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LUNES 15.07.2024
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La lección de Jenny, Marcelo y Juan

Por Valentina Pereyra 


«Estamos orgullosos de haber llegado hasta acá, pero ahora necesitamos descansar un poco». Así piensan Marcelo Pereyra, Jennifer Duarte y Juan Guevara, quienes finalizaron sus estudios en la Escuela Secundaria de Educación Artística que funciona en la ex Virgen de la Carreta. «Todas las maestras dicen lo mismo», sonrió Marcelo mientras se tomaban las fotos. 
La charla continuaba más informal y LA VOZ DEL PUEBLO les recomendaba seguir estudiando y pensar en hacer una carrera. Tienen 18 años y la vida los ha golpeado de distintas maneras. A Jennifer y Juan sus enfermedades los «agarraron desprevenidos», como dijo su directora Marcela Brajovich. Marcelo convive con la suya desde que nació.
Se los ve contentos, conversadores, ¡hasta Juan charló bastante! Aunque al principio hubiera preferido que Marcela fuera su vocera. Jennifer estaba bien al tanto de todo lo que pasó en el aula y de la dinámica de clases, entonces ante algún olvido o duda de Marcelo, ella corría a socorrerlo amorosamente. 
El calor agobiante y la aridez del paisaje que se dejaba ver a través de las ventanas de la sala de arte de la Escuela, adentro se transformaba en calidez y fructíferas experiencias. Jennifer fue la que más se conmovió, sus hermosos ojos verdes se humedecieron en varios tramos del relato, Marcelo mostró su sonrisa -por ahí nerviosa, por ahí graciosa- durante el tiempo de la entrevista y Juan, más tímido, no dudó en participar y en compartir todo lo que había aprendido. 
«Antes no se me entendía nada lo que decía», admitió; sin embargo, durante la charla con LA VOZ DEL PUEBLO sus palabras fluyeron. Los tres están conectados por sus dolores y por sus éxitos, a los tres todo les costó mucho y se emocionan cuando sienten que lo lograron. 

Marcelo Pereyra

La carrera hasta la cima fue agotadora, el cansancio mucho y por eso necesitan sentarse un rato, relajarse y tomar el tiempo necesario, no para bajar, sino para seguir subiendo. Sentados alrededor de una de las mesas redondas de la sala de artística, Marcela, Juan, Jennifer y Marcelo se dispusieron a compartir la experiencia de vivir con dolor y vivir con amor. 
Rodeados de pinturas, esculturas, con algunos papeles todavía dando vueltas por otras mesas y por el piso, en su lugar, en el mismo espacio en el que compartieron sus vidas, los tres jóvenes y su directora se acomodaron para contar sus experiencias. Marcelo no se escondió detrás de sus lentes negros, al contrario, se mostró auténtico y siempre sonriente, casi pícaro. 
No es impedimento 
Marcelo Pereyra terminó sexto año, vive a pocos metros de la institución. «No me salvo de la escuela», bromeó, «vengo desde el Jardín hasta que terminé, la pasé bien los últimos años con mis compañeros y con las maestras», señaló. Desde su nacimiento padece problemas visuales, fotofobia, daltonismo y es corto de vista. «No veo de lejos, tengo disminución visual, veo directamente blanco y negro», observó. 
Antes de continuar, explicó que «los anteojos los uso para que no me afecte mucho la luz y poder manejarme en la calle. Me cuesta igual aunque tenga los lentes, pero en general me muevo acompañado». Marcelo es un alumno integrado con la Escuela Especial N° 502.
Por esta razón, trabajó en el aula con una maestra integradora que lo ayudó con los trabajos escritos; «uso hoja amarilla, escribo normalmente pero en hoja amarilla y lapicera negra»; los textos escolares se adaptaron o se grabaron para que pueda estudiar. 
«No me llevé materias. Trabajé en clase y en algunas materias no entregué todos los trabajos (risas) pero me arreglé bien», confesó. Para superar las dificultades visuales de Marcelo sus maestras le contaban qué colores tenía frente a él. 
La situación de clase la describió Jeniffer, quien explicó: «La maestra le ponía con un lápiz en hojas amarillas de qué color eran y él los leía y con imaginación pintaba». 
«La claridad me generó dificultad y me ayudaron todos, los maestros, -continuó Marcelo- los compañeros, mi mamá, mi familia» 
En cuanto a su futuro, dijo que «en una parte quiero seguir estudiando y en una parte no. Iba a cursar técnico en computación pero todavía no fui (a inscribirse), estaba en dudas si ir o no, porque por ahí lo puedo hacer el año que viene o el próximo y creo me va a costar por el tema que tengo de visión. En el teclado las letras son grandes y no me cuesta, pero no estoy seguro», manifestó. Entonces Jeniffer, agregó: «Quiere descansar». 
La explicación la pone sobre la mesa Marcela. «El siempre estuvo en la escuela y de alguna manera hay una contención, pero salir de acá lo hace pensar un poco. Eso algunas veces es positivo y por ahí otras no tanto».
Entonces Marcelo interrumpió para explicar que «cuando hice un curso en CGT y me acompañó la maestra, lo terminé. Me gusta también ser mecánico, nunca probé pero he visto videos, más las computadoras que traen ahora esos autos «.   

