Con El Niño confirmado, lo que hay que saber para evitar sorpresas
Especialistas del INTA y el licenciado Leonardo De Benedictis se refieren a las oportunidades y los riesgos que presenta la campaña 2026/27 a partir de la tendencia climática. ¿Por qué se habla del “súper Niño”?
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A la hora de tomar decisiones agronómicas, hay cuestiones que inclinan la balanza. El clima es ciertamente una de las variables centrales, y de cara al inicio de la campaña fina 2026/27, la información sobre qué nos deparará desde lo climático se transforma en un insumo más. En este marco, es relevante lo publicado recientemente por el INTA: la tendencia climática confirmó que, a partir de la primavera, se podrían registrar precipitaciones por encima de lo normal en gran parte del territorio nacional.
Frente a este escenario, especialistas del Instituto de Clima y Agua del INTA y el licenciado Leonardo De Benedictis brindan claves agroclimáticas para transitar un evento que regionaliza los excesos hídricos. Para esto, destacan la importancia de monitorear la evolución del fenómeno para una toma de decisiones eficiente y oportuna.
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Las últimas actualizaciones de los centros internaciones indican que el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur está en formación, con más del 80% de probabilidades de establecerse durante el periodo junio-agosto.
Si bien aclaró que la relación entre estos eventos y los rendimientos en los cultivos de invierno no se da de forma tan marcada como en los cultivos de verano, Leonardo De Benedictis indicó que es algo a tener en cuenta. Este año, en particular, muchos pronósticos estimaron la llegada de un “súper Niño”.
“Se está pronosticando un aumento en la temperatura de la superficie de agua de mar en la zona del Pacífico Central. Eso es la definición de El Niño”, explicó De Benedictis.
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Respecto a las versiones de que estaríamos ante un “súper Niño”, señaló: “Algo de realidad tiene. Se están pronosticando temperaturas en el mar muy por encima de los promedios, en torno a los 3 grados. Piensen que es uno de los océanos más grandes del mundo. La energía que hay que entregarle a ese volumen de agua para que suba esos grados es mucha. Cuando pasa a la atmósfera eso empieza a generar grandes eventos de lluvia en algunos sectores, mientras que en otros hay sequía”.
Qué esperar de El Niño
Según explicó Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN), “los extremos de excesos hídricos se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas, mientras que vastas áreas productivas transitan estos ciclos con condiciones favorables e incluso excepcionales para la producción durante los años El Niño y post El Niño”.
Asimismo, afirmó que “se debe tener en cuenta que la señal o impacto de un fenómeno El Niño ya establecido históricamente es diferente para cada región, dado que las diferentes zonas de nuestro país tienen diferente impacto en el régimen de lluvias y temperaturas durante este fenómeno”.
Por su parte, Natalia Gattinoni, meteoróloga del Instituto de Clima y Agua del INTA, anticipó que, “para el trimestre junio-julio-agosto, se prevé una mayor probabilidad de que las precipitaciones acumuladas se ubiquen dentro del rango medio o normal para la época, incluso con chances de superar los valores históricos en las provincias del centro y norte del país”.
Por el contrario, existen áreas del norte de región Pampeana y Cuyo, donde son mayores las probabilidades de transitar un trimestre con precipitaciones normales a inferiores al promedio.
Además, Mercuri reconoció que mientras los extremos de excesos hídricos se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas, hay numerosas áreas productivas que transitan estos ciclos, marcados con una tendencia a año El Niño, con condiciones favorables e incluso excepcionales para la producción.
En ese sentido, De Benedictis aportó: “El impacto de El Niño depende la región, del mes, de la época del año que estemos transitando y de la zona de del país y también del mundo. Porque cada zona a nivel mundial también tiene impactos diferentes. En algunos lleva grandes lluvias, en otros lleva sequías”.
Mientras que respecto a las situaciones de riesgo hídrico, Mercuri indicó que en el caso de las grandes cuencas como la de los ríos Paraná, Paraguay, Uruguay, y sus arroyos y ríos subsidiario, podrían presentar situaciones de riesgo a todas las producciones y poblaciones rurales de zonas aledañas y planos fluviales dada la suba en altura y el aumento del caudal de estos cursos de agua.
Y agregó: “Una consolidación temprana, durante el invierno de El Niño, podría también generar lluvias por encima de lo normal en el centro-este de Buenos Aires incluyendo todo el ámbito de la cuenca del río Salado”.
