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Edgardo Lavari: una vida enaltecida por el carisma, la amistad y el vértigo

“Cuando salí campeón de Mar y Sierras sentí algo tan hermoso, tan especial, que no lo volví a vivir nunca más; pero aquel 4 de julio de 1999, cuando gané en el TC, me recibí como piloto”. Así de simple, profundo y contundente es el sentir de Edgardo Raúl Lavari sobre esos dos momentos de máxima gloria que la vida le regaló a este carismático piloto, ese que movilizó multitudes y llegó a convertirse en ídolo de los tresarroyenses. 

Como a todo lo bueno, muchas veces hay que perseguir algo más de lo imaginado; el Loco lo hizo con el deseo y su mayor esfuerzo posible; el mejor ejemplo se refleja en esa victoria del TC. “Me costó mucho alcanzar ese triunfo que perseguí durante 165 carreras, pero también me dio mucha seguridad para todo lo que vino después. El impacto y resonancia que tuvo esa victoria fue tremendo, casi que inimaginable; es más, hoy en día, 21 años después, sigo disfrutando ese triunfo y hasta me abre puertas para relaciones que me favorecen económicamente”, confesó Lavari.    

Una infancia entre fierros 
Su padre, Raúl, era maquinista del ferrocarril y su madre ama de casa, con su amigo “Juan Carlos Cifuentes, que vivía casi a una cuadra de casa, donde hoy está la estación de servicio hacíamos autos de carreras con las cupecitas de plástico a las que le metíamos plomo adentro, un eje de alambre y las ruedas las fabricábamos con muchas monedas. Tenía mí equipo, así me inicié en el automovilismo; desde muy chico ya soñaba con los autos de carrera, no sé por qué”, recordó con nostalgia. 

Con 9 años Lavari cambiandole la junta de tapas de cilindros del Ford T 47 de su padre

Esa proyección rápidamente mostró otro ejemplo y que nada lo detendría. “Se puede decir que yo me crie en lo de Alonso y Bracco; Víctor Desperés era el herrero y me ayudó a construir un karting cuando yo tenía 10 años, el director del Colegio Industrial (Simón) me fundió las masas”. Su padre influyó “sin querer,” para que siguiera avanzando porque al año siguiente “me regaló una motito; yo le sacaba el motor y se lo ponía al karting y andaba entre los arados, me entrenaba ahí; sino enfrente de la Fábrica Eima (predio de las vías del ferrocarril, ya que Lavari vivía en Avenida del Trabajador 768), donde también jugábamos al fútbol. Después cambié la moto, y hasta corrí carreras zonales en el Moto Club cuando tenía 15”.  

Tapa del suplemento de deportes de La Voz del Pueblo

Sobre 4 ruedas 

Tal era su pasión por los fierros que con apenas 16 años le preparó el auto “al Loco Nicolás Massa; y debuté con él, como acompañante”. A los 17, nuevamente su padre, “creo que buscando que yo no le agarrara su auto, me regaló un Falcon; pero yo a éste nunca lo usé, ni bien pudimos lo transformamos en un auto de competición con Angelín Monsec y Hugo Garat, y ya nos preparamos para debutar en Mar y Sierras. Eso fue en Lobería, cuando cumplí los 18”. 

Lavari, Traverso y Hermoso en el Moto Club

Lavari le confesó a su amigo Angel Di Nezio, “quiero correr, alguna carrera voy a largar. El Yeti se reía pero me aseguró, ‘yo te voy a ir a ver’. Y así fue, estuvo en Lobería y Di Nezio fue el primer gran consejero que tuve; no me lo olvido más. Antes de largar yo estaba muy nervioso y él me decía ‘Loquillo, tranquilo; vos, tranquilo. Hacé de cuenta que estamos paseando en la ‘Vuelta al Perro’ pero un poco más ligero’. Yo parecía tener resortes en las patas, estaba desacatado (risas). Pero tuve suerte y llegué tercero, hice podio en mi debut, siempre junto al Riri Negro (Enrique Ongarini, un gran amigo y entrañable compañero de aventuras) desperté interés y sorpresa entre los que me seguían”, entendió. Y la cosa ya venía bien en serio… 

Triunfo TC en 9 de Julio junto a Ledesma y Sinelli

Buscando mejorar y estar a tono con la categoría, “al auto lo acortamos; en lo de Huguito Galilea, en Colón frente a lo de Florez, con Di Salvo se hizo el trabajo, se empezó a sumar mucha gente, Metalúrgica Aiello nos apoyó desde el principio, la Rectificadora Aastrup lo mismo, armamos la Peña El Chichipi donde se sumaron Mónaco, Difonzo, y le pusimos el motor Ford que habíamos ido armando con cosas buenas que le compramos a Herceg”. El Loco siempre estuvo rodeado de buena gente, y de profesionales capaces como Rosendo Pedro, “quien me ayudó muchísimo con el F100; él fue el primero”. 

