Nacido y criado en los campos
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Hace tres años que Fermín González dejó el trabajo de peón rural. Una vez jubilado decidió venirse a vivir a la ciudad y de paso estar cerca de su esposa que estaba enferma, a pesar que su experiencia aún era requerida en su último lugar de trabajo.
Tiene 75 años de vida, y dijo que no esperaba ser reconocido con la distinción al Peón Rural en la Fiesta del Trigo, algo que recibió muy a gusto y emocionado.
“La historia mía es así. Nací y me crié en el campo”, dijo Fermín para resumir su tránsito por establecimientos agropecuarios del distrito y la zona.
Mientras crecían tanto él como sus hermanos, su padre fue a trabajar a un campo en la zona de Laprida. “Era un campo de hacienda, de 1500 hectáreas, de puras vacas y ovejas. Desde los 9 años nos puso a trabajar con él”, contó en referencia a sus hermanos y hermanas.
Entre las primeras actividades que aprendió hacer cuando todavía no contaba con una década de vida, se encontraba la recorrida a caballo por la hacienda, buscando animales muertos que cuerear.
También debía acomodar los alambres que las vacas cortaban cuando se acercaban para rascarse, por ejemplo.
Años después regresaron con su padre a Tres Arroyos porque éste había comprado una quinta en la zona de El Ciclista. Inmediatamente consiguió trabajos de campo, como por ejemplo “en lo del dinamarqués (Fernando) Andemberg”. Más adelante comenzaría una nueva etapa con la familia Martino, hasta que debió sumarse a las filas del servicio militar. Tras seis meses pudo salir en la primera baja.
“Volví, anduve esquilando por toda la zona en Tres Arroyos y después agarré con Anselmo Kun en el lado de La Horqueta; y después con Pedro Martino”, describió Fermín su derrotero.
Por aquellos días, recuerda, eran largas sus jornadas de trabajo que comenzaban a las 6. A las 7 ya estaba arriba del tractor, y volvía para almorzar a las 11.30. A las 13 ya salía de nuevo, para regresar después de haber andado con la sembradora, a las 20.
Si no era el tractor, eran las 1500 ovejas y vacas con las que también tuvo que vérselas mientras trabajaba de mensual.
Recuerda que su padre le enseñó a respetar a los mayores, si es que pretendía ser respetado. Reconoce haber tenido una buena relación con sus jefes, a quienes siempre buscó cumplirles con el trabajo.
Esas bases para su educación dentro de las cuatro paredes de su casa, le sirvieron para encauzar una familia cuyos hijos, que hoy viven en Buenos Aires y en Zapala, han buscado mejores horizontes.

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