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Una historia escrita por pioneros

“Las condiciones para venir eran muy buenas y aseguraban trabajo. Entonces nos embarcamos, algunos para quedarse en la Argentina; otros, como yo, por tres meses, para conocer el país y trabajar en la cosecha», manifestó alguna vez Jacobo Groenenberg, uno de esos jóvenes holandeses que pisarían estas tierras en 1924 y se quedarían para siempre. 

La semilla la plantaron los jóvenes colonos holandeses que desembarcaron en Tres Arroyos y su zona de influencia en 1924, en lo que la historia reconoce como la segunda inmigración y que se sumarían a los arribados de los Países Bajos a partir de 1889. 
Apellidos como Groenenberg, Van der Horst, Van Strien, Veninga, Schering, Mulder, Verkuyl, Ouwerkerk fueron los pilares de la fundación de la Cooperativa Rural Limitada Alfa, entidad que hoy llega a su 80 aniversario y es conducida por varios de los descendientes de aquellos pioneros.

Un viaje de ida 
“Las condiciones para venir eran muy buenas y aseguraban trabajo. Entonces nos embarcamos, algunos para quedarse en la Argentina; otros, como yo, por tres meses, para conocer el país y trabajar en la cosecha», manifestó alguna vez Jacobo Groenenberg, uno de esos jóvenes holandeses que pisarían estas tierras en 1924 y se quedarían para siempre. 
Venía con otros de apellido Van der Horst, Van Strien, Veninga, Schering, Mulder, Verkuyl, Ouwerkerk. A todos ellos la historia los reconoce como los protagonistas de la segunda inmigración producida en la década del ‘20 y que se sumarían a los arribados de Holanda a partir de 1889, cuando muchas familias de los Países Bajos llegaron a nuestro país para probar suerte, atraídos por una campaña efectuada en Europa y para escapar de situaciones económicas difíciles, que incluían privaciones y carencias. .

35.000 

Las bolsas de arpillera que se compraron para levantar la cosecha de 1938. Fue el primer acto cooperativo de la Alfa 

Fueron justamente estas familias ya instaladas, como los Ziljstra y Olthoff en San Cayetano, las que les dieron trabajo en las chacras a los jóvenes recién desembarcados. Otros consiguieron asentarse en los campos de la familia Candia en Tres Arroyos. 
Eran épocas duras, por el contexto internacional: el mundo era testigo de la amenaza nazi sobre Europa -que generaría luego la Segunda Guerra Mundial- y de la Guerra Civil Española. Y también por el escenario local: en Argentina, con los potenciales compradores de granos inmersos en conflictos bélicos, no sólo se presumía complicado vender la producción sino que escaseaban insumos y combustible.

Una vista aérea de la planta de silos a principios de la década del ‘70

La gran crisis provocó la necesidad de gestar un emprendimiento solidario para que los integrantes de la colectividad holandesa pudieran contrarrestar tantas malas y soñar con el progreso. Así surgió la Cooperativa Rural Limitada Alfa, primero bautizada como Cooperativa Rural Limitada Excelsior (ver página 4), una institución que desde un comienzo trazó las líneas fundamentales de acción: ofrecer insumos a los asociados, ayuda mutua para solventar los imprevistos que pudieran surgir en el campo, y colonización. 
Eran motivaciones perdurables, que con el correr de los años se irían transformando, pero que marcaban la orientación y el sentido original de este emprendimiento. 
Por otra parte, cuando se formó la entidad, medio siglo después de la llegada de los primeros inmigrantes holandeses, ninguno de sus integrantes era propietario de campos. 
Ante esta instancia tuvo un papel protagónico el Instituto Autártico de la Provincia de Buenos Aires, que estaba ubicado en San Francisco de Bellocq y que un año antes de la fundación de la cooperativa creó las Colonias San Francisco y Claromecó en las 24.000 hectáreas que conformaban la estancia de Bellocq. Muchos holandeses, como los Van der Horst, Van Strien, Verkuyl, lograron hacerse así de su propio pedazo de tierra.
  

