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      Con una ayuda de mis amigos

      11 de mayo de 2024 | 07:04
      Con una ayuda de mis amigos
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      La lucha de Silvia Thostrup por recuperar la escuela de Gimnasia que el temporal le arrancó de su vida, continúa con un gesto desinteresado de Roberto Goizueta, quien le prestó un espacio en Stadium para hacer parte del trabajo. Un favor con el que busca darle una mano a quien está en donde él ya estuvo en 2021, cuando una explosión lo dejó sin su gimnasio de calle Colón, en 2001

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      Por Enrique Mendiberri

       

      Hace 22 años, en la madrugada del 28 de junio de 2001, Roberto Goizueta recibía un llamado telefónico que lo dejó helado. Su céntrico gimnasio de la calle Colón, el más grande de la ciudad en aquellos años de desarrollo incipiente de ese servicio, había sido destruido por una explosión originada en una pérdida de gas.

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      En cuestión de segundos, los sueños del profesor habían volado por el aire y sólo quedaban ruinas en los altos de Colón 342.

       

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      Hoy, a poco de cumplirse 23 años de aquella anécdota dramática, Roberto le pone el hombro a una colega que pasa por una situación parecida, la profesora Silvia Thostrup, a quien le cedió un espacio en su gimnasio para que el grupo de competencia realice las tareas complementarias de sus series en los cuatro aparatos de ese deporte.

       

      Es sabido que la creadora de Círculo de Gimnasia de Tres Arroyos sufrió las consecuencias devastadoras del temporal del pasado 16 de diciembre, cuando el techo del Centro Estrada cayó sobre su centro de entrenamiento de gimnasia artística y, no solo dejó a 183 alumnas sin su deporte favorito, sino que postergó la ascendente carrera de un grupo de competencia con cuatro gimnastas de nivel 9, que este año planeaban sortear el desafío de ser elite; el nivel que abre la puertas a la selección nacional y los torneos internacionales.

       

      “Después  de 40 años de trayectoria, Tres Arroyos no puede quedarse sin escuela de gimnasia deportiva por falta de espacio. Sería una locura. Es un servicio educativo muy difícil de tener. Hay muy pocos lugares en el país con una escuela como esta. Hay lugares, solo falta que se decidan a alquilarlo”, dice enseguida el titular de Stadium, refiriéndose al peligro que corre la práctica de gimnasia a medida que sus protagonistas pasan los días inactivas.

      Las chicas de Silvia Thostrup entrenan en uno de los espacios cedidos por Roberto Goizueta en Stadium

      Después de recordar cómo surgió la posibilidad de “utilizar uno de los espacios cuando no esté ocupado”, Roberto Goizueta hizo referencia a su triste historia, la cual superó con la ayuda de sus amigos y hoy ya es una anécdota que, a pesar de no querer remover mucho, entiende la conexión con lo que le pasa a Silvia y la usa para alentarla.

       

      “A mí en el año 2001 se me incendió el gimnasio y mis vecinos me prestaron cosas que necesitaba. Raúl Tormes me prestó el local que tenía frente al gimnasio y el Chivo Rivada me prestó otro. Yo tenía el gimnasio incendiado y destruído y no tenía a dónde ir a parar. En esta oportunidad,  es lo menos que puedo hacer, prestarle las instalaciones (a Silvia) para que haga ese poquito. Yo no estoy haciendo nada, más que cederle ese lugar”, dijo relacionando el drama de Silvia con su propia experiencia en 2001.

       

      Para Roberto, lo que pasa con su colega es triste y su ayuda, apenas un escalón en el largo trayecto ascendente que le plantea la actualidad, “con Silvia somos compañeros desde que se creó el Centro de Educación Física, conozco toda la historia del Círculo de Gimnasia, conozco todo lo que han hecho, así que mi participación es esta. Sencillamente viene Silvia con sus chicas y aprovecha lo que yo le puedo ofrecer hasta que en algún momento se resuelva”, describió.

      “Después  de 40 años de trayectoria, Tres Arroyos no puede quedarse sin escuela de gimnasia deportiva por falta de espacio. Sería una locura”

      Roberto Goizueta

      Volver más grande

       

      Para Roberto Goizueta, la mano que le dio Tres Arroyos en aquellos turbulentos meses de 2001 es tan clave como bisagra en el destino al que fue arrastrado por la corriente de la amistad, “yo lo tomo con naturalidad porque uno en la vida nunca hace las cosas solo. El ego a veces a las personas las hace dimensionar como que los éxitos son de uno mismo. Como que el contexto no existe. Todo lo contrario, todos hacemos un esfuerzo y gracias a Dios, siempre hay gente que acompaña, ayuda y comparte los objetivos de uno. Y uno, gracias a eso, obtiene grandes logros. Silvia ha demostrado lo que ha demostrado, y yo estoy súper contento con lo que hago y agradecido a la ciudad de Tres Arroyos por todo lo que me ha dado y lo que tengo. Así que siempre que le puedo dar una mano, se la doy. Al menos hasta que Silvia pueda encontrar un lugarcito donde poder estar”.

       

      Pero ¿cuánto de “volver más grande” tiene la historia de Roberto Goizueta, “pasó lo que pasó. En ese momento, hace 22 años, Tres Arroyos no tenía gran cantidad de gimnasios, y este fue importante porque tenía 50 metros de fondo por 10 o 20 de frente. Pero nosotros, para desarrollar otras cosas, necesitamos ayuda. A través de ese incendio, que nos costó mucho esfuerzo, lágrimas y otras cosas, nos ayudaron y nos permitieron comprar este lugar que tiene 1200 metros, un lugar enorme, que me llevó a estar recontra satisfecho. De una desgracia, a un crecimiento. Esto sí es como la V”, dijo parafraseando con humor a los economistas de la actualidad, cuando se refieren con teorías gráficas a un hipotético crecimiento del país.

       

      Y enseguida, se acuerda de su amiga, la colega que hoy pasa un momento difícil y que, desea con fuerza, que viva su misma experiencia, “por ahí, que ahora por motivos accidentales, no cuentes con un lugar nuevo, cuando lo encuentres, tal vez vuelvas a crecer con más fuerza todavía. El problema sería que el líder se baje. Pero a Silvia, de ninguna manera la vas a ver bajando los brazos”, remarcó.

      Aparecen los gestos

       

      Silvia Thostrup camina despacio sobre las gomas de un sector de Stadium. Tiene mucho que hacer, pero va despacio. Así es el plan que lleva adelante con sus chicas.

       

      Recibió la afiliación 2024 sin cargo por parte de la Federación Bonaerense de Gimnasia, un gesto que se suma al de Roberto Goizueta, mientras una sociedad ansía ver una noticia que destaque el fin de esta necesidad.

       

      “Aparecen los gestos, ante la necesidad y porque en realidad el tiempo ya no está como para estar entrenando en la calle. Necesitamos hacer algo más de educación física. Por eso, consultando a mi amigo Roberto, estudiamos la posibilidad de venir para hacer preparación física, y no dudó en dejarnos venir”, recordó.

       

      Antes de despedirse, la profesora tresarroyense se refirió a la manera en que continúa la búsqueda de su lugar, “siempre aparecen posibilidades que dejan  de serlo ante la negativa de mucha gente que, por ahí, no se anima, no quiere alquilar. Un poco parte de la especulación inmobiliaria, pero, en el caso de esas propiedades deshabitadas y sin uso, nuestra propuesta es restaurarlos y hacerlos usables. Armar lo que haga falta. Pero bueno, existe la posibilidad si esas personas que tienen galpones, no tuvieran solo la idea de vender, aunque hace 10 años que están cerrados”, concluyó.

      Un ejemplo a imitar

       

      Por Ramona Maciel

       

      Rememorando los inconvenientes que nos trajo el temporal del sábado 16 de diciembre, aparte de toda la gente que se quedó sin casa; de las voladuras de techos, de las caídas de árboles, el corte de energía eléctrica que en muchos casos, duro bastante más de los esperado y muchísimas cosas más que todos preferimos olvidar; Tres Arroyos perdió un lugar que durante años, fue centro de actividades y encuentros deportivos y artísticos.

       

      Tambien en épocas de crisis sirvió de lugar para ferias, trabajadores artesanales y muchas otras propuestas comunitarias. Además allí tuvieron sus clases de educación física, en una época, alumnos del ex Colegio Nacional.



      Estoy hablando del Centro Estrada, lugar que fue un símbolo en Tres Arroyos de albergue y contención.

       

      Lamentablemente el temporal se lo llevó… y todos sentimos que nos quedábamos un poco huérfanos, al ver sus muros endebles con esos grandes ventanales, ahora vacíos, que nos decían adiós.

       

      Una de las más perjudicadas fue la Profesora Silvia Thostrup, cuya escuela de gimnastas funcionaba ahi. No solo perdió su “lugar”, sino perdió parte de los materiales, y la verdad que se sintió desamparada.

       

      Por eso, no quería dejar de hacer hincapié en la muy valiosa decisión del Profesor Roberto Goizueta, pionero en esto del deporte y precursor en la materia con su querido gimnasio Stadium, todo un ejemplo de perseverancia y organización.

       

      Se me ocurre que Roberto, que tambien sufrió la pérdida de su lugar cuando un incendio se llevó el viejo gimnasio de la calle Colon, quiso devolver un poco todo lo que recibió en esos momentos de angustia y desolación.

       

      Pienso que prestarle el lugar a Silvia para desarrollar sus actividades en Stadium, en forma desinteresada y anónima,  es una actitud muy noble, que nos demuestra que no todo está perdido, que la solidaridad existe, la unión hace la fuerza y hoy, que estamos todos mal, nerviosos, angustiados, porque la plata no alcanza, las cosas suben, el trabajo escasea; debemos mirar para adelante dejando las dificultades al costado y valorar estos gestos, como el de Roberto más que nunca, porque la solidaridad y la empatía, son las cosas que nos van salvar para ser una sociedad mejor, y un país mejor.

       

      ¡Sigamos este ejemplo!

       

      Ahora la oportunidad depende de cada uno, y el reconocimiento público de esta valiosa actitud..

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      • temporal
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