del ámbito laboral hay que mantenerla desde que empezás a ser policía hasta el final”, afirma sin dudas ni inflexiones. Ella sabe de luchas y de trabajo por eso no pierde el tiempo en lo que no vale la pena y aporta su experiencia y conocimientos, “creo que el mensaje que trato de dar es que nunca bajen los brazos, que se puede estar sola con hijos y seguir adelante, se puede ser un buen policía y creo que lo soy. No he tenido nunca problemas, ni me los he buscado, siempre trato de hacer una carrera muy prolija”, expresa algo que todos le reconocen y está a la vista.
Cuenta que sus hijos “nunca se avergonzaron de mí, nunca les di motivos y enaltecí la profesión”, manifiesta orgullosa y enfática. “Siempre les hablé a mis hijos bien de la policía y nunca les permití que hablaran mal, vieron que es una carrera de sacrificio y muy ingrata porque la gente a la que atendemos está triste o le pasó algo malo o tiene un problema y algunas veces podemos solucionar y otras no”, explica María los valores que les trasmitió a Agustina y a Marcos, lo mismo que a todos sus compañeros y amigos.
