Sin barreras para disfrutar
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Año a año junto a Vicente y “Picho”, su perrito, llegan a Claromecó a pasar diez días a pura tranquilidad, felicidad y disfrute. Acompañados de su enfermera Valeria Aranda, quien asegura que son “unas personas maravillosas” este año fue especial porque Fita pudo, después de mucho tiempo, volver a tocar el mar. Ella se acomoda en la mesa, está preparada para las fotos y las preguntas, tiene muchas ganas de charlar. Coqueta, con maquillaje y especialmente peinada para la ocasión se la ve radiante y deslumbra a cada paso con su pasión por la vida y el disfrute.
Fotos: Carolina Mulder
La vida de la pareja transcurrió muchos años en Quilmes, donde se hicieron su primera casa con mucho esfuerzo, ladrillo a ladrillo. Vicente cuenta que dejó la construcción también en manos de Fita, que siempre fue una mujer muy movediza y responsable “trabajó con los albañiles, hacia todo”.
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Fotos: Carolina Mulder
El matrimonio dejó esa casa que habían construido para mudarse en el año 2002 a una vivienda que utilizaban como espacio de fin de semana y que se transformaría en su hogar hasta el día de hoy. Una decisión en gran parte buscando seguridad, porque donde estaban se había puesto un tanto peligroso.
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Fotos: Carolina Mulder
Como un canto a la vida, Fita ayer volvió al mar. Decidida, feliz, impulsada tanto por Vicente pero especialmente por Valeria su enfermera, que explica que el deseo lo trasmitió desde que pisaron la localidad. Posiblemente porque a Fita siempre le gustó el agua y nadar. Recuerda un viaje a Mar del Plata con su familia, en el que con su prima se metieron al agua. Tan hondo, tan lejos que “todos estaban preocupados porque no volvíamos”. Hoy pudo recordar esos momentos y disfrutar del mar de manera diferente, pero sentirlo igual.
Fotos: Carolina Mulder
Con total felicidad, Valeria le dijo a Fita que ahí podían hacerlo. “No me voy a olvidar esa cara” expresa. Los tres vivieron un momento más que especial. Los ojos se llenan de lágrimas, las palabras se pausan y tenemos que parar. Valeria continua, “es una experiencia única, lo que vivimos hoy no tiene palabras. He descubierto dos grandes personas, soy una convencida de que se vive día a día. Y ella tiene muchas ganas de vivir”. Vicente, que la mira enamorado rememora momentos en los que Fita se quedaba nadando en la pileta de la casa. “Me hizo acordar muchas cosas, muchos momentos especiales en los que se quedaba disfrutando el agua mientras yo estaba trabajando. Siempre le gustó mucho”.
Fotos: Carolina Mulder
Del pueblo disfrutan las tardes, salen a pasear en coche y juegan a las cartas. Se sientan a la nochecita en el banco del Hotel Claromecó, junto a su perro Picho y miran la gente pasar. Las ganas de vivir intactas, la enseñanza de que cuando se quiere se puede y que nadie debería quedarse con las ganas de disfrutar del agua; para ello la importancia una vez más de las bajadas accesibles, del servicio que está y que sea utilizable. En la historia de un Claromecó solidario queda plasmado como el de tantos otros, el nombre Margarita Estefanía Grañeri de Pugliese.

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