Ads
  • Necrológicas
  • Policiales
  • La Ciudad
  • Deportes
  • Farmacias de turno
  • Convocatorias
  • Edictos
  • Empleos pedidos
  • Profesionales
  • Inmobiliaria
  • Sociedad
  • logo-lvpCampo
  • logo-lvp
La Voz del Pueblo

SECCIONES

  • Últimas noticias
  • Policiales
  • La Ciudad
  • Deportes
  • Sociedad
  • Claromecó / Reta / Orense
  • A. Gonzales Chaves
  • Coronel Dorrego / Oriente
  • Benito Juarez
  • San Cayetano
  • El Campo
  • Opinion
  • Nacional
  • Internacional
  • La Región
  • Interés General
  • Convocatorias
  • Edictos
  • Necrológicas
  • Empleos pedidos
  • Profesionales
  • Inmobiliaria
  • Farmacias de turno
  • Clima
  • Edición impresa
    • Noticias AnterioresAñadir como fuente en

      Perpetua – Apostillas 2

      9 de mayo de 2020 | 21:54
      Perpetua – Apostillas 2
      Ads
      Desde muy niño vengo escuchando aquello de que a alguien “le llegó la hora”. Sea por obra del Destino, sea por decisión de un dios, se trata de una solemne hora. “La” hora. Que marcará un hecho único e irrepetible, y completará la historia de un hombre. 
       Y bien: detrás del simpático hotelito existía -existirá aún- un quincho, donde moraba el socio destronado con su pareja. A la sazón dedicado a la quinta. A cultivar verduras y hortalizas, que vendía. Tal su nueva ocupación. 
       Quizá no exista el Destino, ni tampoco un dios. No lo sé. Pero en aquel lugar de eso se encargaba el socio, que urdía estas cuestiones mientras utilizaba la azada. Meditaba sobre la finitud del ser humano inclinado sobre su cultivo. Tampoco crean que se levantaba al alba. Lo hacía a media mañana. Quien llegaba temprano era mi amigo –Juan- a bordo de su camioneta. Todo ello prolijamente considerado por el socio. Que miraba todo de reojo mientras fingía matar hormigas. 
       Finiquitado su plan en cada detalle, este socio se acostó la noche anterior, ya decidido a llevar adelante ese plan, que comenzaba al día siguiente, con la llegada de Juan. Por allí estaba su escopeta. Desde el momento en que Juan entrara en escena comenzaría la cuenta regresiva. Bastante breve. 
       Despertó sin haber variado un ápice su decisión, que mantuvo incólume hasta que miró el reloj: una vez más se había despertado a media mañana. Sin duda, Juan ya se habría marchado a pedir plazo en bancos o con prestamistas, su ocupación habitual en esa época. O bien aún estaría allí, pero rodeado de mucamas y otras personas. Testimonio de su entonces pareja. Y todo ello me llevó finalmente a pensar que aquello de la hora final es… como todas las cosas. Ni pizca de solemnidad. Simplemente… se durmió. Y mi amigo vivió otro día. 
       Dirán ustedes -como dijera Borges de un cineasta- que narro los hechos en forma discontinua. En realidad, estas cosas que sucedieron al principio se supieron al final ¿cuál creen que es la realidad para el observador? 
       Se durmió. Y eso de matar con horario me recuerda a don José Luis de Vilallonga, marqués de Castellbel. En la guerra civil, decía, los franquistas capturaban gran cantidad de republicanos. Y los fusilaban. Y los tiradores tenían un horario de trabajo, como en toda actividad. Aquí nuestro hombre habría de matar a una sola persona, pero igualmente debió ajustar sus horarios. En fin: cuando se tiende una celada con fines de muerte siempre hay horarios y coordenadas. De modo que al día siguiente madrugó. Por ser ateo ignoro si Dios lo ayudó, pero de momento las cosas marcharon. De hecho, apareció la camioneta azul puntualmente. 
       En primer lugar solicitó ser llevado hasta por allí cerca, a fin de cortar y traer palos para el cultivo de sus tomates. Montaron ambos en la pick up. El hombre llevaba sus herramientas y la escopeta. Interrogado, manifestó que regresaría caminando y “perdiceando”. En las quintas que rodean la ciudad abundan las perdices. No así en extensiones cultivadas. Solía cazar algunas. Y partieron. No había nadie más allí. 
       Un tiempo después regresó solo. A pie. Sin escopeta ni perdices. Con un serrucho. Llamó a su pareja. Y le narró una historia que a un lector interesaría. A ella le horrorizó. Seguidamente, y siendo su horario habitual, reapareció en las adyacencias del hotel, fingiéndose recién levantado. 
       Puedo suponer que al llegar la camioneta al lugar indicado nuestro hombre bajó sus herramientas, que quizá fuese sólo un serrucho. Y la escopeta. Juan permaneció en la camioneta, sentado, aburriéndose quizá. Los celulares eran simples teléfonos. 
       Sé que cortó sus palos. No podría describir cada movimiento con precisión absoluta. Pero las fotos dicen claramente que Juan recibió la descarga sin enterarse. Y estando acodado en la ventanilla, su cabeza se reclinó a la izquierda. Bien podría estar dormido. Sangró por el oído izquierdo. Y allí fue dejado. 
       El –ahora- homicida abandonó el lugar, previo desprenderse del arma, quién sabe cómo. No se pudo hallar. En algún punto de su huida a pie advirtió que había dejado allí el serrucho. Y regresó al lugar. 
       Me jacto, vanamente, de poder colocarme en la mente y accionar de otro. Me jacto para mí. Lo intento, a veces. Pero no llego a imaginar qué pudo experimentar cuando regresó por su serrucho y miró todo. Todo. Aquí estuve yo, habrá pensado. No sé si hubo un ramalazo de reflexión. Quizá no. Quizá estaba decidido así. De hecho, y desde ese día, comenzó a dormir bien. Su pareja lo notó. 
       Tomó el serrucho y también desparramó los palos ya cortados. Después regresó al quincho. Y luego salió del quincho desperezándose. 
      ¿Una más?      
      Ads
      Ads
      Ads
      AUTOR
      Foto de LaVozDelPueblo LaVozDelPueblo
      Comentarios

      Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión

      INGRESA
      Ads
      Ads
      Ads
    La Voz del Pueblo
    Añadir como fuente en
    Contactos
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    Secciones
    • Policiales
    • La Ciudad
    • Deportes
    • Sociedad
    • Claromecó / Reta / Orense
    • A. Gonzales Chaves
    • Coronel Dorrego / Oriente
    • Benito Juarez
    • San Cayetano
    • El Campo
    • Opinion
    • Nacional
    • Internacional
    • La Región
    • Interés General
    • Necrológicas
    • Farmacias de turno
    • Empleos pedidos
    • Convocatorias
    • Edictos
    • Clima
    • Edición impresa
    • ADEPA
    • ADIRA
    • DIB
    2026 | La Voz del Pueblo | Todos los derechos reservados: www.lavozdelpueblo.com.ar | +54 (02983) 430680 | +54 (2983) 522898Registro de Propiedad Intelectual (DNDA) 112580646 · Edición Nº 7134 - Directora: María Ramona Maciel - Propietario: Maciel Hermanos S.A - Av. San Martín 991 – Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, Argentina.
    Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
    Powered by
    artic logo