Jennifer Duarte

No se rindió 
«Vengo desde primer año de la secundaria, vivo en el barrio de Huracán, fui a la Escuela N° 16 desde primer grado y me cambié cuando terminé la primaria», relató Jennifer. Tiene fibrosis quística pulmonar. 
«Tengo problemas en los pulmones, lo que me afecta en lo respiratorio obviamente. Me atiendo en Bahía Blanca y me hago nebulizaciones con medicación continuamente y a veces internaciones, depende cómo esté mi salud. Lo mío es crónico, sé que tengo que convivir con eso», indicó. 
Jennifer comenzó este año con medicación por vena y aunque confesó que no le gusta el arte, sostuvo que «la escuela me distrae. Por eso hice todo con esfuerzo, estudié mucho, mi familia me ayudaba». 
Jennifer no puede contener el llanto, sus hermosos ojos se humedecen y la emoción le corta el discurso. Entonces Marcela salió al rescate; «en pleno invierno a veces las condiciones del clima afectaban su escolaridad, a principio de año debería haberse quedado en Bahía y no quiso para no perder clases y pidió venir a Tres Arroyos. Así es que hizo el tratamiento ambulatorio, pasaba seis o siete horas en el Hospital con medicación intravenosa, fue una temporada que no estuvo viniendo a la escuela pero es tan trabajadora, tan estudiosa que igual lo superó». 
Cuando Marcela vio que se recuperaba, hizo una pausa que dio lugar a que Jennifer volviera a encauzar su relato. «Hace cinco años me lo diagnosticaron, andaba con mucha tos y mucho moco y ésos fueron los síntomas», recordó. 
Parece tener bien claro su futuro. «No quiero seguir estudiando, quiero trabajar. No tengo pensado en qué. En el test que iba a hacer en el CRESTA me arrepentí y no seguí porque estaba con las pruebas integradoras y me daban mucho trabajo. Terminé muy cansada, pero no me dan ganas de estudiar». 
Entonces regresó a la conversación Marcela y sostuvo que «para ellos llegar hasta acá fue mucho esfuerzo». 
Recuperación 
Juan asiste a la misma escuela desde el Jardín «Empecé a concurrir cuando tenía tres años. Vivía acá a la vuelta, ahora estoy un poco más lejos, en el camino de cintura, pero igual es cerca y me venía caminando a la escuela», contó.

