| Secciones
| Clasificados
SÁBADO 22.06.2024
DÓLAR HOY: $887 | $945
DÓLAR BLUE: $1270 | $1300

Un hombre fuera de lo común

Por María del Carmen Conti*


En estos tiempos que estamos viviendo, escuchando noticias sobre los hospitales, mirando las imágenes de los médicos, enfermeras, asistentes sanitarios con indumentarias tan especiales para protegerse y cuidarse del virus, del contagio… No puedo no recordar al Padre Maximiliano Kolbe, con el número 16.670 en su traje a rayas de prisionero en el campo de concentración de Auschwitz. 
No son comparables las dos situaciones. Pero la realidad de hoy me lleva con la memoria del corazón a recorrer ese lugar, el campo de concentración de Auschwitz, donde el Padre Maximiliano Kolbe vivió en 1941. 
Y recorriendo las barracas y senderos de ese lugar lo veo silencioso y sereno, decidido y audaz, ofreciendo una palabra de consuelo, un gesto de cercanía, una mirada capaz de abrazar la humanidad herida, desconsolada y desesperada de quienes compartían su misma barraca, el peso del trabajo forzado, la angustia y la soledad, el hambre y los castigos inhumanos. 
Hoy nos encontramos con tanta gente que vive dolores, angustias, soledades que son, en cierta forma, similares a las que experimentaron aquellas personas. Sentimientos de abandono, de profundo sufrimiento físico, moral, de desesperanza, de incertidumbre, de pérdida del sentido de la vida, de tantos por qué sin respuestas. 
Leí una frase que sigue resonando dentro de mí: “Nada grande nace sin dolor”. Y así fue la vida del Padre Kolbe. Su grandeza, la riqueza de su humanidad, de su dignidad, de su santidad nacen de su vida entregada por amor, del dolor abrazado por amor, de su “entrenamiento” constante en gestos de compasión, de bondad, de misericordia, de paz; también allí, en el horror de Auschwitz.

San Maximiliano María Kolbe, el franciscano que dio su vida para salvar la de un prisionero y fue canonizado por el Papa Juan Pablo II

Releo el testimonio de uno de sus compañeros de prisión: “Una tarde los SS nos ordenaron llevar cadáveres del hospital al crematorio. Me sentía terriblemente turbado. Los brazos se me aflojaban, los zuecos ya no se mantenían más en los pies. Pensé que sería mejor si fuera yo el que era transportado tan horrorosamente. De pronto oí a mis espaldas la voz calma y conmovida de mi compañero: ¡Santa María, ruega por nosotros! ¡Santa María, ruega por nosotros!
Algo como una corriente eléctrica corrió por mis miembros flojos y repentinamente, me sentí más fuerte. Ahora, con vigor llevaba el extraño ataúd”
En el campo casi no se notaban manifestaciones de preocupación de unos por otros. La tendencia general de “cada cual para sí mismo” era fuerte.
“Y el padre Maximiliano no entregó tan solo un pedazo de su pan o hasta toda su sopa, sino su propia vida por otro. ¡Y qué muerte! Este acto fue la cumbre de su amor por el hermano”.
“Fuimos impactados por ese acto, que se convirtió para nosotros en una poderosa explosión de luz en la oscura noche del campo…”
Hoy en este “hospital de campaña” (como dice el Papa Francisco) que vivimos, podemos hacer brillar chispas de amor: una palabra, una llamada telefónica, un gesto de cercanía, de solidaridad pueden ser explosión de esperanza, de confianza, de amistad, de diálogo, de alivio, de fortaleza… 
¿Quién puede darnos esa fuerza, esa luz, esa audacia? Podemos preguntárselo al Padre Kolbe. Estoy segura que nos responderá: “Sólo el amor es fuerza creativa, sólo el amor da colores a la vida”. 
Este fue un hombre fuera de lo común, un hombre para los demás. Podemos preguntarnos si hoy existe esta “especie de personas”. ¡Estoy segura que sí! Y lo vemos a diario, lo leemos en las noticias, lo escuchamos: “Agustina que está asistiendo a su mamá anciana e inmóvil en la cama”, “Pedro que hace los mandados a los abuelos vecinos que no tienen a nadie de su familia”, “Stella que llama por teléfono todos los días a Cata que quedó viuda durante la pandemia y sin hijos”, “Gustavo que está llevando ropita y leche al bebé recién nacido de una parejita muy pobre”, y la lista podría seguir… 
Y sí también es gente fuera de lo común porque están animados por esa fuerza irresistible del amor que hace milagros. 
Hoy podemos recordar al Padre Kolbe, San Maximiliano, mártir del amor, santo de estos difíciles tiempos para aprender a vivir atravesados por el amor que es más fuerte que el dolor, las pruebas y hasta la misma muerte. Hoy estamos llamados a vivir como “artistas” del amor para que la vida en todas sus realidades sea respetada, cuidada, defendida y sea digna, bella y buena.
¡Sólo el amor crea y renueva la vida! 
* Es tresarroyense e integra las Misioneras de la Inmaculada San Maximiliano Kolbe. Residió seis años en la Casa de la Espiritualidad que las misioneras tienen a tres kilómetros de Auschwitz 
COMENTARIOS

NOTICIAS MÁS LEÍDAS

No se encontraron noticias.

OPINIÓN

COMENTARIOS
TE PUEDE INTERESAR