Cómo reinventarse cuando el mercado laboral se achica
Ana Lelú, técnica contable con 20 años de trayectoria, transformó un despido inesperado en el impulso para diversificarse
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La historia de Ana Lelú es, en muchos sentidos, el espejo de una clase media trabajadora que hoy debe recalibrar sus ambiciones ante la inestabilidad del mapa productivo. Tandilense de origen pero tresarroyense por adopción desde hace 15 años, Ana construyó en esta ciudad su hogar y su carrera. Técnica en administración contable y trabajadora incansable desde los 17 años, su currículum siempre fue una escalera ascendente.
Sin embargo, recientemente, el contexto económico local y nacional le presentó un escenario inédito: el fin de una relación laboral que mantenía desde 2022.
“Siempre he buscado trabajo con el objetivo de crecer en lo laboral y en lo económico; siempre me he ido en busca de oportunidades mejores. Es la primera vez que me despiden”, confiesa con una serenidad que sorprende. Ana prefiere resguardar el nombre de la firma de la que fue desvinculada, pero no elude el análisis de fondo. Lejos del resentimiento, su mirada es la de quien entiende las reglas de un juego que se ha vuelto hostil para ambas partes.
“Uno tiene que ser consciente en la época que vive y cómo está el país, donde tanto las empresas como los trabajadores hemos sufrido las consecuencias de las malas políticas. Más allá de las creencias políticas, creo que muchas empresas se han visto perjudicadas y han tenido que tomar decisiones de despedir gente. Uno tiene que ser consciente del momento que está viviendo”, reflexiona con pragmatismo.
El día después
Esa consciencia fue la que evitó el colapso emocional el "día después". En lugar de la desesperación, Ana eligió la pausa estratégica.
“Traté de no estresarme, de no salir desesperada a buscar trabajo. Me detuve a pensar qué quiero hacer o a qué le puedo apuntar. A veces uno sale a tirar currículums por todos lados y no sabe ni a qué empresa se está dirigiendo”, explica. En ese silencio creativo, descubrió que estar "puertas adentro" de una oficina le impedía ver un abanico de opciones que el mercado, aunque achicado, todavía ofrece a quienes tienen oficio.
Su diagnóstico sobre el presente de Tres Arroyos coincide con los datos oficiales: “He visto baja oferta y mucha demanda de trabajo. Veo mucha gente pidiendo de lo que sea y pocos buscando trabajadores”. Ante ese cuello de botella, Ana aplicó la máxima de que “hay que sembrar para después cosechar”. Su cosecha llegó por partida doble.
Por un lado, la validación de su trayectoria le permitió reinsertarse rápidamente: “Tuve la suerte de conseguir un trabajo por recomendación; estoy agradecida de contar con alguien que te reconozca, porque significa que algo bien hiciste”. Pero la verdadera reinvención vino de la mano de la diversificación. Hoy reparte esa energía “extra” entre un emprendimiento de bebidas saludables denominado Fuxion (se la puede encontrar en redes sociales como “Fuxionrevitalis”) y la consultora Valabela, dedicada al tratamiento de personal.
Para Ana, el despido no fue un muro, “en lo personal no lo tomé mal, sino que me dije: ‘A arrancar de vuelta, a emprender, a ir en busca de otras opciones que, por ahí centrado en el trabajo, uno no ve’”.
Su testimonio queda como una hoja de ruta para quienes hoy atraviesan la incertidumbre en el distrito: la red de contactos y la capacidad de diversificarse son, hoy más que nunca, las mejores herramientas de supervivencia.

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