Juan Guevara

Promediando quinto año empezó a sentir dolores de oído, de cabeza y cerca de las vacaciones de invierno -después de varios estudios- le detectaron un tumor en la cabeza. Lo que siguió fue muy duro para él. Tres operaciones en Bahía Blanca y otras dos más para colocar una válvula que tiene que llevar de por vida fue el proceso por el que viene atravesando desde hace un año y medio. 
Juan dijo, asomándose por la gorra visera que le tapaba casi hasta la mitad de su rostro, que «por ahora me siento bien». 
En los últimos días de este mes debía viajar a Bahía Blanca y regresar nuevamente en marzo por los controles de salud. «La última resonancia dio muy bien -agregó Marcela- y no necesita el otro bloque de quimioterapia, terminó hace poco los cuatro meses de tratamiento «. 
Juan sonrió y explicó que «me daban pocas tareas y algo fáciles». Ante este reconocimiento Marcela señaló que «es excelente alumno». 
Le gustan los motores y por eso trabaja con su papá en el taller mecánico. «Me gustaría estudiar técnico en computación de autos; trabajo con mi viejo como mecánico y me gusta meter mano ahí y me animo a estudiar algo de eso. De vez en cuando voy a cortar leña, lo que también me gusta», afirmó. 
Tuvo que aprender todo de nuevo, las operaciones lo dejaron sin habla y sin movilidad. Por eso, para poder avanzar en sus tareas escolares lo ayudó una maestra domiciliaria. 
Del futuro manifestó que «todavía no camino bien y me quiero recuperar para empezar a estudiar». 
Nuevamente es Marcela quien acomodó las palabras para que se entendiera mejor la idea. Juan quiere trabajar, Marcelo quiere trabajar y Jennifer también. Todos se largaron a reír. 

Marcela Brajovich, directora de la institución

Lo que sintieron 
El recuerdo del día que egresaron del nivel secundario está fresco, presente, tanto que los chicos y Marcela vuelven a emocionarse. Jennifer fue la primera en expresarlo: «sentí orgullo, con todas las trabas que tuve logré terminar». 
Entonces el llanto vuelve a conmoverla. Marcelo juntó coraje ante las lágrimas de su compañera. «Digo lo mismo, logré terminarlo», señaló con énfasis. Juan estaba sentado, un poco más retirado de la mesa. Cuando terminó de escuchar a sus compañeros, levantó la cabeza, sonrió y dijo agradecido que «también sentí orgullo, no me cuesta mucho porque me ayudan mucho las maestras». 
Necesitó mucha ayuda en su casa porque tuvo que empezar a hablar de nuevo y a caminar. Pero nada lo amedrentó ni a él ni a su familia, la lucha no había terminado con las operaciones, hubo otra batalla la que Juan libró en ALPI, institución a la que asistió para recuperar el habla; «cuando lo iba logrando, ya era otra cosa», expresó sobre la recuperación. 
Los tres asistieron a clase, Jennifer y Juan más irregularmente y con apoyo de los docentes y la maestra domiciliaria nunca perdieron contenidos. Se veían poco, pero «nos queremos como amigos y nos ayudamos. Los profes nos han ayudado un montón». 
Con la cara marcada por el llanto, pero repuesta y con una gran sonrisa, Jennifer dejó su mensaje, «todo se puede», entonces Juan replicó «para mí también, se puede aprender todo de nuevo». Marcelo, algo más locuaz, le puso broche a la conversación, «todo lo que se propone uno lo puede hacer aunque tengas una discapacidad». 
Al mirarlos no quedan dudas que las palabras de Jennifer, Juan y Marcelo son una realidad que se manifiesta en sus propias experiencias de vida. 
Son alegres y están orgullosos porque el camino que transitan no los dejó débiles, todo lo contrario, los hizo fuertes. La vida les enseñó mucho, a veces de una manera muy dura. 
Solo mirarlos enseña, en eso tiene mucha razón la directora Marcela. La mejor manera de terminar el año… 
Juntos, alegres y sin dudas, felices. 

Juan Guevara, Marcelo Pereyra y Jennifer Duarte, junto a la directora Marcela Brajovich

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