Cuentos en las Orejas: 15 años poniendo el cuerpo y la voz
Pasaron por diferentes soportes hasta encontrar su método preferido en la narración oral, que a su vez les permitió ampliar su vínculo con la gente y editar dos libros. Están estrenando nuevo show y preparan una gira por el país
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Federico Barroso Lelouche y Laura Parraquini son nacidos y criados en Tres Arroyos, se formaron profesionalmente en La Plata y trabajan juntos desde finales de los ´90. Cada verano traían sus propuestas hasta Claromecó, les gustó la paz de un pueblo y desde el 2010 viven en San Francisco de Bellocq junto a sus dos hijos.
Federico y Laura hacen teatro desde la adolescencia, pero tuvieron su formación académica en Buenos Aires y volvían a la ciudad natal con sus proyectos audiovisuales que se gestaron a partir de una cooperativa denominada Humus. Él recordó que con la productora “durante muchos años hicimos cine, muchos cortos, un largometraje rodado íntegramente en Claromecó, llamado ´Básicamente un pozo´ con la actuación del ya fallecido Alberto ´Beto´ Pereyra”.
Para Laura, esos años de cine fueron “de mucho trabajo porque traíamos esos materiales pero también cosas teatrales, así que siempre viajábamos con mucho equipaje. Un año estábamos de vacaciones en Claromecó, terminamos de presentar una obra y nos preguntamos qué podíamos hacer que requiera menos equipaje, y ahí nació la idea de empezar a hacer narración oral, algo que conocíamos por nuestra formación en Buenos Aires”.
Para explicar de dónde surgió utilizar solo los recursos que tenían a mano, Barroso agregó que “el cuerpo y la voz es la síntesis más hermosa que puede haber, es lo mínimo, a la vez era un desafío venir de contar a través de múltiples recursos, incluso audiovisuales, a contar con lo mínimo indispensable. Fue un desafío y nos gustó, empezamos a trabajar en ese formato desde el 2010 hasta la actualidad”.
Una de las primeras aventuras en esa modalidad sucedió en “enero de 2011, llegamos para estrenar ´Cuentos en las orejas, historias antes de irte a dormir´. Fue un año que la biblioteca de Claromecó, Bernardo Houssay, funcionó frente al mar, porque estaba arriba de la delegación municipal. Ese lugar lo tenían que dejar y se mudaron frente al mar, donde había sido históricamente la sala de primeros auxilios y el CAPS. Funcionó ahí 2 años y nosotros quedamos maravillados de contar nuestras historias frente al mar.
Así fueron los primeros pasos de un dúo que cumple 15 años de vida, una situación que se daba de manera natural porque “la gente iba a las nueve de la noche a escuchar una historia. Durante todo enero fue alucinante, hicimos 8 funciones y estábamos fascinados” contó entusiasmado Barroso.
Por su parte, Parraquini remarcó que “siempre fue una propuesta abierta a la familia y cada vez lo reforzamos más. Nuestra propuesta no es teatro infantil, no es narración para las infancias, sino que es para la familia y para todo público que no tengan infancias en la casa, pueden regalarse un tiempo de escucha, de imaginar, de ir a través de la escucha de la palabra, nada más y nada menos. Poder abrir ese mundo de la imaginación que cada uno se va metiendo en esa historia”.
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Algo más: un libro
Federico deja bien en claro que “la gente queda encantada y agradecida y quiere llevarse algo material, entonces nos sugirieron editar los cuentos en papel, fue un vecino que ya no vive más, Arnie Noejovich, nos propuso la idea, y ahí nomás nos pusimos manos a la obra con una amiga que es ilustradora logramos editar dos libros en formato papel”.
Con esta novedad, la función terminaba y “la gente se llevaba los libros en formato papel, algo que sigue ocurriendo. Y en ocasiones, la gente nos llamaba para ir a narrar, porque nos descubría a través del libro ya sea porque lo vio en una librería o en cualquier otro lugar. Eso estuvo muy bueno” recordó Barroso.
