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Martín Sequeira: «El que tiene opciones es rico»


Vendió el vehículo para acceder a fondos, debido a que su comercio de artículos regionales no está trabajando y quiere preservar fuentes de trabajo. En una entrevista con radio El
Eco, consideró que «al menos nos vamos a dormir en paz» y subrayó: «mientras haya una lucecita de esperanza, hay que aferrarse»
En 2004, Martín Sequeira llegó a Tandil proveniente de Tres Arroyos. Siente gratitud con el que es, desde entonces, su lugar de residencia.
“Somos muy agradecidos a Tandil. Tengo cuatro hijos nacidos acá. La posibilidad de disfrutar de una linda casa con mi señora, mi compañera de ruta, esto se hace de a dos”, expresó en una entrevista con radio El Eco. 
Empezó con “un mini emprendimiento artesanal en el lago del Calvario, donde fui recibido con los brazos abiertos y me dieron la oportunidad de extender un paño, exhibir las cositas que traía del puesto en la feria de la plaza. Ahí arrancó mi vida comercial en Tandil. Ese año me acuerdo de haber visto los carteles de ‘se alquila’ en el centro, veníamos de la crisis de 2001. Recuerdo haberlo vivido, no sé si esta vez será mejor o peor. Pero estoy volviendo a ver lo mismo, es como un renacer continuo, reencontrarse con un pasado, nos sorprende de una manera distinta”. 
Luego instalaron una fábrica de cerámica, Barros Argentinos, “que llegó a ser bastante conocida”, valoró. Se mudaron en una etapa siguiente al pie del Calvario, “vendíamos nuestros productos, el negocio fue mutando y nos dedicamos directamente a la compra y venta de artículos regionales varios. Hace ocho años que nos estamos dedicando a esto con una respuesta muy favorable, porque Tandil es un ícono del turismo”. 
Es un rubro muy afectado por las consecuencias que genera la pandemia de coronavirus. En este contexto, comentó que “en casa empezamos a hacer la primera semana del cierre de comercios, barbijos con mi señora, usamos una maquinita de coser que nos prestaron. Llegamos a confeccionar 5000 barbijos, hasta que eso se terminó porque lo hicimos muy económico para no lucrar con la desgracia, sino tener un sustento para parar la olla”. 
Veinte días antes del inicio de la cuarentena, Martín Sequeira se encontraba en la ciudad de Buenos Aires, “haciendo todas las compras para la cosecha de Semana Santa, que es cuando más se factura en el negocio. Me agarró en el peor momento”. 

Los caminos 
Observó que en la incertidumbre, “hay que tratar de usar las herramientas que uno ha cosechado en la vida, es una manera de resolver el caso mío. No me gusta opinar de los demás porque cada uno tendrá sus problemas en particular. Cada familia es un mundo”. 
En este sentido, contó que “dentro de mi casa intentamos siempre resolver las cosas caminando para adelante, tratando de vacilar lo menos posible y buscando un camino alternativo”. 
No olvida en ningún momento que “el problema de fondo es de salud. Dependemos de la conducta que va a tener la gente, que sea solidaria, salga lo menos posible, se cuide y proteja a los demás. Después vendrá la etapa de ver como se levanta esta situación”. 
Agregó, sobre este aspecto, que “hay gente que tiene recursos y gente que no, que ya venía muy apretada. Es muy difícil mantener un negocio en este país con las cargas impositivas, gastos, alquileres y demás”. 
Definió a Tandil como “una ciudad privilegiada. Por mi oficio de ceramista, pude viajar a todos lados y me han quedado amistades. Conozco lugares de distintos puntos del país. Tandil tiene muchas condiciones positivas, igual será muy difícil y vamos a tener que lucharla. Estoy seguro de que de esta se sale, algo se va a perder económicamente, pero se va a ganar mucho más en la parte humana”. 
En su análisis del contexto, afirmó que “a mí me agarró sin un peso, opté por sacrificar mi vehículo”.
