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      “Todos necesitamos historias”

      18 de agosto de 2019 | 09:50
      “Todos necesitamos historias”
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      Dice en su biografía que nació con un nombre largo: María Laura Díaz Domínguez. De grande, cuando se animó a dedicarse a la escritura, lo hizo más corto y reemplazó Díaz Domínguez por Dedé. No se trató sólo de un cambio de apellido, porque –dice también- en ese momento “empecé a ser todo lo yo misma que andaba necesitando”. 

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      Estudio diseño gráfico en la UBA y se recibió con mención de honor. Le fue muy bien. Pero desde chica quería ser escritora. De grande, se animó y pudo lograrlo 

      María Laura Dedé participó el jueves y viernes de la exposición de libros infantiles y juveniles “Erase una vez”, que se realizó en El Fanal con la organización del Colegio Holandés. Sobre el escenario, narró algunos de sus cuentos ante alumnos de diversas escuelas y del colegio anfitrión. La manera en que utiliza su voz, la imitación de sonidos de animales, la capacidad de comunicar a través de gestos y movimientos, son características que se percibieron en las presentaciones de una escritora versátil. Los chicos se entretuvieron, disfrutaron y ejercitaron la imaginación. 
      En forma previa a un encuentro con pequeños de jardines de infantes, conversó con LA VOZ DEL PUEBLO sobre lo que le gusta hacer, el camino que recorrió en su formación profesional y el valor que le otorga a la espontaneidad del público infantil.

      Voy a ser escritora 
      Desde la infancia, ansiaba escribir. Tachaba el nombre de autores en la tapa de los libros y ponía el suyo. Así lo hizo por ejemplo con “El Principito”, cuando cubrió Antoine de Saint Exupéry con varias líneas negras y escribió en la parte superior, María Laura Díaz Domínguez con fibra roja. 
      Nació en la ciudad de Buenos Aires y tenía sólo diez años cuando el diario La Nación, en el suplemento de chicos, publicó su poema “La felicidad”. Junto al escrito envió una consulta, que el diario incluyó debajo: “Les quiero decir una cosa. Voy a ser escritora y por eso quiero que me contesten: “¿está bien por ser el comienzo?”. 

      María Laura Dedé sobre el escenario de El Fanal, el jueves pasado en “Erase una vez”

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      También le gustaba dibujar y al terminar el Secundario, pensó que la carrera de Diseño Gráfico era una combinación de ambas prácticas. Se recibió con mención de honor en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y su padre, Adalberto, quien también es diseñador, le entregó el diploma. 
      En el diálogo con este diario, comenta que su papá “tiene un estudio de diseño gráfico especializado en publicidad médica, para productos medicinales” y agrega un dato muy interesante: “Él fue quien inventó ‘El semáforo loco’, un cuento que narré en mi primer día en la feria. Es un hit, a muchos nenes les gustó”. 
      Tuvo mucho trabajo, le fue muy bien. Pero iba a terminar resurgiendo en su vida la escritura, para siempre. Además es ilustradora y cuando los proyectos son realizados por ella de manera integral, diseña sus libros. 
      Muy contenta 
      “Lectores y escritores”, expresa María Laura Dedé al describir a alumnos que la observaron en los distintos encuentros, durante dos días en “Erase una vez”. 
      Comenta que “me pasa por suerte cada vez que voy a las escuelas que siempre hay uno, dos o tres nenes o nenas que les gustaría ser escritores cuando sean grandes”. 
      Habla de su experiencia en Tres Arroyos y expresa lo que siente. “Estoy muy contenta. El amor que le ponen a la feria es muy grande. Se nota en cada detalle”, destaca. 
      Se llevó afecto a montones. Señala que “los chicos no saben con que se van a encontrar, pero en cuanto escuchan que ladro o que empiezo a hacer payasadas, enseguida se enganchan. Y después es un amor”. Como ejemplo, relata que “una nena grande vino y me dijo ‘te extrañé’. Nos habíamos visto ayer (por el jueves) y tuvo esa reacción. Me dan mucho cariño, son muy espontáneos”. 
      Es una característica propia de los niños, que la escritora percibe en cada presentación. “No ocurrió en este caso, pero a veces me hacen preguntas dirigidas por los docentes a partir de un trabajo anterior. Después siempre sale la espontaneidad”, dice con satisfacción. 

