“Decile a tu marido que se deje de vender carne en Tres Arroyos”
Una historia con tintes mafiosos
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La Justicia de nuestra ciudad condenó a cinco años de prisión de cumplimiento efectivo a Daniel Lezama tras considerarlo autor responsable de un robo calificado en el marco de un apriete a un empresario local de la carne, entre otros delitos. En tanto, se dispuso la suspensión del juicio a prueba por el término de tres años para Gabriel Sandoval, imputado como instigador de la coacción agravada para beneficiarse con un eventual cese de la actividad comercial de la víctima.
La resolución fue dictada semanas atrás en Tres Arroyos por el doctor Hugo Adrián de Rosa, en su carácter de juez subrogante del Tribunal Oral Criminal, tras analizar las propuestas presentadas por el fiscal Facundo Lemble, de la UFI Nª13, y las defensas de los acusados, a cargo del doctor Emanuel Corradino en el caso de Lezama, y la doctora Elisa Hospitaleche por Sandoval.
En ese sentido, Daniel Lezama, de 48 años, recibió una pena de cinco años de prisión de cumplimiento efectivo en el marco de la causa 45/26 caratulada “robo agravado por el uso de arma no secuestrada, en los términos del artículo 166, encubrimiento agravado y tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, todos ellos en concurso real”.
Mientras que a Gabriel Sandoval, de 52 años, se le decretó una suspensión de juicio a prueba por el término de tres años —el máximo que prevé la ley— en orden al concurso real de los delitos de “coacción agravada por el empleo de armas en calidad de instigador” y “encubrimiento por receptación dolosa”. Motivo por el cual deberá cumplir las siguientes pautas:
Fijar domicilio del que no podrá ausentarse sin conocimiento previo del órgano jurisdiccional.
· Someterse al control del Patronato de Liberados.
· Abonar dos millones de pesos en concepto de reparación del daño a las distintas víctimas.
Entre los damnificados se encuentra la familia que sufrió el apriete para que cese en la venta de carne en Tres Arroyos y otro vecino de la ciudad al que Lezama le había sustraído, entre otros componentes, tres lentes de una cámara fotográfica profesional que fueron hallados en el domicilio de Sandoval durante un allanamiento realizado en el marco de la investigación.
Apriete mafioso
Según consta en el expediente judicial radicado en el Tribunal Oral Criminal de Tres Arroyos al que tuvo acceso LA VOZ DEL PUEBLO, todo comenzó el 30 de junio de 2024, cuando dos sujetos desconocidos con guantes y sus rostros cubiertos —entre los que fue efectivamente identificado Daniel Lezama— ingresaron armados tras dañar la bisagra de una puerta ventana trasera de una vivienda del Barrio Residencial, ubicada en la calle Olavarría al 700. Allí redujeron mediante amenazas a una mujer que se hallaba junto a sus dos hijos menores de edad durmiendo en otro ambiente.
Mientras uno de los delincuentes mantenía a la mujer controlada en una habitación, el otro se dedicaba a recorrer el inmueble para sustraer joyas, dinero, prendas de vestir y elementos de informática.
De esta manera, el asaltante que tenía reducida a la mujer en una de las habitaciones envió un mensaje mafioso que apuntaba directamente a la actividad comercial de su esposo: “que tu marido deje de vender carne en Tres Arroyos, no importa si vende en la zona, pero que deje de vender en Tres Arroyos…”, accionar que causó un profundo temor en el matrimonio.
Un mes más tarde, y mientras se desarrollaba la investigación del asalto sufrido en junio, el matrimonio damnificado (cuyos datos no se publican para preservar la tranquilidad de las víctimas) decidió exponer en Fiscalía los detalles del mensaje mafioso recibido durante el hecho por la esposa del hombre. Los denunciantes no dudaron en identificar a Sandoval como el emisor de ese apriete. Es que un año atrás, en 2023, este había sido gerente del frigorífico que maneja la víctima. Una vinculación que se quebró aparentemente luego de que Sandoval no entregó en la empresa el producto de la comercialización de un camión de carne.
En ese contexto, las víctimas entendían que los delincuentes que habían entrado a su casa en junio no tenían como objetivo principal llevarse los componentes sustraídos, sino transmitir el mensaje mafioso para que la actividad comercial de las víctimas no afecte la del imputado, quien también continuó desempeñándose en el rubro de la carne.
Chats reveladores
La instigación ordenada por Sandoval surge durante una pericia realizada por la policía al teléfono que le fue secuestrado a Lezama durante el allanamiento en el que, además, se incautó un arma de fuego por la que este último terminaría procesado por “tenencia ilegal de arma de fuego”.
Entre los diálogos más comprometedores se desprenden conversaciones en las que Lezama presume de la violencia con la que amenazaron a la mujer:
El 1/7/24:
Lezama: Buen día amigo, todo bien, a la tarde te veo así te cuento del partido cómo estuvo. ¿Miraste eso? ¿O no? Salió viste al final (risas).
El 5/7/24:
Lezama: ¿Cómo anda todo por allá? ¿Alguna novedad de lo sucedido?
Sandoval: Hola amigo, no nada che, todo tranquilo.
Lezama: No, qué va a andar hablando, olvídate se pegó un susto bárbaro, un c… pero le ha llegado el mensaje, no una vez, varias veces le habrá dicho la mujer (al empresario), si bola, quedaron que, no viste que no decían ahí en las notas, que salió (refiriéndose a publicaciones periodísticas del momento), na, si le pegamos una apretada bárbara.
Lezama: Esperemos que se ponga las pilas el loco y se porte bien, QUE NO VENDA (sic).
Además del hecho del robo calificado por el que fue condenado Lezama, en su acuerdo de juicio abreviado firmó por un hurto de dinero en efectivo al cobrador de un frigorífico de Adolfo Gonzales Chaves. En un momento en que el trabajador descendió del vehículo para proceder con una operación, el imputado le sustrajo dos millones de pesos del interior de su auto.
A raíz de ello, Lezama firmó un acuerdo de juicio abreviado por cinco años de prisión de cumplimiento efectivo, mientras que la Justicia aceptó que Sandoval firme la suspensión de juicio a prueba por el término de tres años, abone los resarcimientos mencionados y se abstenga de mantener cualquier tipo de comunicación o acercamiento con las víctimas de los distintos episodios en los que se vio involucrado.

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