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Anularon la sentencia del sommelier Luciano Sosto

El primero en saludar a Luciano Sosto (39) fue su papá. Ambos se dieron un abrazo emotivo, de varios segundos. Luego fue el turno de familiares y amigos que se habían acercado a la Superintendencia de Investigaciones Federales para ser testigos de una escena que soñaban desde hace tiempo: ver libre al sommelier, condenado a perpetua en 2015 por el crimen de su mamá. 

«Fue un compendio de errores de la Justicia, desde el inicio todo fue un terrible error que perjudicó a toda mi familia», afirmó Carlos, papá de Sosto, horas después de que su hijo fuera absuelto por la Cámara de Casación y recuperara su libertad. El padre del sommelier, también empresario gastronómico, dijo TN que era «absolutamente imposible» que su hijo «le haga algo a la madre» y aseguró que estos cuatro años fueron un «calvario». 
«Lo único que hizo mi hijo fue visitar a la madre en un momento en que no había luz en el edificio y se la encontró en esa situación», indicó Sosto. 
Respecto del crimen de Estela Garcilazo (69), su ex esposa, expresó que «ya pasó» y que «la Justicia no se encargó en su momento» de dilucidar las circunstancias del hecho, por lo que resaltó tener la «inmensa alegría» por la libertad de su hijo. 
«Intenté querellar y no me dejaron pero saludo que la Justicia esté por encima de las personas que juzgaron a mi hijo injustamente hoy le tuvieron que dar la libertad», expresó Sosto padre. 
Por último, el hombre se refirió a la difícil situación que tuvo que atravesar su hijo: «Tiene casi cuarenta años, de los cuales pasó casi cuatro en la cárcel sin saber por qué». 
El fallo absolutorio fue dictado ayer por la Sala I de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional, con las firmas de Luis García, María Laura Garrigós de Rébori y Horacio Días. 
Los magistrados decidieron anular la sentencia dictada por el Tribunal Oral 8 y, en voto dividido, se inclinaron por no ordenar un nuevo juicio. La decisión, argumentada en más de 100 páginas por el juez García, tuvo dos ejes centrales.

La discusión sobre el abuso 
Estela Garcilazo (69) fue asesinada el 26 de diciembre de 2016 en su departamento, en el barrio porteño de Palermo. Su hijo Luciano, un reconocido empresario gastronómico que vivía en el mismo edificio, dijo que la encontró tirada en el piso y llamó a la emergencia para pedir ayuda. Pero a los investigadores nunca les cerró su relato.
Incluso aseguraron que la llamada había sido una estrategia para ocultar el homicidio, ya que para ese momento la mujer ya estaba muerta. Sosto fue detenido días después del homicidio y llegó a juicio acusado no sólo de homicidio sino también de abuso sexual. Esa imputación se basaba en el hallazgo de «fosfatasa ácida prostática», una proteína del semen, en la vagina de la víctima. 
Las muestras no permitieron detectar espermatozoides ni obtener un perfil de ADN. Ante la falta de una evidencia concreta, en los alegatos finales la fiscal Diana Goral desechó la acusación por la violación. Los jueces consideraron que no estaba probado el abuso pero que sí tenían elementos para condenar a Sosto por homicidio. 
Esa decisión fue uno de los pilares de la apelación presentada ante la Cámara por la defensa del sommelier. Sus abogados plantearon que el veredicto era contradictorio, ya que la violación y el abuso eran dos hechos vinculados. 
Para los jueces de la Cámara, la decisión de descartar el abuso sexual partió de un argumento errado. «(el tribunal confundió imposibilidad de identificar al individuo del que provino el semen, por insuficiencia del material para revelar ADN, con la cuestión acerca de si el material biológico provenía de un agente masculino». 
En esa misma línea, el camarista García consideró que al momento de seleccionar las explicaciones de los especialistas, los magistrados utilizaron una «elección arbitraria y dirigida a despejar la hipótesis de que la mujer hubiese tenido una relación carnal reciente». 
El mismo juez, remató: «Se negó la existencia de un abuso sin abordar la tesis de la defensa de que una relación consentida de la mujer era improbable a la la luz de sus circunstancias personales, y porque incurrió en un reduccionismo de confundir abuso sexual con rastros de violencia específica en las áreas genitales, quitando relevancia a otros rastros de violencia develados en la autopsia».  
Los últimos pasos de la víctima 
Para los jueces del TOC 8, Sosto fue el único que pudo ingresar a la casa de su mamá para cometer el crimen. En el lugar no había puertas forzadas ni signos de violencia. Sin embargo, la defensa planteó otra hipótesis: que la mujer haya salido de su departamento, deambulado por la calle y sido atacada por una persona que entró con ella a la casa. 
Esa teoría se basó en la presencia de «mugre» observada por la médica legista en los pies de la víctima. La hipótesis, según la Cámara, no fue tenida en cuenta durante el juicio oral. «Por la regla lógica del ‘tercero excluido’ era imperativo, en las circunstancias del caso que el tribunal tratase exhaustivamente la tesis de que no fue el imputado, sino un tercero el que acometió a la mujer, y ello, nuevamente exigía examinar si la mujer pudo haber salido de su morada antes de ser acometida, y haberle franqueado la puerta a un tercero». 
En el cierre del fallo, García resume su postura, compartida por los otros dos integrantes dela Sala I: «Las arbitrariedades constatadas conducen ineludiblemente a la nulidad de la sentencia». (Clarín.com)
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