Se vio frente a una elección con distintas alternativas. “Una es cerrar, presentar quiebra. La otra es seguir abiertos y proponerle a la gente que está con vos pagarle como se pueda mientras se pueda -argumentó-. Digo que no es una buena propuesta porque al que está trabajando con vos lo tenés porque lo necesitaste en su momento, si uno como jefe tuvo años de bonanza y en las mejores circunstancias se ha llevado la tajada más grande, ahora que es a la inversa al menos correspondería ser un poco más justos. Sacar un poco de lo que uno ganó”. 
Reiteró su agradecimiento porque “desde 2004 que llegué hasta la fecha, me pude comprar el terreno, me hice la casa, también un galponcito. Tengo un montón, quizás un empleado está toda la vida para comprar su casita”. 
Se trata de una filosofía de vida que puso en práctica. “A nosotros nos da resultado, sobre todo lo veo reflejado en la cara cuando mirás a los ojos a tu gente todos los días. Ahora el negocio está cerrado, pero estamos yendo. No va nadie lógicamente, ni mate podemos compartir. Pero fui y compré un par de latas de pintura con las pocas chirolas que quedaban de la venta del coche, dijimos dobleguemos la apuesta, vamos a pintar el frente y acomodar esas cosas que no se acomodan cuando uno está trabajando, limpiar a full todo”. 
En consecuencia, este mes tienen tarea y el próximo “¿quién sabe que va a pasar? -se interrogó de manera retórica-. Se puede mejorar o revertir para atrás si la gente no toma conciencia, ahí no sabría que decirte. Mientras haya una lucecita de esperanza, hay que aferrarse”. 
El trayecto 
Habló de la vida cotidiana, sus sensaciones y de “buscarle significado al trayecto y no tanto focalizar el destino, uno quiere que le vaya bien, pero hay que disfrutar el camino, debe ser ameno. Quiero ser feliz mientras voy al negocio, estar con mi personal e ir con ganas, hacer lo que me gusta. Si uno no puede hacer eso, debe elegir otra cosa”. 
En más de una oportunidad expresó que “la situación está muy difícil, va a ser duro salir. Pero va a ser mucho más difícil si no somos solidarios”. 
Puso de manifiesto igualmente que “si se acaba el empleo, se acaban los patrones también, no hay que olvidarse. Cuando decido estar con estos pibes, es porque me hacen sentir muy cómodo, me permiten ir un mes de vacaciones todos los años a la costa, el negocio queda en buenas manos, es un ida y vuelta”. 
Admitió que “no tenemos un mango, tuvimos que levantar cheques rechazados, cuentas descubiertas, el problema que creo que tiene el 90 por ciento del comercio hoy. Pero al menos nos vamos a dormir en paz, ni hablar del legado que le dejás a tu hijo, ¡qué mejor que diga el día de mañana ‘mi viejo vendió la camioneta para salvar la fuente de trabajo’!”. 
El intento 
Luego de realizar gestiones, obtuvo la ayuda del Gobierno para pagar el 50 por ciento de los salarios y un crédito de 150.000 pesos. “La ayuda ha venido tarde, hubo dudas y nervios, pero al menos ha venido”, sostuvo. 
Señaló que es clave “moverse mucho para conseguir apoyo y a su vez, tener un poco de paciencia. Pensar que hay gente que realmente la está pasando muy mal, que no tiene recursos y no tiene opciones. Siempre digo el que tiene opciones es rico, ya la posibilidad de elegir un par de caminos es una ventaja sobre los demás. Hay personas que no tienen absolutamente nada, en todos lados, algunos viven a pocas cuadras de mi casa”. 
El amigo Filas 
En el cierre de la entrevista, le dedicó unas palabras a un amigo inolvidable: “Al menos lo intentamos decía el gran Blanco Filas, un socio mío en un restaurante que tuvimos por los años 90 en Tres Arroyos”, 
Finalmente, reflexionó que “este virus en el peor de los casos te deja en bancarrota, pero seguramente vivo para seguir luchando. No hay que olvidarse el gran Blanco Filas, no tiene la suerte para decir lo mismo hoy, no está con nosotros. Uno pone en la balanza un montón de cosas, lo que ayuda a serenarte y resolver estos obstáculos tan difíciles que te plantea la vida”.                      
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