Centenario de La Agrícola Ganadera: una cuestión de familia
Los directores de La Agrícola Ganadera tienen toda una vida de relación con la firma, vínculo que comenzaron padres, madres y abuelos, marcando el sentido de pertenencia que caracteriza a la empresa. Y sin dudas, uno de los pilares que explican una trayectoria que hoy llega a los 100 años
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Uno de los tantos encuentros para organizar los festejos por el Centenario de la firma, que se concretarán hoy al mediodía con un gran almuerzo en la Sociedad Rural de Tres Arroyos, sirvió para que los integrantes del directorio y otros productores muy identificados con La Agrícola Ganadera cuenten cómo empezó y cómo desarrollaron su relación con la firma. Todos tienen un factor común, los lazos familiares.
Para ellos, y así lo cuentan, La Agrícola es un bien de familia. Pasen y lean.
Cadete en Orense
La relación entre La Agrícola Ganadera y el actual presidente del directorio, Orlando Alberto Montenegro (Rulo para todos) comenzó en 1975, en la sucursal de Orense. “Después empecé a hacer tareas administrativas y en 1981 quedé a cargo de la representación de la firma. Yo era chico, tenía 17 años, pero como siempre me gustó la hacienda no me costó. Y empecé a hacer clientes, hasta que más adelante Carlos Uzcudún me ofreció comprar acciones de la empresa, acepté y empecé a venir a las reuniones de directorio y demás”, recuerda Rulo.
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Hace seis años pasó a ocupar la vicepresidencia y desde hace tres es el presidente. “Es un orgullo que me toque a mi estar en la presidencia cuando se cumplen los 100 años. Yo estoy vinculado con La Agrícola desde los 11; y obvio que llegar a esto nunca me lo imaginé”, asegura. “Tengo el honor de integrar dos instituciones centenarias, La Agrícola y el Club Alumni, del que también soy presidente”, agrega.
Respecto a la actualidad de la consignataria, Rulo indica: “Este es el rubro más difícil y La Agrícola se caracterizó siempre por la seriedad, por el compromiso y porque el día que tenía que cobrar el cliente estuviera la plata”.
Por último, el presidente agradece la tarea del personal: “La verdad es que estamos muy conformes, con los actuales y con los que ya se jubilaron, como Mario y Oscar, que fueron una garantía para la empresa. Y en la actualidad Jorge, Martín, Pocho, Claudio, ni hablar Daniel, y Mariela, la última incorporación que le ha dado mucha alegría a la empresa. Ellos, más los directores formamos un grupo hermoso, una gran familia, y nos llevamos de maravilla”.
Nieto, padre, hijo
Al vicepresidente Gastón Haugaard, La Agrícola Ganadera le corre por la sangre. “Mi abuelo y mi padre fueron presidentes, cargo que también ocupé yo. Relación comercial con la firma tuvo desde siempre, y a partir de 2015 me sumé como director suplente”, repasa.
“Sumarme al directorio fue todo un desafío porque yo no había estudiado, no me recibí, no soy profesional y me tocaba ser miembro de una empresa. Era algo impensado para mí. Y fue aprender de los que estaban, como Benito Ibsen, Alejandro Massigoge, Carlos Uzcudún, Claudio Pandolfo, todos intachables y capacitados”, explica.
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Para Gastón, una de las fortalezas que tuvo La Agrícola para llegar al centenario fue la previsión. “Siempre acá hubo gente involucrada, socios, gerentes, criadores, productores, todos con la misma mentalidad o la misma idea de progresar y mirar para adelante”, indica.
Le tocó ser el presidente de la pandemia, todo un desafío, porque fue la etapa en la que la comercialización de hacienda tuvo un giro de 180 grados. “Tuvimos que empezar a agiornarnos, a hacer cheques electrónicos, a filmar la hacienda, fue un cambio tremendo. Y pese a tener empleados de edad, que ya estaban a punto de jubilarse, se adaptaron a esos cambios y pudieron sacar la situación adelante”, reconoce.
Convencido de que es saludable para las instituciones la rotación de los cargos, cuando cumplió su mandato de tres años de presidente, dejó el cargo para que lo ocupara Rulo.
“¿Qué significa llegar a los 100 años? Un legado, una meta cumplida, un sueño de nuestros familiares, de nuestros antecesores, que seguramente nunca pensaron en que La Agrícola iba a llegar al centenario. Hay que pensar que cuando esto empezó no existían ni los camiones, la hacienda se movía a pie… Es mucho todo lo que pasó, y la firma sigue firme. No es poco”.
El vecino de la esquina
El primer contacto que tuvo Alejandro Miguel Massigoge con La Agrícola fue jugar en su vereda, allá por los años 50, ya que su casa familiar quedaba a media cuadra. “Y como pasaba todos los días por la puerta, ya conocía a todos los que trabajaban acá. Y mi papá ya tenía relación comercial con la firma”, recuerda.
A fines de la década del 70 ya se involucra él con la empresa, “en esos tiempos tenía un campo en Indio Rico y trabajaba con la sucursal de allá. Después ya nos vinimos para esta zona y seguimos trabajando con la oficina central”.
Massigoge nunca pensó en discontinuar su relación comercial con la firma de la que hasta hace un puñado de años integró el directorio. Y no tiene dudas, el principal activo de La Agrícola “es que siempre respetó la palabra. Siempre se le inculcó a la gente que trabajó acá la honestidad, la corrección. Por eso ha podido mantenerse vigente tantos años”.
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Para Alejandro es una gran satisfacción que su hijo, también llamado Alejandro, haya seguido la relación con le empresa y hoy sea parte del directorio. “Es un orgullo que él siga. Sobre todo porque la casa continúa por el mismo rumbo, con una conducta, sin dobleces. Y más en una actividad como esta, que es complicada”.
Orgullo de ser parte
Alejandro José Massigoge no dudó en sumarse como director de la firma cuando se padre decidió retirarse. “Para mí es un orgullo ser parte de La Agrícola. Y no es casualidad que la firma haya llegado hasta donde llegó. Lo hizo manteniendo los valores de los que la fundaron: la honestidad, la palabra”, comenta.
“No es casualidad que cantidades de productores vienen confiando, de distintas generaciones, yo tengo amigos que sus abuelos ya trabajaban con La Agrícola. Y eso porque se sentían y se sienten seguros y bien tratados”, explica.
En el nombre de la madre
En el caso de Miguel Llopis, quien integra el directorio desde 2024, el legado de La Agrícola le llegó por vía materna. “Mi madre empezó a trabajar con la firma a mediados de los 80, y yo después decidí seguir la relación comercial. Y lo hice porque la verdad que siempre nos hemos sentido cómodos y siempre hemos recibido un excelente trato por parte del personal. Además de buscarnos en cada oportunidad el mejor negocio para nuestra hacienda”, explica.
Para Miguel integrarse al directorio fue una responsabilidad, y formar ser uno de los directores en el año del centenario le suma aún más compromiso. “Uno se tiene que enfocar en cumplir con los valores y transitar el camino que plantearon los fundadores. Porque justamente eso es lo que hace interesante formar parte de La Agrícola”, cuenta.

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