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Estrechar lazos

Luis Tártara, vecino de Claromecó, forma parte de un grupo de Caminantes, con el que recorrieron varios lugares de nuestro país. 

Pero un día, en el trayecto de 90 kilómetros desde Yerba Buena a Tafí del Valle, en Tucumán, el grupo de caminantes llegó después de cuatro días de trayecto a Anfama, un pueblo de alta montaña. 
En el lugar, la primera que salió a recibirlos fue Marina Lovaisa, trabajadora social a cargo del Programa del Sistema Provincial de Salud en el área operativa de alta montaña. 
Allí conocieron al médico del Centro de Asistencia Prevención y Salud (CAPS) y a pesar de que en ese viaje siguieron camino al día siguiente, quedaron en contacto con Marina quien sería su nexo con la comunidad. 
Luis y Patricia Tártara regresaron a Anfama y del contacto con el cacique y la gente del pueblo surgió una idea que va cobrando cada vez más forma y se siente bien cerquita su realización: traer chicos de Anfama a conocer Claromecó y hacer lo mismo con los chicos de la localidad y llevarlos a la zona de alta montaña.
«Geográficamente dos lugares muy distintos, al igual que culturalmente, por lo que creemos que será una experiencia impactante», le dice Luis a LA VOZ DEL PUEBLO.

Luis y Patricia Tártara regresaron a Anfama y del contacto con el cacique y la gente del pueblo surgió una idea que va cobrando cada vez más forma y se siente bien cerquita su realización: traer chicos de Anfama a conocer Claromecó y hacer lo mismo con los chicos de la localidad y llevarlos a la zona de alta montaña.

Una idea
«Después de tener la idea hubo que sortear dificultades, pero siempre lo mantuve al tanto al delegado municipal, Carlos Avila, quien prestó todo su apoyo para concretar los viajes y la logística», explicó Tártara. 
La fecha programada es noviembre o diciembre, «organizaríamos como un viaje de egresados para los chicos, y después quedará llevar los chicos de Claromecó a Anfama». 
Luis reconoce que es un viaje muy difícil, que no se trata de una visita común o sencilla para quien quiera ir a ese pueblo tucumano porque hay que ir a Siambón -pueblo más cercano a Anfama- bordear el Río Grande, badenar caminando o a caballo y después empezar a subir». 
El entusiasmo fluye como la alegría de imaginar la experiencia: «El objetivo es estrechar los vínculos entre los pueblos, en uno de los viajes que hice con mi señora, el Museo de Claromecó le envió al cacique un libro con la historia de Claromecó, los Bomberos un banderín, un álbum, el libro de Germán Castro y Daniel Chedrese les mandó una pelota que fue lo que más apreciaron los chicos». 

Tártara describe Anfama: «El centro es la Escuela, el CAPS y la cancha de fútbol que es el lugar de reunión de la comunidad». 
Se trata de una localidad de alta montaña a la que se accede caminando, a caballo y haciendo trayectos de mucho tiempo. Los chicos, para poder ir a la escuela, para subir y bajar del cerro, tienen que caminar varias horas, porque hay casas alejadas a tres o cuatro horas del centro de Anfama y no siempre pueden asistir a caballo porque «no están en el garaje», como dice Marina, «hay que buscarlos porque están sueltos y libres, levantarse mucho antes para hacerlo, por eso no todos usan el caballo para llegar a la escuela todos los días», cuenta la trabajadora social de visita en Claromecó. 
El primer paso está dado, Luis tiene la esperanza que los niños de Anfama vivan la experiencia que por estos días tuvo su trabajadora social, ver la inmensidad del mar, perderse entre sus olas y conectarse con una naturaleza bien distinta a la que día a día viven a más de 1800 metros de altura.  
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