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Una médica sin fronteras

En diciembre se abrió un puesto para médica y Aldana no dudó en postularse. Conectada ampliamente con Claromecó porque siempre venían a veranear, transcurrió su vida en diferentes lugares que complementaron la formación con la que hoy cuenta. Corría el segundo año de la carrera de medicina en la provincia de La Rioja, ciudad que la albergó cuando por cuestiones laborales sus padres decidieron mudarse, cuando llegó a sus manos una beca para estudiar en Cuba, específicamente en la Universidad Carlos J. Findlay; “lógicamente tomé la oportunidad sabiendo que la cultura es extremadamente distinta, pero aún así no dejaba de ser linda la experiencia”. 

Si bien el ofrecimiento era para personas de muy bajos recursos, al cumplirse un número de alumnos inscriptos y existiendo todavía becas disponibles, es que la oferta se amplió a los alumnos en general. Ella participó, cumplió con los requisitos y en enero de 2007 emprenden, en conjunto con otras personas de diferentes provincias del país, el viaje. 
Familiera, asegura que flaqueó muchas veces al estar lejos de sus afectos. Pasó mucho tiempo sin verlos pero sabía que, todo daría sus frutos: “vivimos allá casi 7 años, primero nos nivelaron y posteriormente comenzamos a formarnos. Fue una experiencia de vida muy linda porque la medicina es la misma en todos lados, solamente que cambia la forma de ejercerla y enseñarla y ahí es donde uno se enriquece”, asegura. En Cuba, según cuenta, se abocan mucho a lo que es prevención y promoción de la salud. 

El convenio era entre ese país y Venezuela; y los estudios se dividieron en Sandino Pinar del Rio donde estuvieron 3 años y luego en Camaguey, donde finalizaron. El programa era muy bueno, vivían todos juntos en lo que ellos llamaban los albergues en los que nunca les faltó nada. Era un predio cerrado estilo campo, rodeados de verde, una planta de naranjos, otra de mangos y el pueblo más cercano estaba a 8 kilómetros. Asimismo, remarca que el primer tiempo fue difícil, entre otros aspectos, porque en lo que ellos llamaban el periodo de adaptación “a las 22.30 nos ponían la música que indicaba que era momento de dormir; luego pasaban las maestras guías a arroparte y más tarde chequeaban que estuviésemos allí”. Acostumbrada, dice Aldana, a manejarse sola y salir a cualquier hora fue una brecha cultural e institucional difícil de sortear. 

Les daban el aseo personal, lavaban su ropa y les brindaban un estipendio en pesos cubanos que “era poco pero a mí me servía muchísimo”. Había chicos con una situación económica difícil, que quizás no habían llevado dinero. Por lo que por poco que fuese, ayudaba. La Tresarroyense explica que “mis viejos me habían dado un poquito, cuando me fui no estaban muy bien. Con eso tiré un año y medio, entonces ese dinero extra me venía bárbaro” 
En el año 2013 Aldana termina la carrera, y sin bien contaba con posibilidades de quedarse allí, decide volver a La Rioja y hacer la especialización. Segura, con su objetivo bien marcado estaba decidida a ser médica cirujana y su afán por ello se dio cuando entró por primera vez a un quirófano: “me dije: cueste lo que me cueste voy a ser cirujana”, reconociendo que es un ambiente complicado; pero todo llega y en noviembre pasado, culminó en el Hospital Enrique Vera Barros la residencia que la tele trasporta a lo que soñó desde aquel momento. Pero allí no finalizó y Aldana siguió capacitándose; le dieron la posibilidad de hacer una rotación por un breve periodo de tiempo en alguna subespecialidad, “elijo quemados y reconstructiva”, donde estuvo hasta fin de año. 
A partir de allí, la propuesta llegó para desempeñarse en el Centro de Salud de Claromecó en un puesto que había quedado vacante, al momento por la temporada. La respuesta fue positiva en seguida, “esa semana fue trágica, en esos pocos días tuve que hacer el movimiento de todo” haciendo referencia a que salió de imprevisto, obligándola en tan poco tiempo a efectuar papeleos y trámites que la tuvieron hasta último momento en vilo. “Corrimos e hicimos mil cosas para llegar con el tiempo, muchos me ayudaron” asegura. 
Afirma que está muy contenta de estar en nuestras playas, trayéndole recuerdos, compartiendo con sus seres queridos pero por sobre todas las cosas intentando aportar sus conocimientos a toda la población y los turistas. “Debo decir que me recibieron fantástico, que el grupo de trabajo es muy bueno, y todos tenemos el mismo fin que es ayudar al paciente”. 
Consultada sobre las patologías más tratadas, asegura que la mayoría tienen que ver con cuadros de deshidratación o quemaduras leves por el sol. “No están acostumbrados al consumo constante de agua, y respecto a la exposición solar es necesaria la protección con una crema de factor alto y realizar cada dos horas, mínimo, la renovación”. 
Si bien le encantaría poder radicarse en la localidad junto a su pareja y los hijos de ambos, “el ofrecimiento llegó por la temporada con posibilidad de, posteriormente, algún cargo en planta”. Esperanzados, desean que las propuestas venideras colmen las expectativas y sean superadoras. Asimismo, en su cabeza ya están las ganas y el empuje de seguir formándose, realizando una subespecialización aunque no quita el foco de sus prioridades, en la que asegura está la familia que está construyendo y poder lograr una estabilidad. 
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