“Siempre quisimos ser veterinarios”
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Pasión animal, pasión rural, pasión familiar. Esa sería una buena síntesis de la historia de los veterinarios Groenenberg. Enrique, 61 años, el padre; Alejandro, 34, y Luciano, 32, los hijos. Hoy los tres conforman un buen equipo de trabajo y en el campo se entienden de memoria.
Explican que eso es una consecuencia directa del origen de todo: papá Ticho llevó desde muy chicos a sus hijos a sus recorridas laborales, y sin querer les sembró la veterinaria en la sangre.
“Siempre quisimos ser veterinarios”, coinciden los tres.
“Siempre quisimos ser veterinarios”, coinciden los tres.
Y Ticho les deja la palabra a sus herederos para que cuenten sus experiencias. “Eramos muy chicos cuando íbamos con él al campo, y su pasión por la profesión nos la transmitió de una manera que nos terminó gustando”, cuenta Alejandro. “Nunca nos impuso nada, se dio así, en forma natural. Y de hecho, a los tres nos gusta andar al aire libre y trabajar en el campo”, aporta Luciano.
La historia de Ticho es conocida, se recibió en la facultad de Tandil en 1981 y ese mismo año ingresó a la Cooperativa Rural Alfa como asesor veterinario. Hoy sigue cumpliendo esa función, y además tiene varios clientes en forma particular.
Alejandro alcanzó el título en 2012 y luego de trabajar con Andrés Van der Horst y de experiencias en otras regiones, se independizó y empezó a tener sus clientes y también compartir otros con su papá.
Luciano terminó la carrera en 2015, y durante dos años se desempeñó en El Agropecuario, hasta que en abril de este año decidió apostar por lo que le gustaba, que era ejercer a campo, y se sumó al equipo familiar.
La única imposición que tuvo Ticho con sus hijos fue la casa de estudios. “Siempre les dije, estudien lo que quieran, pero si eligen veterinaria, la facultad tiene que ser la de Tandil. Ahí estudié yo y tengo los mejores recuerdos. Y ahí estudiaron ellos dos también”, explica.
Luciano, Ticho y Alejandro, en la redacción de LA VOZ DEL PUEBLO
-¿Es difícil trabajar en familia?
Alejandro: -No, nosotros siempre salimos al campo con él (por Ticho) y adoptamos su manera de trabajar.
Luciano: -Es más sencillo, porque sabemos cómo trabaja el otro. Cada uno cumple una función. Y cuando llegamos al campo, nos entendemos enseguida.
Alejandro: -Además, es más llevadero y te ayuda a solucionar problemas. Por ejemplo, si surge una urgencia y uno no está disponible, puede ir el otro. Esa es una gran ventaja.
-¿Cuánto les sirvió aquellas salidas al campo al momento de arrancar la facultad?
Alejandro: -Muchísimo, porque él fue el principal maestro que tuvimos y gracias a eso, a que nos llevaba, muchos conocimientos ya los teníamos antes de empezar a estudiar.
Luciano: -Yo salí con varios veterinarios de Tandil y me pasó que me volvían a llamar porque veían que sabía trabajar. Nosotros arrancamos la facultad sabiendo hacer muchas cosas.
Alejandro: -Además, es mucho más fácil para un chico que recién se recibe contar con la experiencia de toda la vida de tu viejo. Eso es algo que debe pasar en cualquier profesión.
Luciano: -En la facultad recién en cuarto año salís a campo a hacer tacto, y nosotros hacía años que habíamos hecho tacto. Lo mismo con las cesáreas.
-¿Qué significa para vos como padre ver que eligieron tu profesión y que les gusta trabajar con vos?
Ticho: -Para mí es un orgullo muy grande que ellos puedan ejercer la profesión que eligieron para desenvolverse en la vida. Y a mí se me está dando algo que es muy gratificante, que es que estamos logrando el traspaso mi clientela a ellos en forma natural, es algo que va cayendo por su propio peso. Y mis clientes los adoptan con total naturalidad, y están muy conformes con que esto se dé. Eso para mí es algo muy importante, porque ya cumplí un ciclo dentro de la profesión y me tengo que ir abriendo para que ellos evolucionen y tomen la posta.