Triunfo Top Race Moto Club con Traverso y Fabian Hermoso

No es la previa a una largada, pero la charla le genera adrenalina a Lavari, los recuerdos fluyen en su mente, aparecen personas y hechos “que hasta no creía recordar”, confiesa. Los nombre y hechos surgen a borbotones, “se me mezcla todo porque, la verdad, hubo tanta pero tanta gente que me ayudó que es increíble. El automovilismo es muy caro y con ese apoyo yo pude practicarlo como si hubiese sido un millonario. Todo eso se lo debo a mis amigos”, destacó orgulloso. 

Lavari siempre tuvo un carisma particular, especial; su relación con la gente ha sido magnifica. Los hechos lo reafirman, pero su capacidad como piloto estuvo a la par. “Si, pero aunque te parezca mentira, yo me destaqué más por carisma que por manejo. Yo tuve suerte, iba a pedir algo y me lo regalaban; iba a lo de los hermanos Guillermo, Federico y Arturo Pérez y me regalaban nafta; todo así; lo mismo con el Diario La Voz del Pueblo y la Radio LU24; esos dos medios me impulsaron y atrajeron gente a mí, me ayudaron muchísimo”, valoró.   
La consagración 
Luego de adaptar la carrocería, “porque el motor que tuve siempre fue muy bueno”, todas las piezas fueron encajando, encontrando su lugar más óptimo y consolidado. Así se encaró ese 1975, el de la consagración con el recordado Soprana. “Eso fue soñado, me encantó” remarcó elevando el tono y poniéndole emoción a sus expresiones. “Para mí lo único importante era Mar y Sierras, apostaba todo a esa categoría, y lograr un título en esa divisional tan competitiva fue increíble. No estuve desacertado en festejar tanto ese título; el valor de los rivales que tuve realzaron el valor de mi corona. Esto fue lo que más me marcó en la vida; ese título fue especial. Y la satisfacción mía fue haberle cumplido a tanta esperanza que mi ciudad había depositado en mí…” 
La sociedad de Tres Arroyos amaba al Loco y se lo hacía saber. “La gente me saludaba en todos lados; fue mi mejor época, sin dudas. Siempre recuerdo la cantidad de gente que fue a esperarme a la ruta cuando conseguí la corona en Balcarce, en la tierra de Fangio” resaltó; “la caravana que se armó por la ruta 228 fue increíble, kilómetros de autos. Yo no lo podía creer, no viví nunca más algo parecido a eso”, confesó lleno de orgullo. 
Unas horas antes, Lavari había hecho su parte, se la había jugado en la pista y ganado el título en la última curva; si sí, con un final de película… “Fue un campeonato sabroso al cien por ciento. Pero cuando largamos ‘se me salió la chaveta’, aceleré demasiado y con un motor de 450 caballos calenté la goma. Quedé quinto, pero logré calmarme, me hablé mucho a mi mismo para estar tranquilo. Y así fue, mi manejo fue fluido, empecé a descontar, fui pasando a todos y sólo me quedaba Gallinotti pero también una única y última curva. Te lo cuento y lo disfruto de una manera especial; lo tenía que pasar para ganar la carrera y el título, hasta ahí él era campeón. Entonces me la jugué con todo por afuera, y el auto que iba bárbaro me respondió de maravilla; logré superarlo con una maniobra inolvidable”, destacó el campeón.  

