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      Marina hace Patria

      17 de febrero de 2018 | 17:37
      Marina hace Patria
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      Marina Lovaisa es trabajadora social en el área operativa de alta montaña, desempeña su función en ocho comunidades indígenas a las que visita luego de recorrer trayectos a caballo entre cinco a nueve horas, según el lugar. 

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      “No conocía el mar, es la primera vez que lo vi, en principio cuando me iba a meter sentí miedo, pero me encantó, es como otro mundo”, cuenta Marina a LA VOZ DEL PUEBLO. 

      Su trabajo es difícil y muy comprometido, “me encanta”, afirma la joven tucumana. No hay dudas de ello, especialmente cuando habla de la realidad que comparte con las comunidades diaguitas a las que asiste junto al equipo de profesionales del programa sanitario de alta montaña de la provincia de Tucumán. 

      Las casas de los poblados son de barro, techos de paja y no están cerca unas de otras, para llegar a la escuela los niños deben recorrer largas distancias y los maestros van a caballo, algunos se quedan todo el mes, otros durante la semana y al finalizar las jornadas escolares “bajan” del cerro. 

      “No conocía el mar, es la primera vez que lo vi. En principio, cuando me iba a meter, sentí miedo. Pero me encantó, es como otro mundo” 

      Hasta esas comunidades va quincenalmente Marina para hacer un trabajo preventivo coordinado con la escuela y brindar la asistencia necesaria para cada uno de los más de 250 pobladores de cada lugar. 
      “Por eso quiero que los chicos de la comunidad de Anfama puedan vivir lo mismo que yo y puedan sentir lo mismo que yo. Son 40 chicos, queremos que vengan los que egresan del secundario, es un traslado complicado, desde Claromecó nos han brindado todo el apoyo, del delegado, de la colonia de vacaciones, hemos estado en dos programas de radio y queremos hacerlo como viaje de fin de año”, destaca Marina al referirse al proyecto de realizar un viaje de intercambio entre los alumnos del Secundario de Claromecó y los de Anfama.

      A caballo 
      Marina, el médico y el odontólogo van a caballo, guiados por un baqueano lugareño, a diferentes comunidades de alta montaña del área oeste de Tucumán, llegan hasta Anfama, Mala-Mala, San José de Chaquivil, Chaquivil, Ñorco, Anca Juli, Nogalito y Lara, comunidades que están entre los 1800 y los 4000 metros de altura. 
      En cada una de las comunidades diaguitas Marina -junto al médico- realizan la promoción y prevención de la salud, “dicto charlas, hago gestión de pacientes, saco turnos y cuando están en la ciudad los acompaño en diferentes trámites”, relata algo de su tarea. 
      Las comunidades son diferentes, “en Anfama -por ejemplo- son 286 habitantes y viven en casas de barro, con piso de tierra y techo de paja en grupos familiares, por lo general dos o tres casas reunidas donde viven los parientes. La economía es la cría de animales y el cultivo, se autosustentan y los que tienen alguna pensión o jubilación bajan cada mes a comprar suministros”, explica la trabajadora social. 
      Marina trabaja coordinadamente con la escuela, “dictamos charlas a padres por un lado, docentes por otro, alumnos por separado, sobre los temas que más nos preocupan”. 

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      El recorrido desde el área operativa -que queda en la ciudad – hasta Anfama empieza en una camioneta 4×4 que llega hasta el Siambón, cercano a la comunidad diaguita. 
      En ese lugar los esperan los caballos y desde allí de cinco a nueve horas sobre ellos, según la distancia a la que esté la comunidad. “Nos quedamos tres días en cada una y hacemos lo que podemos, incluso a veces nos tocan emergencias y después nos volvemos. Subimos los miércoles y bajamos los viernes cada quince días, todo a caballo. El médico y el odontólogo suben muchos elementos en el carguero, además en cada operativo se sube la heladera con vacunas para todas las edades”, explica Marina. 

      En el Centro de Atención Primaria de la Salud de la comunidad hay enfermero permanente que vive en el lugar y agentes socio-sanitarios que se quedan también en la localidad, “son con quienes nos comunicamos por radio el resto del tiempo. Ante una emergencia muy grave o embarazo de riesgo, si hay sol subimos en helicóptero y sino programamos un operativo extra y subimos”.   
      ¡Me encanta! 
      “Hace ocho años que hago esto y me encanta aunque te separás de tu familia por ese tiempo y además cuando volvés traés la problemática de cada casa, porque también hago visitas domiciliarias y es complicado ver la realidad de cada uno”, relata Marina, que vive con sus padres y hermano, quienes la apoyan en todo su trabajo. 

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      En cuanto a esa experiencia mano a mano con los diaguitas, Marina relata que “las comunidades deciden, eligen seguir con sus tradiciones y hacemos el trabajo acomodándonos a sus realidades”. 
      Tienen, además de la Fiesta de la Pachamama, muchas otras como cuando marcan los animales, aunque están “contaminados” o “contagiados” por la ciudad y no son muchas las tradiciones que conservan. 
      Crían animales, ovejas, vacas, caballos y cultivan. Algunos tienen sus huertas a 1800 metros como en Anfama. Pero en Lara que está a casi 4 mil metros la gente vive ahí en verano y luego se trasladan a comunidades más bajas porque en invierno es muy frío”, describe. 
      Son comunidades diaguitas que se organizan y conforman con los habitantes y un cacique que es elegido por votación de manera democrática, algunos hablan quechua, “pero son los menos”.  
      Promover la salud 
      Marina analiza los indicadores de salud por los que se considera a las personas en el límite de pobreza o por debajo de él. 
      Cree que al ser universales todas las familias de alta montaña ingresan en el parámetro dentro de la línea de la pobreza, y que realmente los indicadores no están adaptados a esa realidad, porque “si los cuento- son trece- les hago a todos una crucecita, por eso deberíamos hacer nuevos indicadores para esas familias de ese contexto, para no considerarlos dentro de esa línea”, subraya. 
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