La técnica que emplean es de las primeras que utilizó la humanidad para comunicar, por eso cuentan con dos formatos para el público “uno es el vivo y otro el papel, al margen de improvisar o no, la estructura de la palabra se forma de otra manera en cada soporte. La mirada construye el relato, es algo que sucede en vivo, el registro de la palabra puede variar o no. No se puede repetir, por más que me sepa la letra de memoria o igual, los tiempos, las entonaciones, la cadencia es distinta”.
Laura señaló que “el formato papel es distinto, es diferente. Es una adaptación, si se quiere. Después, durante la pandemia, subimos algunas historias, algunas rimas con juego de dedos a nuestras redes, a nuestro Instagram y demás, pero no es un formato que elijamos para seguir contando. Nos parece que la propuesta que traemos invita a desconectar. A conectarse con el hecho en vivo y a desconectar con el hecho mediado a través de una pantalla”.
Si bien tienen en claro que “uno se puede emocionar con el formato video, con una película, en nuestras funciones hay una emoción que va y viene, un sentimiento, una devolución de lo que se está viendo, algo que la pantalla no lo trasmite. Cuando los adultos y las infancias dejan los aparatos tecnológicos, su celu, su Tablet, aparece una conexión diferente, que está todavía latente. Se ingresa en un mundo sumamente rico, apostamos a eso, sabemos que nos hace bien a nosotros, como personas adultas, como familia, como madre, padre, que críamos de esa forma. Invitamos a la conexión con la naturaleza, del ambiente que nos rodea, con las personas que tengo al lado. Sin desmerecer todos los beneficios que nos trajo la tecnología, entendemos que es una herramienta que está buena para ser usada con la precaución con la que uno usa cualquier instrumento y adecuada para lo que es”.
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Una forma de vida
es una especie de lema que tenemos, o de leitmotiv, o como se llame, el hecho de ir hacia la búsqueda de la esencia y de lo sencillo. Incluso en la puesta en escena solo usamos el cuerpo y la voz. La voz cantada, la voz hablada, la voz susurrada, la voz— Pero no usamos escenografía, no usamos ningún recurso. Incluso como si fuese una— como una condición que nos ponemos para ejercitar la búsqueda de la sencillez, porque sabemos que lo pequeño es hermoso.
Federico expresa sus sentimientos y su convicción en cada palabra, en cada pensamiento y reafirma la dirección del proyecto porque “hacia ahí va la apuesta, con los tiempos que tenemos como animal de esta naturaleza que somos, el animal humano, con los tiempos orgánicos que merecemos. Y eso, a ver, es una intuición que llevamos adelante y que vemos que funciona. Después de 15 años de trabajo, hay un aprendizaje, una escucha de qué le pasa al público. Nosotros vivimos por elección desde hace 13 años en San Francisco de Bellocq. Después de haber vivido casi la misma cantidad de años en la metrópoli más grande de nuestro país, que es Ciudad de Buenos Aires”.
Según Laura, se trata de “una búsqueda. Creo que necesitábamos equilibrar la balanza. Y esa vida, por elección nos traza por completo y nosotros expresamos en escena nuestra vida. Los cuentos que contamos hablan de nuestra realidad, de la realidad de nuestros hijos, de los pibes que vemos a diario”.
En relación a la planificación del año, comentaron que “tenemos ganas de ir al Sur del país, ya que tenemos muchas invitaciones para salir, de otras provincias, otros países también a veces es más fácil y otras no, tenés que armar toda una gira. A veces es destinar el tiempo para poder hacerlo, nuestra vida en familia lo permite más o menos, vivimos de esto que hacemos y a la vez en San Francisco de Bellocq tenemos actividades como talleres y demás sobre juegos, teatro, para tercera edad, estimulación cognitiva” describió Federico.
Laura Parraquini es terapista ocupacional entonces “también atiendo infancias, las familias, tengo consultorio en Bellocq, en Tres Arroyos. Acompaño familias en el desarrollo de sus niños o niñas que tienen diferentes necesidades y estamos muy activos en la comunidad belloquera: en la biblioteca, el jardín de infantes donde hacemos rondas de narración semanales dentro de las instituciones, trabajamos en el centro de jubilados, son formatos que nos permiten viajar muchísimo”.

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