En un box con el Soprana de Mar y Sierras con el que se consagró campeón

A la Fórmula 1 

Con su pasión por los monopostos y buscando nuevos desafíos, la Peña El Chichipi adquirió el Mecánica Argentina Fórmula 1 con el cual Luis Di Palma venía de consagrarse campeón. “Arrancó el nocturno del 76 en Necochea, yo estaba al frente del certamen y tuve el accidente donde el Soprana quedó destrozado. Teníamos el F1, que presentamos en la rural y expusimos en Metalúrgica Daria, y después de 9 meses de inactividad por las lesiones, decidimos ir a probarlo a la Ruta 85 donde nos accidentamos (ver aparte). Se arregló prácticamente a nuevo y a fines de ese año debuté en Buenos Aires. Con La Peña hubo un desentendimiento porque interpreté que algo había cambiado, la cosa parecía más fría con la gente y llegamos a un acuerdo que yo me abría y seguía con ese nuevo proyecto que se extendió entre el 76 y el 79; en La Pampa hice la última fecha con el F-1 y ya en 1984 se lo mandé a Nelson Difonzo; entiendo que esa unidad se vendió cuando se buscaban fondos para el asfaltado del Moto Club, o algo de eso”, acotó. 

Al volante del Mecánica Argentina Fórmula 1


La Pampa, el adiós a su madre

Cumpliendo el deseo de Delfa, su madre, la familia se trasladó a General Pico, La Pampa, de donde ella era oriunda. “Mi mamá estaba muy enferma y quería pasar sus últimos días allá; falleció el 2 de noviembre de 1982” recordó… Después de un breve silencio, el Loco retomó ‘la marcha’ con su relato. Y otra vez la suerte le abrió sus brazos: “Lo mismo, algunos me conocían y la gente de Pico me empezó a apoyar. En el 83 surgió la posibilidad de integrarse al CAP con los recordados Datsun 280Z”. 

Dos horas de TC junto a Emilio Satriano

Así fue hasta el 89, pero en 1986 Raúl Antonio Moreno, de América, una ciudad cercana a Pico, le propuso manejar una Chevy de TC. Su debut fue en la tristemente recordada carrera de La Plata donde Miguel Atauri sufrió un despiste y en el mismo fallecieron un par de espectadores. “Llegué el sábado y no conseguía hotel, me encontré con Jhonny De Benedictis, le pregunté si sabía de alguno y me llevó a su habitación porque tenía una cama libre. Esa noche él me explicó los secretos de la ruta; fue mi profe, me enseñó muchísimo. La ruta era difícil, no era fácil; no te creas que era salir y viajar a Claromecó…”, reflexionó. 

En el 88 pasó a manejar otro Chevrolet, pero de Pico (con un gran apoyo de su amigo Martín) y con la motorización de Pablo Satriano. Tuvo buenos parciales y luchaba entre los 10, pero “el motor no aguantaba”. Así, durante 3 años; en ese lapso la vida lo volvió a cruzar con un viejo conocido ya que le alquiló el Falcon a Difonzo por un par de carreras. La mano cambiaría para el Loco en 1992 cuando con una Dodge de Tapiales, pero corriendo sólo medio campeonato, “peleo el título. Me faltó presupuesto”, confesó. Desde el 93 al 97, el Loco fue estando sólo en algunas carreras; “el primer año corrí 3 con el auto de Mazzacane, lo mismo que en el 94 donde le sumé alguna con un Ford de Benavídez y otro de Trenque Lauquen. Estuve en algunas Dos Horas con Mazzacane, Ortelli (terminó 4°), Delconte (hizo podio) y Satriano (6°)”.    

El TC con el cual ganó la categoría más importante de Argentina

Tres Arroyos Competición
“Antonio Maciel es otra de las personas a las cuales le tengo que agradecer mucho porque armó este proyecto e hizo posible conseguir el presupuesto para tener un auto competitivo”, valoró Edgardo. 

Ese proyecto reimpulsó su carrera deportiva desde el 98, y fue con un equipo de lujo. “Tal cual, el proyecto era muy ambicioso; Antonio me pidió que eligiera para tener un equipo ganador y yo opté por Pederzoli en los motores y Di Meglio en el chasis de esa Dodge; me lamento no haber ganado más, era un conjunto de alto nivel”, lamentó. 

A la izquierda en la redacción y a la derecha junto a Garcia Veiga

Y llegó el recordado 4 de julio, en el autódromo de 9 de Julio. “Yo iba cada vez más finito como piloto; el auto estaba, sabía que no me podía equivocar. Estábamos muy bien, el viernes con lluvia hicimos la pole y el sábado clasifiqué tercero; gané mi serie y largué en punta. Y bueno, no había que equivocarse en nada y al auto no le tenía que pasar nada; y así fue, todo perfecto. Marcamos el ritmo, el récord de carrera; ahí nos quedamos tranquilos hasta las dos últimas vueltas donde sólo hubo que rezar a que no pasara nada raro”, y gracias a Dios no pasó nada… 
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