Ciclogénesis en Marisol: “el mar hizo lo que quiso”
Así se expresó el subdelegado Silvio Traverso después que las lluvias, vientos y mareas impactaran en las playas dorreguenses. Al no tener el frente costero intervenido por infraestructura, el daño se produjo por acumulación de arena en la Costanera y por el ingreso de mucha agua de mar y del río en la localidad
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El balneario Marisol padeció un fin de semana en el que se potenciaron los vientos costeros con su impacto en las mareas y la crecida del río Quequén Salado, por exceso hídrico de las lluvias producidas en la región y en el contexto de la ciclogénesis que se hizo sentir en buena parte de la provincia pero especialmente en la costa bonaerense.
En el destino turístico de playa dorreguense, el fenómeno meteorológico dejó una postal de calles anegadas y médanos borrados por la fuerza del agua. El impacto fue sólo en la naturaleza porque la localidad no tiene infraestructura desarrollada en el frente costero.
El subdelegado, Silvio Traverso, habló con La Voz del Pueblo y expresó que la experiencia fue una lección de humildad frente a la naturaleza: “El mar hizo lo que quiso en esta sudestada, rompiendo cosas y pasando el récord de otras anteriores”, sentenció.
Tormenta con tres frentes
Lo que diferencia la situación de Marisol de otros balnearios vecinos es su geografía al encontrarse frente al mar y sobre un gran curso de agua.
Según explicó Traverso el balneario sufrió los golpes simultáneos de tres fenómenos a partir de las lluvias intensas de hasta 130 mm en la cuenca alta que hicieron bajar el Río Quequén Salado a “pasos agigantados”, olas de 2 metros en la costa, y vientos sostenidos de 60 km/h con ráfagas que alcanzaron los 85 km/h.
Esta combinación provocó que el desborde del río fuera uno de los más grandes de los que se tenga registro, provocando un enorme ingreso de agua dulce en el casco urbano.
“Ya estábamos semiinundados con agua dulce cuando llegó la marea del viernes a las 22; fue tremenda, no la podíamos atajar con nada”, relató el funcionario que comenzó su gestión el reciente 1 de marzo.
Calles e infraestructura
Al caminar hoy por Marisol se observa que el agua quedó “encajonada” en las zonas bajas, como cerca de la plaza, donde el drenaje es casi imposible debido a que las napas freáticas se encuentran a apenas 50 o 60 centímetros de la superficie.
En este sentidoTraverso señaló que, aunque cuentan con maquinaria, es imposible trabajar en esas condiciones porque el suelo no ofrece tracción. “En la huella de la máquina ya brotaba el agua”, sostuvo.
Además del agua el viento pampero cubrió la costanera y los estacionamientos con una capa de arena que en algunos sectores alcanza los 40 centímetros, dejando las calles intransitables para vehículos que no tengan tracción integral.
“Ahora estamos peor que nunca….todo lo que acomodás se desacomoda”, lamentó el subdelegado al referirse al esfuerzo de meses de trabajo que la tormenta borró en pocas horas.
Saldo y reconstrucción
A pesar de la magnitud del fenómeno, Traverso destacó que los daños en viviendas fueron mínimos gracias a que hay pocas construcciones cerca de la costa y muchas casas en las zonas afectadas estaban desocupadas por la temporada.
No obstante la infraestructura de madera como escaleras y rampas, sufrió graves daños y el frente costero quedó irreconocible.
“Cerca de la desembocadura parece un desierto; el mar se comió los médanos y quedó todo plano”, describió con asombro.
Pensando en el futuro y considerando que el invierno recién comienza, el subdelegado decidió cambiar de estrategia.
Tras observar el comportamiento del mar durante estos días críticos, concluyó que contra el mar abierto no hay obra que alcance. “Para las próximas, en lo que sea Marisol a mar abierto, no voy a hacer nada más que prevenir y estar alerta; me estoy dando cuenta de que todo lo que hacés se rompe”, expresó después de haber intentado contener el agua con terraplenes en diferentes oportunidades.
Por ahora, la prioridad es limpiar los desechos que el mar depositó en la costa y esperar a que el suelo seque para devolverle al balneario su fisonomía habitual.
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