      Chicos de diversas escuelas recorrieron la feria y mantuvieron encuentros con los autores

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      El mejor regalo
      En el Jardín Semillitas y en el Colegio Holandés, los alumnos pueden llevarse libros de la biblioteca a sus viviendas. Se trata de una práctica que implica un incentivo a la lectura. 
      “Incluso en los padres puede generar efectos muy positivos –considera María Laura Dedé-. Me parece que es indispensable, lo recomiendo muchísimo. Suele pasar que los padres no son tan lectores y no promueven la lectura en los chicos. Pero si esto sucede desde el colegio y se lleva a la casa, muchas veces los padres crean el hábito de generar ese momento de amor, de comunión e intimidad con los chicos, en familia”. 
      En este sentido, indica que “se regalan mutuamente un momento, más allá de que sea a través de un libro que está buenísimo, tiene ese ingrediente de que se regala tiempo que es lo que ahora más falta y el hijo lo aprecia mucho. Le queda para siempre como un tesoro”. 
      El paso 
      A través del diseño gráfico, logró un crecimiento profesional. Pero no escribía. “Lo que yo quería ser de chica era escritora”, reitera. 
      La idea previa a cursar la carrera consistía en que “el diseño gráfico podía amalgamar las dos pasiones que eran escribir y dibujar. Tiene algo que ver con la redacción publicitaria y además con la morfología, las formas. La ilustración y el diseño gráfico están muy emparentados, no ocurre lo mismo con la escritura”. 
      Aunque parece un lugar común, o una frase hecha, es cierto que las crisis son o pueden ser oportunidades. Menciona que se produjo un cambio “con la crisis de 2001. Esa coyuntura me ayudó a dar el paso, decidirme a hacer lo que tenía ganas y no me animaba”. 
      Residía en España cuando por primera vez publicó un cuento. “Hice un taller literario dictado por el ayuntamiento de Barcelona. Ahí lo escribí”, relata. Al año siguiente, “ese cuento lo llevé a la Feria del Libro en Buenos Aires, una editorial me ofreció publicarlo junto a otros míos también que formaron una colección. Fue como realicé mis cuatro primeros libros, en la editorial que ahora se llama Sin Fin”. 
      Años antes vivió en Alemania, experiencia que la fortaleció: “Todavía no tenía hijos. Me dio el envión y la seguridad cuando en otra etapa emigré a España, ya con dos hijas chicas que tenían cuatro años y de cuatro meses; fui incluso sin trabajo y sin papeles”. 
      Ha publicado más de cincuenta libros, para editoriales e igualmente en proyectos propios. “En algunos casos soy autora integral, escribo, ilustro y hago el diseño. Depende del proyecto, hay editoriales que tienen su propio ilustrador” diferencia. 
      La obra “Juega, juega, negrito”, la hizo sola, a partir de un concurso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que la tuvo como ganadora en 2018. 
      El interés que genera la literatura infantil y juvenil obedece, según su análisis, a que “todos necesitamos historias. A todos nos gusta que en un asado nos cuenten anécdotas, por ejemplo. Los chicos también para crearse como sujetos”. 
      Puntualiza que “por eso los cuentos clásicos son tan importantes. Lo dijo Bruno Bettelheim, en ‘Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas’. Tiene mucho valor en la formación del yo infantil”. 
      Hace referencia, en el cierre de la entrevista, a Internet y los diferentes dispositivos para acceder a textos de manera digital. “Son opciones que se complementan con la lectura tradicional. Las historias, en el formato que sea, nunca van a morir”, concluye.
          
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