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Dos visiones sobre las importaciones liberadas y sus posibles consecuencias

El desafío de bajar los precios de góndola tiene sus riesgos (Agostina Alonso)

¿Cuáles son las opciones del empresariado argentino ante el desafío de competir con productos importados para bajar los precios de la canasta básica? Un funcionario privado de una firma alimenticia local y un economista plantean sus escenarios en tiempos de recesión

 

Por Enrique Mendiberri

 

Luego de conocerse la decisión del Gobierno Nacional acerca de acelerar la importación de alimentos de la canasta básica para favorecer la competencia y compensar los precios altos en las góndolas, LA VOZ DEL PUEBLO consultó al gerente general de Agroprimus S.A., Gonzalo Braceras, y al economista rionegrino y ex docente de la Universidad Nacional de Río Negro, licenciado Juan Pablo Serra, para conocer su opinión sobre las posibles consecuencias de una medida que busca bajar la inflación.

 

En primer término, Braceras, quien representa a una firma tresarroyense y líder en el mercado comercializador de maíz pisingallo que, por su condición de formador de precios no vería afectada su línea de producción, estimó que, la decisión de avalar importaciones, pone al empresariado en la diyuntiva entre rentabilidad (para equilibrar los aumentos desmedidos realizados para cubrirse de una devaluación que no llegó en semejante medida) o desempleo.

 

“Lo que se busca al meter productos importados en el mercado, es meter más productos en un segmento y que haya más competencia. Entonces, si lo miramos desde el lado del consumidor, creo que puede ser más beneficiosa, porque al existir más competencia en cada segmento, va  a hacer que haya  más productos para una misma demanda y el precio va a bajar. El impacto es positivo en la búsqueda del objetivo del Gobierno. Pero si lo miramos desde el punto de vista del productor, que son muchas empresas y pymes, claramente son las más damnificadas con la medida y, seguramente, se vaya a generar más desempleo. Dios quiera y ojalá que no. Porque al tener más competencia, (a los empresarios) los pone en un lugar incómodo en el que van a tener que ser más competitivos, ya sea bajando su rentabilidad o sus costos de producción. Y es acá donde hay que detenerse y entender que, si una empresa no va a optar por reducir sus ganancias, entonces, uno de los principales componentes del costo de producción, que es la mano de obra, se va a ver afectada. Es por eso que, en un principio, entiendo que se va a generar desempleo”.

Por eso, el funcionario privado tresarroyense, anheló que los productores alimenticios opten por equilibrar su rentabilidad con los aumentos aplicados a modo de resguardo antes de la devaluación de diciembre, “en una recesión como la que estamos pasando, entiendo que esta medida es para favorecer a los consumidores, pero repercute negativamente sobre los productores de alimentos, bebidas y otros alimentos también. Si a nivel de recesión, producto del aumento de precios, se le va a sumar el freno a la actividad económica en empresas y pymes, sólo nos queda hacer fuerza para que no se vaya por el nivel de empleo y que lo haga más por la reducción de la rentabilidad. Que, en efecto, en el aumento de precio, de un momento para otro, fue para resguardarse de ello”, explicó.

 

Contexto complicado

 

Por su parte, el licenciado Juan Pablo Serra, valoró la intención de abrir la economía en pos de la competitividad, a pesar de que ésta no esté “en muy buenas condiciones”.

 

“Lo primero que tenemos que decir es que está buenísimo que la economía se abra. Nosotros  necesitamos una economía abierta, una economía sin trabas, en la cual los productos nacionales puedan competir con los importados y pueda ser beneficiado el consumidor, como pasa en todos lados. El tema es que, en este momento, los productores nacionales no están en no muy buenas condiciones de competitividad. Igualmente, esto tiene que ver con el modelo económico que el país ha tenido en los últimos años, que no beneficiaba a las empresas, no las hacía competitivas. Todo lo contrario, tenían una carga tributaria excesiva, problemas de costos muy altos relacionados con sindicatos, los juicios, las ART”, explicó.

 

En ese sentido, el ex docente universitario y actualmente empresario de la construcción, hizo referencia a una serie de factores vigentes cuya desregulación considera clave para que la medida prospere, “desde que arrancas con una empresa tenés que pasar por 25 oficinas públicas a realizar diferentes trámites, pagar un montón de impuestos, tasas, etc. El sector productivo está atravesado por un montón de dificultades de una economía que no funcionó con libertad durante muchísimos años. No nos tenemos que olvidar que, hay que hacer algo para que los productos argentinos puedan ser producidos de manera eficiente. A mí me parece que, el segundo paso que tiene que dar el gobierno después de estabilizar el nivel de precios y el tema de la inflación, es una buena reforma tributaria que favorezca a los que producen, relacionada con baja de impuestos, optimización. Por ese lado hay que avanzar de manera urgente. Habría que apuntar a una baja de impuestos a la producción, para que esta apertura de la economía no sea compleja, traumática y se beneficie realmente al consumidor, que es donde hay que poner el foco”, señaló en el cierre.

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