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      Agua en el desierto

      4 de febrero de 2024 | 14:37
      Agua en el desierto
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      La tresarroyense Antonella Bailón y su esposo Martín De Latorre cumplieron el sueño de llevar una bomba de agua a una aldea de la República de Chad, Africa. El objetivo lo pudieron cumplir en gran parte gracias a la colaboración de los tresarroyenses. Hace pocos días retornaron luego de estar tres meses en el país africano y contaron la experiencia a La Voz del Pueblo

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      El sueño de poder instalar una bomba de agua en una aldea ubicada a 25 kilómetros de la capital de la República de Chad, Africa, es una realidad, un hecho y un objetivo tachado de la lista de la tresarroyense Antonella Bailón y su esposo Martín De Latorre. El matrimonio viajó el 20 de octubre hacia aquella comunidad, donde viven actualmente los padres de Martín, y retornó el pasado 23 de enero a Tres Arroyos. Pero no volvieron siendo los mismos porque la vida les demostró cuánta necesidad hay en el mundo y cuánto hace falta hacer, aunque siempre se empieza por un granito de arena.

       

      Si bien en un principio este no era un sueño del matrimonio, cuando Martín le fue contando a Antonella todo lo que había vivido durante su adolescente en Chad –ya que se fue a vivir allá con sus padres-, comenzó a nacer este deseo de ir a Africa. “Ella sabía toda mi historia, que en mi familia la palabra Africa está re incluida, es parte nuestra. Pero no imaginábamos que nos íbamos a ir para allá”, aseguró Martín en una entrevista con este diario a pocos días de haber aterrizado en tierra argentina. “En el 2011 fue la primera vez que fuimos todos con mi familia; empezamos a crecer todos y quedaron mi papá, mi mamá y mi hermano que es adolescente. Yo soy el mayor, me volví primero y después volvió mi hermana para estudiar”, recordó.

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      En Argentina se conocieron con Antonella y los unió un gran amor en sagrado matrimonio. “Martín me hablaba mucho de Africa y a mí me nació un deseo de ir, conocer, ver y querer estar allá. Nosotros vamos a una iglesia y trabajamos con adolescentes acá; él me contaba de todas las problemáticas que tienen los chicos en Africa y cuando me contó lo del agua, fue lo que a mí me hizo decir que teníamos que hacer algo”, señaló.

       

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      Entonces en enero de 2023 se decidieron y lanzaron el proyecto para poder instalar una bomba de agua en la aldea de Chad, en donde toda la comunidad de Tres Arroyos se vio involucrada. A través de rifas, venta de comidas y diversos métodos, el matrimonio fue adquiriendo los fondos para cumplir con este sueño. “Primero juntamos el dinero para los pasajes, que parecía imposible porque empezaron a subir y subir. Pero Dios suplió, llegamos y empezamos a juntar para la bomba de agua. Fue un milagro tras otro porque nos la dejaron a mitad de precio”; y es que la empresa que se encargó de colocarla, también se sumó a la causa y ayudó a cumplir la meta.

       

       

      Contrastes

      Martín pasó su adolescencia en Chad, por lo que ya conocía la cultura y las enormes necesidades del lugar. Pero, esta vez fue diferente. “Yo creo que a medida que uno se va poniendo más grande, va tomando consciencia de un montón de cosas. Yo la primera vez que fui, era adolescente, y no era consciente de la necesitad tanto como hoy”, aseguró.

       

      También en esta oportunidad fue acompañado por su esposa, “y le mostré el lugar donde me crie, la gente que conocía, los negocios, los mercados que son en las calles… Conocer el lugar con ella para mí fue mucho mejor que todos los años anteriores que estuve. Fueron solamente tres meses que los disfrutamos al máximo”.

       

      A Antonella, que solo conocía el país por las historias de Martín, le impactó mucho más de lo que se había imaginado. “Si bien yo ya sabía a lo que me enfrentaba porque él siempre me hablaba, creo que verlo y vivirlo es distinto. Y aún hoy me cuesta todavía… emocionalmente te choca encontrarte con tanta necesidad”. Pero esto también les ayudó caer en la realidad de otras cuestiones muy importantes. “Uno se da cuenta lo que vivió cuando vuelve. Si bien acá también hay crisis económica, política y social, cuando volvés te das cuenta que Argentina está bien, a comparación de otros lugares. Acá uno se va a lavar los dientes y abre la canilla normalmente, allá no… tienen que buscar de una casa a otra o caminar muchas cuadras para conseguir un balde de agua”.

       

      La hora del agua

      En la aldea viven alrededor de 3500 personas y antes de la llegada de Antonella y Martín tenían una sola bomba de agua que quedaba a algunos kilómetros de distancia. Por eso, el matrimonio decidió colocar la nueva en medio de la aldea. “Cuando nosotros estábamos todavía en Argentina, ya le habían pedido permiso al jefe de la aldea para poder colocarla, que obviamente accedió. También el papá de Martín nos había averiguado todos los precios, había gestionado todo… lo único que nosotros teníamos que hacer era ir y llevar el dinero”, detallaron.

       

      Una vez que arribaron a Africa, pasaron algunos días hasta que pudieron contactarse con la empresa que colocó la bomba de agua, aunque fue todo más rápido de lo que se imaginaron. “Pensamos que nos iba a llevar mucho tiempo la instalación, pero ni bien nos contactamos con la gente, a los pocos días se empezó a trabajar y se hizo enseguida”, destacó Martín.

       

      Antonella recuerda aquellos días con mucha emoción: “Vimos mientras trabajaban cómo se acercaban los niños, corrían a ver, todos pasaban a preguntar qué se estaba haciendo. La terminaron de instalar un domingo y nosotros pudimos ir el lunes, o sea que no estuvimos en ese primer momento, pero cuando llegamos veíamos a la gente acerándose a sacar agua”. Martín vivió ese momento con alegría también: “Estaban todos felices porque ahora tienen la bomba ahí en la aldea. Estaban todos impactados y agradecidos también, fue muy emocionante”.

       

       

      La mochila

      Llevar agua al medio de la aldea, no fue la única gran acción que hizo el matrimonio en su estadía en Chad; estuvieron preocupados y ocupados por cambiar muchas pequeñas realidades, dándoles un poco de amor a cada uno de los niños de la escuela de la aldea. “Creo que no nos damos cuenta de todo lo que sucedió. Nos dicen: ‘¡Qué bueno lo que hicieron!’, y de alguna manera se sorprenden y están hasta más alegres que nosotros. Pero yo creo que hubo otras cosas también que nos dieron mucha más alegría que la bomba de agua”, expresó Martín.

       

      Es que, sabiendo aún que el agua es necesaria y fundamental para la gente, para ellos “compartir con los chicos el día a día, ver sus necesidades y poder aportar un granito de arena creo que fue más gratificante que la bomba de agua. Por ejemplo, ellos no tenían mochilas, iban a la escuela con bolsitas de nylon, en patas porque no tienen zapatillas, sin comer…”; cuando vieron eso “compramos telas, mandamos a coser unas mochilas con unas sogas, sencillas pero que para ellos fue una alegría increíble”. 

       

      Claro que no dejan de estar enormemente agradecidos por haber cumplido el sueño de llevar la bomba de agua, “pero esos pequeños detalles, de ver a los chicos con una sonrisa de oreja a oreja a pesar de sus necesidades, para nosotros fue algo que no cambiamos por nada. Las miradas y las sonrisas nos quedan en el corazón”.

       

      Antonella recordó un momento que la marcó en su estadía en Chad: “Nos pasaron cosas muy fuertes. En un recreo, uno de los nenes más chiquitos tenía la cabeza lastimada con sangre y tapada con tierra, y era porque la mamá le había pegado con un ladrillo. Y creo que poder dar un abrazo en esas situaciones impacta mucho más que otras cosas”.

       

      En ese sentido, Martín aseguró que “nosotros sentimos más mostrando el amor a través de un abrazo a esos chicos que no tienen cariño en sus casas y tienen muchas necesidades lamentablemente… es lo que nos va a quedar grabado en el corazón a través de los años”.