De Benedictis, en su columna de CAMPO total radio, propuso que cada productor e Ingeniero repasen cómo fueron las campañas 1982/83, 1997/98 y 2015/16. “Esas tres campañas fueron con evento El niño muy fuerte. Ver qué ocurrió en esos ciclos, qué nos pasó, cómo veníamos, cómo fueron las lluvias. Eso nos va a ayudar”.
“Si hablamos a nivel general, fueron campañas muy lluviosas. quedan en el recuerdo, por ejemplo, las grandes crecidas del río Paraná, porque fueron épocas de mucha actividad de lluvias en el Litoral, no fue en todos los lugares igual, con precipitaciones arriba de los promedios”, completó.
Entender El Niño
La intensidad del fenómeno se relaciona con qué tan cálido puedo volverse el área del océano que se monitorea. En ese sentido, Gattinoni explicó: “El Niño, históricamente, tiene un ciclo de vida que podría comenzar durante el trimestre de abril a junio, con una intensidad débil e ir incrementando su intensidad hacia la primavera”.
Es decir, “según los pronósticos actuales, para esa época hay chances iguales de que sea moderado, fuerte o muy fuerte, dada la incertidumbre que todavía presenta el sistema de pronóstico”.
Luego de insistir que el impacto no será igual en todas las regiones, el climatólogo aclaró: “Lo que sí está claro que es un evento que tiene un potencial importante de desarrollo, es decir, hay muchas probabilidades de que se dé un evento El Niño fuerte, pero eso no necesariamente implica que las consecuencias en todos los lugares van a ser intensas”.
“Entonces, eso es lo que tenemos que ir vigilando y saber qué consecuencias son normales en nuestra zona si se llega a dar un evento muy fuerte. Y prepararnos, planificar, que es el objetivo que tenemos nosotros cuando hacemos un pronóstico a largo plazo”, completó.
La especialista Gattinoni recorrió el mismo camino: “La intensidad del fenómeno -no necesariamente- se asocia con mayores lluvias o impacto, e incluso depende de la región y época del año donde nos encontremos”. En ese sentido, aclaró: “Una clave para tomar decisiones es conocer cómo las lluvias de nuestra región respondieron a los Niño anteriores”.
Según Mercuri, la experiencia obtenida a partir de eventos anteriores, “como los ocurridos en 1997/98, 2009/10 y 2015/16, todos clasificados de fuerte intensidad”, demuestra que la clave está en la anticipación. “La diferencia entre sufrir daños y pérdidas o capitalizar las oportunidades que generan estos fenómenos depende de tomar decisiones preventivas y planificar con tiempo”, señaló.
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En zonas bajas y deprimidas, la prioridad es prevenir y considerar el mayor riesgo de siembras en sectores anegables, monitorear napas, asegurar la evacuación de agua, y en ganadería prever traslado de hacienda y sanidad preventiva.
En media loma, el escenario es mixto: aprovechar la buena disponibilidad hídrica eligiendo cultivos y fechas de siembra que no queden expuestos a encharcamientos prolongados.
En lomas y posiciones bien drenadas, la oportunidad productiva es máxima: concentrar la estrategia agronómica en el rendimiento con decisiones para privilegiar el alto potencial. También son las posiciones y lotes a elegir en planteos ganaderos para la concentración de hacienda ante el eventual anegamiento, para pastoreo diferido o almacenamiento de reservas de pasto.
Invierno cálido
En cuanto a las temperaturas, y hablando del mediano plazo, se prevé una mayor probabilidad de que las temperaturas medias del trimestre de invierno, es decir, junio, julio y agosto, se ubiquen entre valores superiores a lo normal en todo el país. De Benedictis destacó que “no se espera un invierno extremo ni demasiado frío”.
“A pesar de este preámbulo que hemos tenido en mayo, que ha sido un mes frío, con bajas temperaturas, con frecuencia heladas, el periodo del invierno no se espera que sea tan agresivo. Al contrario, se espera que sea relativamente templado”, indicó.
Entonces, “si bien la primera quincena de junio todavía puede tener una tendencia de valores por debajo de los promedios, el resto del mes en general se va a mantener con temperaturas por arriba de los niveles medios, o levemente por encima, especialmente el sur de la provincia de Buenos Aires”.
Cuando nos vamos a julio y agosto, las tendencias “al menos al día de hoy” están mostrando temperaturas más elevadas que los promedios. “Tanto julio como agosto mostrarían un invierno ‘templado’, relativamente benévolo. No es que va a hacer calor, sino que la presencia de heladas y la persistencia de fenómenos intensos y abultados, no va a ser tan frecuente, estarían por debajo del promedio histórico”, concluyó.

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