De Bolívar a La Plata y Claromecó; el arquitecto que da servicios de playa
El responsable de la concesión de Posta del Faro en Claromecó, Agustín Gómez Ferrari, recibió a La Voz del Pueblo y compartió su experiencia personal al frente de un espacio que se renueva mientras dice adiós
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Agustín Gómez Ferrari nació en la ciudad de Bolívar donde pasó su infancia y adolescencia hasta que le llegó la hora de migrar hacia La Plata, la capital provincial en busca de cumplir con su deseo de ser arquitecto.
Con el placer de haber vivido en un lugar de 40.000 habitantes, aproximadamente, pero con corazón y alma de pueblo, decidió partir para seguir su primera vocación.
Con la sencillez y empatía que lo caracteriza logró formar vínculos los platenses y encontrarse en un punto medio entre estar en una localidad pequeña a una gran urbe, como lo es Buenos Aires. De este modo alcanzó el equilibrio entre estas dos posibilidades.
En su pueblo natal, como estudiante de una Secundaria Técnica, comenzó con un taller de herrería. Alentado por un amigo que insistió en que había que irse para estudiar arquitectura, lo hizo y finalmente lo apasionó.
Cuenta que el irse a vivir solo, el crecer como persona, arrancar de cero no es fácil aunque la ciudad de La Plata “es como un Bolívar grande, con una idiosincrasia muy similar”, comentó Agustín.
Retiene en sus recuerdos a una capital de provincia “joven, nueva, pensada para albergar a esa cantidad y calidad de personas, con ese sentido de que la gente va a formarse, se queda un tiempo y se va”.
Incluso entiende que es una ciudad disparadora. “Donde se puede ver el formato académico desde que tenés 18 años y te vas mechando con gente que se va quedando y generas experiencia en ese cordón metropolitano, para direccionarte -si querés- hacia una ciudad más grande, como Buenos Aires. Te va dando fuerzas para acercarte a esa gran urbe, a la que uno le tiene cierto respeto, más en esa época. Estoy hablando del año 98 o 99, la conocí a los 17 años”, apuntó el responsable de la concesión de Posta del Faro.
No aconseja, transmite
En ese mismo sentido continuó diciendo que a todos los jóvenes que se están por terminar el secundario y que tienen dudas -o miedo- de irse del lugar que los acobija de chicos, les comparte su experiencia.
“No aconsejo, simplemente les trasmito mi vivir, para eso conservo el domicilio electoral en Bolívar, y cada vez que voy a votar, al día siguiente, voy a dar una charla a los que están cursando los últimos años de la escuela, para incentivarlos a terminar el ciclo”, confió el arquitecto a este diario.
Entiende que es el momento de aprovechar para exprimir al máximo el conocimiento de los profesores, “para que tomen esa iniciativa, de moverse, crecer, y mirar a su ciudad y a los suyos desde otro lugar. Es mucho más sano y generador de potencia porque uno -a la par- no te das cuenta de cómo pasa el tiempo”.
El también prestador de servicios turísticos en un destino de playa tresarroyense consideró que “es bueno vivir otra experiencia y formarte, no solamente por lo económico, porque todo llega de un modo u otro: la casa, el auto, todo puede lograrse. Estoy hablando de otra cosa, de crecer como individuo”, expresó.
En temporada
En cuanto al inicio de 2026 lo encontró con una propuesta distinta en lo comercial trabajando junto a los productores de eventos Bruno (Chiquette) y Agustín (Luquez), en la continuidad de Posta del Faro durante su temporada, porque finaliza la concesión después de quince años.
Quiere dejar operativo el parador, en buenas condiciones para asegurar que prosiga su existencia porque es muy importante que la localidad no pierda servicios, en este caso, de playa. Agustín está viendo el final de su ciclo, pero también todo el potencial que tiene el espacio que viene administrando durante todo este tiempo.
Lo siente como su primer hijo, y en cierta forma fue así hasta que nacieron Constantino y Juana. Decidido a no renovar la concesión vive el duelo con emoción, con mucha sensibilidad, sobre todo por los clientes, ve como algunos empezaron ‘volcando el plato’ porque eran muy pequeños y ahora eligen porque ya saben leer muy bien la carta. El paso del tiempo, en estos momentos de reflexión, se hace evidente.
En temporada el trabajo le insume de 16 a 18 horas diarias en el parador. Tiene que estar atento a todo como por ejemplo observar y cuidar las carpas, interpretar el movimiento turístico, estar pendiente del clima, de la marea, de los vientos; y también del restó, los proveedores, los clientes, las fechas; entre otras cosas.
Se maneja bajo el siguiente lema: “Todos los días es 2 de enero”, para no aflojar y dar la mejor calidad del servicio.
Contó también que para ésta temporada se conformaron dos equipos, que son como una familia. El de gastronomía y el de técnica, que hacen el aporte de la música, luces y toda la actividad de playa que van a tener con los sunsets, en cada caída del sol. La música y el esparcimiento permitirán extender el horario hasta las 4 o 5 de la mañana, para lo cual se cambió la habilitación municipal de restaurante, a cantina.
Para ello contó que invirtieron en la puesta en valor del edificio, después de las dos marejadas que hubo durante el invierno y que fueron un gran golpe empresarial, por lo mucho que rompió, más allá del desgaste natural del proceso de erosión del mar.
Reforzaron mucho la estructura, hicieron una nueva bajada, renovaron la barra, mejoraron el mobiliario y también adquirieron equipos tecnológicos, como una pantalla.
Hay unas 30 ofertas gastronómicas aproximadamente en todo el balneario. Recomienda -dentro de su carta- cualquier plato que contenga pescado, ya que son productos frescos, extraídos durante el mismo día del mar de Claromecó. Explicó que los precios son accesibles, al alcance de todos.
La misma pasión
Agustín articula sus dos profesiones, y las lleva con la misma pasión y entusiasmo. La gastronomía y la arquitectura tienen para él más puntos en común de lo que muchos creen, y para las que ambas cosas necesitan de todos los sentidos para tener un buen resultado.
En la primera la aprobación es inmediata, en la segunda pasan meses hasta poder recibir la evaluación final.
Con respecto a la crianza de sus hijos en la localidad, dice que “es muy valioso el vivir la infancia en la naturaleza, mirando el mar, pero a su vez, también mostrándoles otras realidades que hay en las ciudades”.
Por último y ante la pregunta “a quién le dirías: ¿cómo no te conocí antes?”; respondió de la siguiente manera: “Técnica o sentimentalmente es difícil responderla, pero uno ya tiene el camino un poco allanado. Se lo diría a mi yo interior, a la energía que soy, hoy me conozco mejor. Soy evolución, uno mira por la ventana y mira al otro -porque es muy difícil mirarse en el espejo uno mismo- pero es bueno hacerlo, y sin perder de vista el horizonte, porque es lo que va a venir”, sostuvo al final.

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