Blas Fernández hijo y una corvina negra que desafía al tiempo
No fue pescada en el concurso de las 24 Horas de la Corvina Negra, pero su imagen siempre sirvió para soñar con su captura
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/blas.jpeg)
En abril de 1971 su padre pescó un ejemplar que superó los 48 kilos –pesada diez horas después- y al día de hoy no hubo otra captura de costa que lo supere. En una nota con La Voz del Pueblo compartimos detalles de ese día, y una apasionada historia de vida ligada al mar
“Caminaba 200 metros para un lado, 200 para otro, es impresionante como cabecean y verlas a la luz de la luna cuando están en el agua y la arena -es toda plateada- es algo impagable que jamás se me va a borrar de la mente”, dijo Blas Fernández al recordar las noches de pesca con su padre, el pescador que extrajo la corvina negra más que se haya pescado a caña y reel, desde la costa.
No fue pescada en el concurso de las 24 Horas de la Corvina Negra, pero su imagen siempre sirvió para soñar con su captura y con ganar el premio del concurso del club Cazadores.
En un rincón de Punta Alta, el pasado se mantiene intacto y cubierto con agua de mar. Desde allí, Blas Fernández (hijo) custodia un tesoro que es, al mismo tiempo, un récord y un pedazo de historia familiar. Se trata de la corvina negra de 48 kilogramos que su padre, Blas, capturó en una noche mítica en Dunamar. Para Blas hijo, esa pieza embalsamada no es solo un trofeo, y un recuerdo de su padre, sino una gran razón que lo ligará por siempre al mar, un espacio que supo gozar y sufrir a lo largo de su vida.
Dos horas y media
La historia se remonta a un 27 de abril de 1971, cuando Blas Fernández -nacido en 1930 y socio vitalicio del Club Cazadores- se fue a pescar con amigos al Médano Verde, en Dunamar. Aquella noche tenía un equipo con el que hizo renegar a su esposa. Una caña alemana, un reel de lujo cargado con tanza del 60, plomada triángulo de 180 gramos y un solo anzuelo forjado envuelto en un “zocotroco” de ocho almejas atadas con alambre de cobre de cables viejos. “Tiraba 50 metros, más no podía tirar”, comentó.
“La peleó, la peleó hasta que la sacó y le explotó el reel”, recordó Blas con la emoción a flor de piel. La lucha duró dos horas y media. Cuando el monstruo finalmente quedó sobre la arena, los presentes no podían creerlo. Era tan larga que Blas padre se tiró en la arena para medirse con su captura.
Aquella corvina fue pesada “diez horas después” de su captura en el taller donde trabajaba su padre, acusó en la balanza 48 kilos. Y terminó siendo embalsamada en Gonzales Chaves por el ‘taxidermista Montes’, después que descartaran la idea de comerla.
Igualmente, el protagonista de esta nota recuerda haber comido exquisitas preparaciones con los grandes ejemplares que su padre pescaba y compartía con familia y amigos. “Las preparaban a la parrilla con fuego abajo y fuego arriba y mucho condimento, y hasta tenía el sabor parecido a un cordero. Era un bocado de corvina y negra y un trago de vino”, recordó como si lo estuviera reviviendo.
Refugio y psicólogo
Para Blas Fernández hijo, la pesca no es solo un recuerdo de la infancia en Copetonas, donde veía a su padre observar cómo las corvinas sacaban la cola fuera del agua mientras comían almejas a 30 metros, en la zona del “canal de la chola” que es ahora conocido como la microalbufera.
Más que un recuerdo es su forma de vida. Sobreviviente del hundimiento del Crucero General Belgrano en 1982, pasó 34 horas en una balsa en medio del Atlántico Sur, en una experiencia que le costó parte de sus pulmones y marcó su retiro como militar.
A pesar de haber enfrentado problemas de salud graves, como el cáncer, su forma en encarar la vida no tiene vueltas y lo explica con una pregunta y una respuesta. “¿Sabés cuál es el psicólogo más grande que hay? La orilla del mar”.
Eso explica que a sus 68 años de edad sigue armando brazoladas con la misma dedicación que le enseñó su viejo y también compra las entradas anticipadas para los concursos de pesca, moviéndose entre Orense, Claromecó y el Barco Hundido en busca del pique.
Un lazo que no se rompe
La corvina de 48 kilos tuvo su propio viaje. Fue donada originalmente al club de pesca de Reta, fue exhibida incluso en el Obelisco porteño antes de que Blas hijo la rescatara del club cuando estaba en ruinas para restaurarla y llevarla a su vitrina personal.
Sin embargo, el vínculo más profundo no está en la piel seca de la Negra más grande que se haya pescado –al menos en nuestra zona- a caña desde la costa, sino en las aguas donde sus padres descansan. Confió a este diario que cumplió la promesa que les hizo a sus viejos y esparció sus cenizas en el “Barco Hundido”, el lugar exacto donde su padre sacó la mayoría de sus grandes capturas.
Mientras hoy critica el ruido de los cuatriciclos y motos que espantan a los peces y añora aquellas noches de silencio y luna plateada, Blas Fernández hijo se prepara para el próximo concurso. Es el de hoy en Balneario Orense. Cuenta que nunca se queda quieto en el mismo lugar, recorre todos los sectores que puede, no se sienta a comer, solo toma agua, mate y galletitas. Asegura que no compite por los premios sino por la memoria y la pasión deportiva transmitida por su padre y que –se ve- el paso de los años no pudo oxidar.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión