Diego Javier Rojas: “Cuando conocí la biblioteca, empecé a ir todos los días”
Era un pequeño de 5 años y su madre tuvo la muy buena idea de llevarlo a la biblioteca popular de Loma Negra, donde residían. Descubrió la literatura, un vínculo que se afianzó en la Escuela 12. En 2010 publicó su primer cuento en Editorial Atlántida y desde entonces, realizó numerosas obras para el público infantil
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Por Alejandro Vis
El escritor Diego Javier Rojas desarrolló el lunes último actividades con alumnos en el Colegio Holandés, en el marco de la Maratón Nacional de Lectura. Reside en Olavarría, distrito donde nació, es maestro, bibliotecario, promotor de la lectura y escritor.
La propuesta en el Colegio Holandés se denominó “Capítulo cero”, oportunidad en la cual describió ante alumnos del jardín de infantes Semillitas y de nivel Primario todo el proceso previo a la publicación de un libro. Conversó con ellos, a partir de las preguntas que reflejaron la espontaneidad y creatividad propia de los chicos.
La jornada se organizó en tres encuentros. Participaron la bibliotecaria Lisandra Imanoni, docentes y directivos. “Me gusta mostrar las distintas etapas, para que vean que el libro no sale de la nada, de una galera. Es un proceso en el que intervienen el escritor, el editor, el ilustrador, los diseñadores, entre otros. Un conjunto de gente a favor del libro”, explicó en una entrevista realizada en La Voz del Pueblo.
Una mirada integral de lo que implica el surgimiento de una idea, su ejecución, el trabajo en soledad y luego en equipo, hasta que finalmente “el libro llega a manos, en este caso, de las infancias”.
Los cuentos requieren además el arte del dibujo. “Como estoy en este ámbito hace muchos años, conozco bien el trabajo de los ilustradores. A veces mientras estás escribiendo, te imaginás quién podría ilustrar. No siempre es fácil coordinar, también ellos tienen sus tiempos y tal vez en ese momento no pueden hacerlo. O lo que te presentan es diferente a lo que pensaste, entonces hay que empezar otra vez la búsqueda”, observó.
El primer libro
Si bien Diego Javier Rojas escribe “desde muy chico”, transcurrió un buen tiempo hasta que envió un cuento a Editorial Atlántida.
Recordó que “otro escritor vio como hablaba con los chicos en la escuela y me dijo ‘vos tenés que escribir literatura infantil’. Yo contaba con algunas cosas escritas, fue el punto de partida para mi primer libro, hace aproximadamente quince años”. Lleva como título “Una respuesta para Alicia”.
El texto lo hizo llegar a través del correo electrónico, “al mail destinado a los interesados en enviar obras”. La editora conocía a Diego y se contactó con él: “me preguntó por qué no se lo di en mano. Pero yo quería hacer el mismo recorrido que todos”.
Atlántida, que años después cerró, tenía por entonces “las revistas Billiken, Para Ti, Gente. En consecuencia, accedí a una propaganda interesante. Posteriormente, el cuento lo tomó el Plan Nacional de Lectura, se repartió en las escuelas”.
Una década más tarde, a través de Verde Llanura Ediciones, se volvió a publicar “Una respuesta para Alicia”. Intervino otra ilustradora y hubo modificaciones en el texto, porque “mi escritura también había cambiado. Surgió esa posibilidad y me gustó. Fue también volver a encontrarme con ese personaje. Hay que volver a la voz del personaje, a veces sale y a veces no”.
En el exterior
Desde 2010, Diego ha publicado muchos libros de cuentos. “Hoy las editoriales me llaman para que les ofrezca el material, me convocan a participar de un proyecto. Son más los sí que los no en mi caso, me llama la atención el desafío”, afirmó.
En forma reciente, debió escribir tres cuentos en un lapso de tiempo corto. “Un ejercicio muy lindo -valoró-. Me enfoqué plenamente en la escritura, mi cabeza estaba dispuesta para lograrlo”. La elección de la editorial está relacionada a “cómo cuidan el producto. Entonces vos decís a esta editorial vuelvo a darle material y a aquella otra no”.
La obra trascendió las fronteras de nuestro país. Por supuesto, a través de lectores que conocen su tarea mediante Internet, pero también con la publicación de libros en el exterior.
Sobre este aspecto, mencionó que “’Un pueblo sequito’ se publicó en Brasil; ‘Francesca imagina’ en Colombia y en Chile; ‘Hay un marciano en mi escuela’ también en Colombia”. Y agregó que “hace poquito tuve un encuentro virtual con un grupo de gente, relacionado a cuentos que hablaran sobre la escuela. Seleccionaron a un escritor de Chile, uno de Colombia, uno de España y a mí de Argentina por ‘Hay un marciano en mi escuela’”. No nos conocíamos, fue muy lindo”.
La lectura
Un lector ávido incorpora herramientas -incluso sin saberlo- para que su escritura sea más rica y fluida. Diego lee desde pequeño. “Tenía cinco años y entré a la escuela primaria leyendo”, puntualiza.
Siempre pudo leer dos o tres libros a la vez, particularidad que mantiene en estos días porque conduce un programa de radio “en el cual leo un libro y entrevisto al escritor. Cuando los invito me dicen enseguida que sí, porque saben que no leí solamente la gacetilla de prensa, sino la obra completa. Puedo dialogar sobre el libro de atrás para adelante y de adelante para atrás”.
La biblioteca
Cursó el nivel Primario en la Escuela 12 “María Curie”, de Loma Negra. “Ahí descubrí la biblioteca”, relató.
Además cuando tenía solamente cinco años, su mamá lo llevó a la biblioteca popular. “Desde ese momento, empecé a ir todos los días”, dijo como quien estableció un amor a primera vista con la literatura.
Son lugares que integran su identidad. Porque en la mencionada biblioteca tuvo el primer trabajo y sus inicios en la docencia se produjeron en la Escuela 12.
Se percibe el cariño con el que habla de aquellos días, que tanto explican sus pasos posteriores: “Me recibí como bibliotecario en esa escuela con un proyecto sobre María Elena Walsh, en el cual ella envío un libro firmado para cada chico, su colección completa para la biblioteca escolar, así como un libro firmado para mí y para la directora de la escuela”. Un privilegio, una alegría enorme, porque si bien falleció en enero de 2011, por su legado literario y musical sigue siendo referente de generaciones de chicos.
“Fue mágico lo que pasó. Como consecuencia de ese proyecto, tengo un muy buen vínculo con la Fundación María Elena Walsh”, agregó.
Desde hace 23 años es bibliotecario del Colegio Fray Mamerto Esquiú, cargo que se creó con su ingreso. Destacó que “primero no podíamos pedirles libros a los chicos por las características de la comunidad, hasta que un día dije ‘vamos a empezar’. Hoy todos los alumnos tienen su libro de literatura, lo pagan como pueden, en cuotas. Buscan la manera de comprarlo y a fin de año, se llevan su libro a su casa”.
En el comienzo del ciclo lectivo, los chicos preguntan “¿qué libro hay que comprar para leer?’. Es un trabajo de hormiga de muchos años”. Otra forma de promover la lectura es contactar al autor y llevarlo a la escuela. “Nos han visitado Ema Wolf, Silvia Schujer, Ana María Shua, Ricardo Mariño, Fernando de Vedía, Margarita Mainé, Franco Vaccarini, Adela Basch, entre otros”, comentó con gratitud.
Es una propuesta que le encanta organizar. La razón es simple: “cuando asistía a la escuela, me hubiera gustado que hicieran lo mismo conmigo, tener la posibilidad de conocer a los escritores”.
Ejerce la docencia como bibliotecario, ámbito en el que realiza talleres literarios, y una vez por semana, tiene una clase con los estudiantes.
Dentro de sus inquietudes comunitarias, durante poco menos de diez años organizó la feria del libro en Olavarría. “Ya no apuntás solo al público infantil, sino igualmente a los adultos y teniendo en cuenta el gusto general. Con diferentes temas que convoquen al público. Te lleva a tener una mirada muy diversa, es un trabajo que disfruté muchísimo”, subrayó.
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Encuentros
Durante la visita a La Voz del Pueblo, tuvo en sus manos su libro “Así te los cuento hoy”. En la obra, escribe con su estilo tomando como base cuatro cuentos de los hermanos Grimm (“Los músicos de Bremen”, “El zapatero y los duendes”, “El príncipe sapo” y “Las dos princesas bailarinas”). Diego indicó que son textos en los que “juego mucho con las palabras y las rimas”
Las historias clásicas están presentes, de igual modo, en sus libros “No tan Blancanieves” o “Caperucita a mi manera”. El autor argumentó que “me parece divertido contar esa visión de los personajes desde otro lugar”.
Se trató de su primera visita a Tres Arroyos para mantener un encuentro con alumnos. “¡Qué bueno como preguntaban en la escuela!”, exclamó sobre las presentaciones en el Colegio Holandés.
La inquietud interior es “si la charla que llevas va a resultarles interesante, teniendo hoy tanta tecnología. Muchos chicos comenzaron a decir que hacían sus propios libros, con hojas que doblaban, y le incorporaban dibujos. En forma bien artesanal. Realmente estuvieron muy atentos y pendientes de lo que decía, para ellos después preguntar. Fue muy lindo”.
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UNA NOVELA
En lo que define como “el mayor desafío”, Diego Javier Rojas escribió una novela. “Tiene título, está corregida, editada, pero en estos momentos que socialmente estamos viviendo es muy difícil que una editorial se anime a publicarme una novela de ese tipo, para un público infantil a partir de 8 o 10 años”, explicó.
Es una historia -señaló- en la que “me di el gusto de tocar muchos temas difíciles y la verdad que se necesita de un mediador del otro lado, que esté dispuesto a agarrar el guante y ponerse a leer con las infancias ese texto”.
Por ahora, la novela “sigue esperando ver la luz, está ahí y soy consciente que no hay que apurar las cosas. Todo sale en su debido tiempo”
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EN LA BIBLIOTECA CACURI
Diego Javier Rojas, como parte de su visita a Tres Arroyos, conoció la Biblioteca Cacuri, del Sindicato Empleados de Comercio. Aprovechó la oportunidad para obsequiar dos de sus libros, que así quedaron a disposición de los niños.

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