       

      Agradecer

      Cuando un ser humano que nunca tuvo grandes necesidades, se enfrenta a una realidad tan dura, es necesario sacar una gran fortaleza interna para sobrellevar la situación. “Algo que me impactó –contó Antonella- fue una vez que fuimos al mercado a hacer compras y cuando nos subimos al auto había entre 12 y 16 nenes pidiéndonos comida. No era uno, ni dos, ni tres, era todo el auto rodeado de niños desesperados, pidiéndonos para comer”.

       

      Y esas situaciones llevan a enormes reflexiones. Para Martín es importante “saber que no podemos suplir todas las necesidades. Eso te desespera porque no podés darle a todos… podés ayudar a uno, pero al lado tenés 20 más. Pero también eso ayuda a abrir la cabeza y a valorar un poco más”. Por eso “algo que nos hemos propuesto es ser agradecidos de lo mucho o de lo poco que tengamos. Creo que no volvimos iguales los dos porque vimos cómo es la realidad en otra parte del mundo y queremos valorar lo que tenemos”.

       

      ¿Y la vuelta?

      Martín y Antonella hace pocos días retornaron a Argentina. Aún están acostumbrándose nuevamente a los horarios, las temperaturas y la rutina de Tres Arroyos. Pero, ¿podrá haber una vuelta a Africa en un futuro? “La realidad es que hoy entendemos que por ahora no haremos otro viaje porque en este tiempo no podríamos. Igual estamos dispuestos porque nuestro corazón quedó allá, así que, si en algún momento se llegara a dar la oportunidad, claro que sí”, manifestó Antonella.

       

      Aunque también están abiertos a ir a otros destinos. “Africa –mencionó Martín- fue una hermosa experiencia, pero si tenemos que ir por ejemplo a Bolivia, Perú, España o donde sea, a poder ayudar, nos encantaría”. Es que el objetivo para ellos, más allá de la parte del mundo en la que se encuentren, sigue siendo el mismo. “Nuestro objetivo es compartir el amor de Jesús con acciones, no solo hablar, sino realmente demostrar que Jesús existe. Hoy somos nosotros los que podemos transmitir ese amor, tanto acá en Tres Arroyos repartiendo útiles escolares o en Africa ayudando a poner una bomba de agua. Gracias a Dios pudimos darle comida a una familia de allá, pero entendemos que la necesidad que ellos tienen también es emocional, es espiritual, y cuando uno tiene el amor de Jesús tu vida cambia y podés ser feliz plenamente, aunque te falte todo”.

       

      Simplemente, buscan compartir una experiencia que a ellos los atravesó. “Cuando nosotros nos encontramos con Jesús nuestra vida cambió y ahora no nos podemos quedar quietos, sino que necesitamos compartir esto. Acá, en Africa o en donde sea”.

       

      Finalmente, agradecieron a toda la comunidad de Tres Arroyos “que fue parte de esto. Se nota que la gente de acá de dadivosa y se interesa”.

       

      También recordaron que en sus cuentas de Instagram @antobailon o @delatorre_martin pueden encontrar fotos y videos de lo que fue la experiencia en Chad.

       

      De todas formas, la ayuda no queda acá. “Tuvimos una charla con los papás de Martín antes de venirnos y querían contratar a un maestro más para la escuela, pero había un impedimento económico. Entonces largamos una movida para poder juntar 300 mil pesos por mes, durante un año, para poder pagar el maestro y comprar útiles que falten. Lo largamos en nuestras redes sociales como un proyecto personal, fuera de la iglesia y se sumó un montón de gente. Creo que al que se suma le da satisfacción poder ser parte; y gracias a Dios la gente confía en nosotros y ve también el trabajo que estamos haciendo”. Invitaron a seguir la cuenta de la familia De Latorre @aguaseneldesierto.chad, en donde publican sobre la escuela de la aldea y su vida en Chad, compartiendo la fe.

       

       

       

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