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Una madre tresarroyense tiene a su hija en China: «no puede salir de su casa»

En el marco de las entrevistas que Quique Mendiberri viene realizando para La Voz del Verano, en la tarde de este martes dialogó en el Parador Samoa de Claromecó con María Procaccini, una mujer tresarroyense que tiene una hija, nacida en Gonzales Chaves, residiendo desde septiembre en China, el país azotado por el coronavirus y en el que se vive bajo estrictas medidas de aislamiento de toda la población para evitar el contagio y la propagación del virus, que ya dejó más de 400 muertos en ese país. 

María dio interesantes de talles de cómo lleva los dias su hija, en un país en el que se le solicitó a la población que no salga de sus casas. «Allá está segura, está en Beijing, donde hay muy pocos casos. Tiene que tomar todos los recaudos que toma la población china, que es estar adentro y usar barbijos. Para nosotros es preocupante, le solicitamos que se cuide y vemos a diario como está. Es bastante angustiante. La íbamos a ir a visitar a fines marzo y no lo vamos a poder hacer».

La entrevista con María Procaccini

Respecto a cómo maneja la situación y la ansiedad, a tantos kilómetros de distancia, María analizó que «al principio no lle llevé el apunte. Dejé que pasara como cualquier otro virus. Ahora con todos los medios que te bombardean por todos lados, alrededor del 10 de enero nos preocupamos, porque a ella le piden que no salga de su casa. Así que esta resguardada».
Luz Milagros, la hija de María Procaccini, se encuentra en China desde el 3 de septiembre, a donde viajó con un contrato por un año con el Instituto de Alimentos. Si bien es chavense, vive en Mar del Plata y es docente de la UNMdP en el INTA Balcarce. A pesar de la situación por la que está pasando, su madre asegura que la idea de quedarse trabajando hasta agosto no cambió.
Por último, mencionó los sentimientos con los que afrontan la situación, entre la intranquilidad de no poder hacer nada y la seguridad que les generan los protocolos de salud y seguridad chinos, acatados por toda la población. «Nosotros no estamos tranquilos. Pero ella está tranquila porque allá tienen una concientización increíble. En las calles no hay nadie. Salen solo a comprar alimentos cuando se les agotan, con todos los recaudos necesarios. Sale con barbijo, y cuando vuelve se cambia toda la ropa, la lava y se baña».
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