Alfajores con gusto a Claromecó
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La familia Ailán hace 17 temporadas tomó el mando de Azul Claro, con modificaciones, expansiones y mas variedad de alfajores, pero siempre en familia. Pablo Ailán le contó a La Voz del Pueblo su historia con este comercio
Una visita a la costa siempre tiene un souvenir a la vuelta. Siempre algo tenes que llevarle a aquel familiar que no pudo viajar o algún amigo que te dice el típico “trae alfajores cuando vuelvas”. Y si de alfajores se trata, Pablo Ailán ya lleva 17 temporadas consecutivas al mando de Azul Claro, donde se pueden encontrar alfajores artesanales y artesanías, para que a la vuelta te lleves un pedacito de Claromecó.
Pablo y su mujer comenzaron esta historia de amor con Claromecó en el verano del 98, “vinimos a vacacionar hasta el año 2000, que después de ahí nosotros somos artesanos, principalmente de oficio, yo hago platería criolla y mi señora es joyería de autor. Empezamos a trabajar en la feria de artesanos y a partir de ahí empezamos a abrir todos los años, a hacer la temporada”
Y Azul Claro se presentó como una oportunidad inesperada, pero positiva, ya que sería el lugar donde su familia creció. Pero todo inició porque “conocíamos la gente dueña anterior de la firma, entonces un día nos dijeron que no querían trabajar más, y nos preguntaron si nos queríamos hacer cargo nosotros. Fue así que compramos la marca y el fondo de comercio y nos hicimos cargo a partir de la temporada del año 2007”.
Son 17 temporadas ofreciendo ese recuerdito de Claromecó para que vayas en la ruta con un mate hecho por Pablo y una cajita de alfajores artesanales. A lo largo de las temporadas que han pasado en la localidad, Ailán remarcó que “es increíble lo que ha avanzado a nivel construcción, a nivel casas y comercio principalmente. No solamente el centro comercial acá cerca de la plaza, sino por otros lados también. La verdad que ha crecido un montón y para bien”.
No solo el crecimiento de la localidad y el comercio, sino tantos años ofreciendo este servicio sobre la Calle 11 entre 26 y 28, Claromecó “ya es parte de nuestra vida, estar acá diecisiete años al frente del comercio y más de veinte de venir al balneario. Ya es parte de nuestra vida y creo que lo va a seguir siguiendo por mucho más”.
Azul Claro creció desde su idea original, con el cariño y la innovación constante que el mercado requiere, Pablo explicó que: “seguimos siempre manteniendo la misma línea de lo que fueron los otros dueños manejando a nivel comercial, con la producción tanto de alfajores como de chocolates caseros. En aquella época se hacían solamente dos sabores de alfajores, y en este momento nosotros estamos hablando de siete sabores que estamos ofreciendo al turismo y al público, conitos de dulce leche, bombones de fruta y también estamos con los mini alfajores, el alfajor clásico y el alfajor premium”.
Y el cambio hay que resaltarlo, porque mantener la esencia es algo que se busca siempre, pero lograr fusionarlo con la innovación es algo complicado de hacer. La necesidad de mutar para ofrecer un mejor servicio, para Pablo fue por “la misma gente, que te lleva a que vos hagas otros gustos, porque te preguntan por sabores diferentes. Tuve que reformar algunas máquinas, porque los dulces no es lo mismo que manejar el mismo dulce de leche, las toberas son diferentes, los picos son diferentes, hay que acomodar y reestructurar un poco la maquinaria”.
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En familia
Pablo no está solo en esto, comenzó con su esposa, y con los años que han pasado también han tomado protagonsimo sus hijos, abriendo camino también para la llegada de los nietos. En el local, además de Pablo “Trabajan mi señora y mis hijos, por lo que es chocolate, solo lo pruebo, hago la cata oficial (risas). Actualmente me dedico a lo que es la artesanía, pero estamos al frente todo”.
Ver a su familia crecer y formar este negocio familiar, trabajando codo a codo, para Pablo es “gratificante, porque esto, en aquel momento cuando nosotros nos hicimos cargo de esta firma, mis dos hijos eran chicos. Ahora tengo un tercer hijo, que tiene trece años, y mis otros hijos tienen 32 y 31. Y hoy por hoy están mis nietos de 13 y 10 años, que también están colaborando en este emprendimiento. O sea que el día de mañana es muy posible que sigan mis hijos o sigan mis nietos”.
La pasión al trabajar se contagia, y cada año Pablo y su familia entran a Azul Claro con las mismas ganas que hace 17 años atrás. Porque para Ailán “hagas lo que hagas, si no le pones pasión, onda o garra, no lo podés hacer, no vas a avanzar nunca o vas a retroceder”.
Para despedirse, Ailán recordó la vigencia con la que Azul Claro acompaña al turista y al claromequense, que desde “hace 39 años que la fábrica de alfajores está acá en Claromecó, es propia de este lugar. Pueden pasar por la 11 entre 26 y 28, que estamos con horarios amplios, desde las 8.30 hasta las 13.30 y desde las 16.30 hasta que la gente se vaya, no tenemos horario de cierre, cuando se va el ultimo, nosotros cerramos”.
