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      Todos trabajan para ganarse el pan

      10 de octubre de 2018 | 07:39
      Todos trabajan para ganarse el pan
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      Hay equipo. En Cruz del Sol hay un muy buen equipo. Y todo queda en familia. El capitán es Carlos Ballejos, panadero desde hace 40 años, y fue quien les enseñó el oficio a sus hijos Emanuel (28) y Juan Ignacio (24). Mirta, su compañera en la vida, es la que pone la cara para vender lo que elaboran sus muchachos en la cuadra. “Nos llevamos bien. Somos muy unidos. Al trabajar en familia se hace un poco más llevadero, porque este es un laburo muy sacrificado por los horarios y porque hay que abrir todos los días”, dice Carlos. 

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      La panadería y confitería Cruz del Sol se gestó hace 18 años, cuando Ballejos decidió apostar por la independencia. Su relación con la harina nació cuando él apenas había pasado la década de vida. Oriundo de Oriente, al poco tiempo su familia se instaló en Tres Arroyos y a los 11 años él entró a trabajar en la vieja panadería Maipú, que estaba ubicada a media cuadra de la Plaza España. 

      Desde hace 18 años, Cruz del Sol está en la esquina de Ameghino e Isabel la Católica

      “Entré para envasar el pan rallado, las galletas marineras, y después de unos meses ya me mandaron a la cuadra y empecé con el pan”, recuerda. Fueron 12 los años que trabajó en la Maipú donde aprendió y se recibió de “panadero, confitero y sanguchero, porque hice y hago de todo”. Después cambió de aire y pasó otra docena de años en la panadería Tres Arroyos, en frente a la estatua de la Libertad. Fue estando ahí que comenzó a construir el sueño del negocio propio. “De a poco fui comprando las máquinas y un día alquilé el negocio y abrimos. Al principio yo trabajaba en los dos lugares. Porque el arranque fue difícil, porque cuesta empezar y porque después vino la crisis de 2001”, dijo. 
      Pasó el tiempo, el negocio se consolidó y a Carlos y Mirta se les sumaron los dos hijos. El paso de los años también trajo varios cambios, porque a los productos de panadería y confitería le anexaron otros artículos para convertirse en un almacén. “Vamos buscándole la vuelta para seguir en carrera. Ahora hacemos sándwiches, empanadas, churros y desde hace un tiempo, tortas fritas, que han tenido muy buena repercusión”, explicó. 

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      Mirta, Carlos, Emanuel y Juan Ignacio

      Carlos hoy se dedica de lleno a lo que es confitería, mientras que sus dos hijos se ocupan del pan. El hecho de trabajar en familia también les permitió encontrarle la vuelta a los horarios y que la labor diaria sea menos pesada. “El pan lo hacemos por la tarde, y al otro día lo cocinamos. Con eso evitamos madrugar tanto. Hoy estamos viniendo a trabajar a las 6.30”, dijo Ballejos, que durante años sufrió la rigurosidad del horario de los viejos panaderos, “mucho tiempo entré a trabajar a las 2.30”. 
      En cuanto a la actualidad, Carlos contó que el desafío que vienen asumiendo desde que la situación económica se complicó es no bajar la calidad de las materias primas y trasladar lo menos posible el aumento de precios a los clientes. “Es difícil, pero lo estamos haciendo. No resignamos calidad, pero tampoco subimos las cosas como nos subieron a nosotros”, explicó. 
      “Hoy hay que estar en todos los detalles, porque los números están más finos que nunca”, comentó. Y contó, por ejemplo, que para el Día de la Madre, le van a dar un número para un sorteo a los clientes que vayan a comprar el pan con su bolsa. “Hoy un rollo de bolsitas vale casi 200 pesos y gastamos tres por día. Se transformó en un costo, así que vamos a ver si la gente responde”, contó.
      En la despedida, Carlos les mandó un saludo a todos los clientes y a los panaderos en su día. 
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