:format(webp):quality(75)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/luna.webp)
La reinvención de un comercio tradicional
Tras trece años ininterrumpidos de actividad en la primera cuadra de la calle 9 de Julio, Andrea Luna tomó una decisión bisagra: cerrar su tradicional local céntrico “Luna Lunera” y trasladar el negocio al frente de su vivienda, en avenida Almafuerte 1555.
La determinación no representa un hecho aislado, sino la manifestación visible de un fenómeno que sacude al comercio minorista: costos fijos asfixiantes, retracción del consumo y la transformación acelerada de las pautas de compra.
El detonante fundamental radicó en el costo inmobiliario. Andrea relata que las exigencias contractuales se tornaron insostenibles: “El alquiler fue la decisión principal. Ya en junio del año pasado era trabajar para pagar el lugar o endeudarse para mantener la mercadería”. A esa presión se sumaron tarifas de servicios, tasas e imposibilidad de sostener personal bajo relación de dependencia formal, esquema que reemplazó administrando el local junto a su hija.
Las ventajas
La geografía céntrica también mostró fisuras, ya que la digitalización bancaria redujo notablemente el flujo peatonal matutino en esa cuadra, a lo que se añadió el problema del estacionamiento. “La gente busca practicidad; dar vueltas en auto sin poder estacionar, desmotiva”, explica.
A la par, el auge de plataformas internacionales y marketplaces absorbió circulante local: “Con el teléfono en la mano compran en cuotas o con envíos gratis. Te dicen que en el centro es muy caro, pero muchas veces tenemos precios más bajos que Mercado Libre y asesoramiento personalizado”.
Frente a la encrucijada, Luna optó por edificar en su domicilio: “Pago créditos por la obra, pero en un tiempo termino y el espacio es propio”. En Almafuerte encontró una dinámica barrial que la sorprendió: la cercanía de la Escuela Agropecuaria, la actividad del Conservatorio, las canchas, el hockey y los vecinos del barrio La Aceitera generaron un flujo constante de familias, chicos y deportistas en busca de golosinas, artículos de cotillón y útiles escolares.
La mudanza implica además el desafío de amoldarse al marketing digital: “Vengo de la vieja escuela, de mostrar y charlar; hoy tenés que publicar a diario para existir”. Lejos de la vorágine céntrica, Andrea resume una transición compartida por otros colegas: resistir redefiniendo la escala, bajar costos y apostar a la cercanía del barrio.


Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión