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Violencia en Cataluña: Barcelona «en llamas» (en vivo)

Desde que abrió los ojos, Barcelona siente la resaca del fuego, la violencia y el caos que otra vez ganaron sus calles el miércoles por la noche.

Las protestas que los independentistas vienen agitando, cada vez más subidas de tono, desde que se conocieron las condenas a los líderes separatistas que en 2017 probaron separar a Cataluña del resto de España​ se fueron inyectando con dosis de furia en contra del Ministerio del Interior, por el modo en el que la policía local reprime la violencia de los manifestantes, una parte de los cuales está cada vez más lejos del pacifismo que predica el movimiento soberanista.

fotos Clarín

Cataluña está dejando de hablar de independencia para pasar a abrazar la violencia que este jueves se trasladó, en versión dialéctica, al Parlamento de Cataluña, donde el presidente de la Generalitat, Quim Torra -que en su ambigüedad respecto de las protestas recién condenó la violencia mientras aún ardían hogueras en la ciudad, pasada la medianoche-, condenó la sentencia a los líderes del procés y, sin que nadie en su gabinete estuviera al tanto, prometió: “Volveremos a poner las urnas para la autodeterminación”. 

#LaVanguardia Nuevos altercados en Barcelon

En esa misma sesión del Parlamento, el Partido Socialista catalán y Comu Podem, la coalición de la que forma parte el partido de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, le pidieron a Torra su renuncia. “Su activismo lo lleva a menospreciar la seguridad”, le dijo Miquel Iceta, representante del PSOE en Cataluña.
Hace algunas semanas, Ciudadanos, el partido liberal de Albert Rivera, había presentado una moción de censura contra Torra que no prosperó: el independentismo conserva la mayoría parlamentaria en Cataluña. 

En Madrid, el gobierno llamó este jueves a una reunión de urgencia del comité de seguimiento de la situación en Cataluña. “No habrá impunidad”, dijo el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, luego de la reunión.
“Muchos catalanes se sienten desorientados y huérfanos -dijo Grande-Marlaska-. Durante los altercados (del miércoles) se produjeron 46 detenciones. Son 97 las personas detenidas desde el lunes.” 

Más temprano, el ministro había disparado contra Torra: “Como máximo representante del Estado en la comunidad autónoma, tiene que decidir si ser un activista o el presidente que es de todos los catalanes y representante del Estado en Cataluña”.
Barcelona, herida
La postal urbana de este jueves en Barcelona es angustiante: autos calcinados, oficiales de la Policía Urbana que precintan una cuadra entera, de ambos lados, para que las grúas puedan retirar los hierros retorcidos y los contenedores de basura que, el miércoles por la noche, fueron inmolados para alimentar la hoguera de la protesta que espantó a los vecinos. 

Hubo ataques de pánico y de nervios. Ni la llegada de los bomberos, que hasta pasada la medianoche apagaron más de 50 focos en llamas, calmaba a un papá que bajó del primer piso de su departamento con su beba de un año y medio en brazos porque el humo que entraba por el ventanal de su casa volvía el aire irrespirable.
Los manifestantes arrojaban pirotecnia a los Mossos d’Esquadra. Una bengala se estrelló contra uno de los helicópteros policiales que seguían el enfrentamiento desde el aire.

En esta parte de la ciudad, el Eixample, el día después es puro silencio. Como si la gente estuviera de luto. Hay ocho calles cerradas al transito y cuadrillas del ayuntamiento que rasquetean plástico y basura derretidos sobre el pavimento. Se quemaron unos 400 contenedores de la ciudad. El mobiliario urbano destrozado ronda los 600.000 euros.

Cuando las calles de Barcelona comenzaban a arder por segunda noche consecutiva, el presidente del gobierno en funciones, Pedro Sánchez insistía en su pedido a Quim Torra para que condenara abierta y públicamente la violencia, gesto político que Torra tuvo pasada la medianoche.

Sánchez hizo “un llamamiento expreso al presidente de la Generalitat de Cataluña. Tanto él como los miembros de su gobierno tienen el deber político, el deber moral de condenar, sin excusas y sin paliativos, con máxima claridad y determinación, el uso de la violencia en Cataluña”, dijo.

Torra respondió, más de tres horas después, con un mensaje por la televisión catalana de menos de dos minutos: “El independentismo condena y condenará la violencia venga de donde venga”, dijo el presidente y aludió a “infiltrados”. 

Su ministro del Interior, Miquel Buch, avala esa versión: “Son grupos antisistema que lo que buscan no es una reivindicación pacífica como la que se ha mantenido hasta ahora, sino desde la violencia”. 
El otoño finge ser aún verano y las mesitas de los bares y restaurantes que permiten las veredas anchas del Eixample, el distrito en el que nació la Barcelona moderna, este jueves están poco pobladas.

Cataluña ya casi no recuerda lo que era la normalidad.

Por Marina Artusa para Clarín
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