En la década del 20 muchos jóvenes holandeses llegaban a la Argentina para trabajar en la cosecha, varios fueron los que luego decidieron quedarse

Los comienzos 
El proyecto de estatuto de la novel cooperativa preveía, entre sus objetivos, la “venta de los productos de la economía de los asociados; adquirir por cuenta de la sociedad y distribuir entre los socios, artículos de consumo y de uso personal, maquinarias, herramientas, materiales de construcción, etcétera; distribuir créditos entre los asociados, destinados a la adquisición de elementos necesarios a la explotación agrícola; procurar el mejoramiento de la industria agropecuaria instituyendo concursos y premios, auspiciando la celebración de exposiciones, la creación de viveros y semilleros y organizar consorcios camineros; procurar la estandarización de los productos que negocie y buscar nuevos mercados y fomentar el espíritu de ayuda mutua entre los asociados en el orden económico y social”. 
Meses después de la fundación, los socios institucionalizaron mediante una nueva asamblea el sistema mutual contra riesgos por accidentes de trabajo (que había nacido antes que la propia cooperativa) y la cobertura por granizo, mediante la cual se indemnizaba a productores que sufrían daños en sus explotaciones por esa razón. 
Según consta en actas, el primer acto cooperativo fue la compra de 35.000 bolsas de arpillera para repartir entre los socios y así poder levantar la cosecha de 1939. No se conseguían bolsas y existía el riesgo de que quedara la cosecha tirada en el campo. 
La entidad comenzó a caminar con paso firme pese a las dificultades de la época y a tomar decisiones que la marcarían para el futuro. Como su pertenencia gremial a partir de su afiliación a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), hecho consumado en 1943 luego de la puja con el Gobierno por los precios fijados para la nueva cosecha a fines de 1942 -similares a la campaña anterior pese a la suba de los costos y de los insumos-. 
Fue en ese mismo 1943 que el Consejo de Administración decidió incorporar a los servicios de la entidad la sección Consumo, con venta de artículos de diversos tipos sólo para los socios, y a valores apenas un 10% por encima de su costo. 

La antigua fachada de la sede de la cooperativa en la tradicional esquina de Saavedra y Maipú

La nueva casa 
Tres años después, con un empréstito de los propios asociados, se comenzó con la construcción de la sede de Saavedra y Maipú, donde sigue funcionando la ALFA, que fue inaugurada el 4 de octubre de 1947. 
Ese mismo año, además, comenzaron a incorporarse los servicios técnicos, que tenían por objetivo favorecer el acceso de los productores a mayores conocimientos sobre la producción, a la compra de insumos y maquinarias, alentar nuevos cultivos e introducir técnicas que mejoraran la rentabilidad de sus explotaciones. 
En 1957, sobre Saavedra, se demolieron las antiguas instalaciones que se usaban como depósito, y se construyó un nuevo edificio para el mismo fin. 
El área de Agronomía y Veterinaria se instaló en Maipú 545, donde continúa funcionando.
En 1967 se puso en marcha la obra que a la larga se convertiría en uno de los mayores orgullos de los asociados: la planta de almacenaje ubicada en el kilómetro 130 de la ruta 228. 
Comenzó con una estructura de cuatro tubos y un entresilo, que podían albergar 1250 toneladas de capacidad total; en 1969 se amplió en 700 toneladas; años después llegaría a superar las 16.000. 
Con la gran cosecha de la campaña 1982/83 se inició la construcción de un galpón-celda para 12.000 toneladas, y para los 50 primeros años de vida de la entidad, la capacidad de acopio ya alcanzaba las 40.000 toneladas. 
Conforme a la evolución de los asociados y de la producción granaria, la planta siguió creciendo, hasta alcanzar su volumen de almacenaje actual, las 125.000 toneladas. Está en carpeta y con muchas posibilidades de concretarse en el segundo semestre de este año, una ampliación de 15.000 toneladas a partir de la construcción de dos silos de 7500 toneladas. 
Las instalaciones, además, cuentan con todos los adelantos tecnológicos en materia de mecanización y otros servicios vinculados al tratamiento de los granos. 
“La verdad, y lo digo siempre, nuestra generación encontró todo hecho. Todo lo que es la cooperativa hoy lo hicieron nuestros abuelos, que pusieron el lomo y la fundaron, y nuestros padres que la continuaron y agrandaron. A nosotros nos toca administrar lo realizado y tratar de llevar todo lo mejor posible hacia adelante. Ese es nuestro gran desafío”, sintetiza a modo de homenaje Juan Ouwerkerk, actual presidente del Consejo de Administración y nieto de Juan Arnoldo y de Diego Ziljstra, dos de los fundadores de la entidad que se transformó en una entidad modelo. 
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