Dr. Guerra: “Cuando finaliza una pandemia,hay que prepararse para la otra”
COVID 19. A 6 años del inicio de la cuarentena obligatoria en todo el país
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Esta semana se cumplieron 6 años del inicio de la cuarentena obligatoria en todo el país, en un escenario de emergencia sanitaria por la propagación del virus COVID-19. El doctor, pieza clave en su rol de Secretario, analizó cómo se vivió desde el Centro Municipal de Salud
El 20 de marzo de 2020 fue un día que cambió la vida de los argentinos para siempre, porque el Poder Ejecutivo Nacional decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio. El virus identificado como SARS-Cov-2 fue detectado a fines de 2019 en el mercado de Wuhan, China. La Organización Mundial de la Salud declaró la emergencia de salud pública el 30 de enero de 2020 y mantuvo esa condición hasta el 5 de mayo de 2023, cuando se decretó el fin de la pandemia.
Sobre lo que significó la noticia en ese momento y la conmoción que generó, Guerra indicó que “fue una situación sorpresiva. Difícil de afrontar, no solo de lo personal, sino de toda la sociedad científica internacional, a algo desconocido. Es lo peor que puede pasar, la incertidumbre creo que es lo que genera, más allá de ciertas cuestiones científicas previsibles, es lo que más ansiedad genera. Y a lo mejor tomar estrategias que en algún punto uno puede considerar que pueden llegar a ser equivocadas, pero es necesario tomarlas”.
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Una pandemia anunciada
El recuerdo de los meses previos fue premonitorio ya que “para el 2019, cuando ya estaba a cargo de la Secretaría de Salud y teníamos las reuniones en la región sanitaria, ya se estaba hablando del inicio de esta nueva infección en China, y comenzamos entre los secretarios de salud, teniendo en cuenta lo que sucede hoy con un mundo globalizado desde el punto de vista de la conexión, interconexión, conectados, con viajeros, cuánto tiempo iba a demorar esto en poder llegar a nuestro lugar. Porque era lógico y era previsible que en algún momento esa situación se iba a vivir. Y era una situación que uno la vivía de lejos, a través de la noticia, a través de notificaciones científicas, y que realmente era algo grave. Y cuando uno empezaba a hacer las proyecciones, veía que lamentablemente iba a ser con mucho impacto sobre la mortalidad, sobre la morbilidad, y obviamente con un impacto importante en la atención y el sistema de salud, en el cual sabíamos que independientemente de que se sumaran los sistemas públicos y privados, iba a ser muy difícil poder abordarlo”.
Acerca de las medidas que tomaron desde el Comité de Crisis, reflexionó que “no sé si se puede hablar de un hecho o una decisión puntual. Creo que lo que más generaba atención, por lo menos en mí y un equipo de trabajo, porque yo esto no lo afronté solo, tuve en el equipo la colaboración de distintos secretarios y de la parte médica. El hecho era que todos los días había que tomar decisiones y la cuestión era qué decisiones había que tomar: decidir qué hacemos o qué dejamos de hacer en salud, cómo sumamos plazas, cómo interactuamos con otros sectores”.
La unión de los servicios de salud fue “una de las cosas más importantes que pudimos lograr en Tres Arroyos. En primera instancia fue poder unificar el sistema de atención entre los prestadores que teníamos en el privado con la parte pública. Fue así que elaboramos una red como para que cada uno, de acuerdo a sus posibilidades, participara, no superpusiera esfuerzos, y esos esfuerzos fueran dirigidos a lograr el mejor resultado posible” recordó.
Para el doctor Guerra, el caso de Tres Arroyos fue muy particular porque “fue una población que entendió la situación, más allá obviamente de las diferencias de algunos sectores, con los cuales no estoy en disconformidad, porque creo que también en muchas cosas nos excedimos y quizá nos equivocamos desde el punto de vista sanitario. Obviamente que estábamos actuando siempre de buena fe y nosotros pensábamos que era la mejor decisión”.
En su análisis distinguió la forma de actuar de la ciudadanía porque “creo que la población tresarroyense fue ejemplar en el hecho de su conducta, y no porque fuera obediente y sin pensar hiciera todas las cosas que se proponían hacer. Creo que cada una de las cosas, y traté siempre de hacerlo, fue explicar el motivo por el cual se iban tomando esas decisiones. Así como nosotros en nuestro distrito, y acatando decisiones sanitarias superiores, porque más allá de diferencias incluso personales que uno podía tener, en estos casos lamentablemente hay que tener una verticalidad y una uniformidad de criterios, porque si no todo fracasa”.
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El ejemplo de los niños
Creo que la sociedad se llevó un aprendizaje y también es heterogéneo quizá lo que puede haber pasado. Es muy llamativo, para aplaudir, lo que pasó en la conducta de los niños. Eran los primeros que en cualquier lugar tomaban el alcohol y realizaban la higiene, tosían y se cubrían con su codo, o hablaban de la distancia que tenía que tomar con una persona enferma o no.
Las costumbres fueron cambiando con el tiempo y las circunstancias, algo que observó Guerra, al señalar que “uno iba a un negocio, estaba abarrotado de gente antes de la pandemia, y entraba igual. Hoy hay muchos comercios en los que hay gente esperando afuera, creo que eso sirvió mucho. También el uso de barbijo, algo que las culturas orientales lo tienen como método rutinario para el transporte, para estar en lugares de máxima congregación, porque a veces es entendible que todas las enfermedades infectocontagiosas son transmisibles, y que la transmisión depende de los conglomerados de gente y el contacto con gente enferma”.
En cuanto a la experiencia que quedó y cómo actuar ante este tipo de escenarios, afirmó que “creo que hubo mucho aprendizaje. Una de las cosas fundamentales desde el punto de vista sanitario que se dice, ¿qué es lo primero que hay que hacer cuando finaliza una pandemia? Es prepararse para la próxima. Nosotros hemos tenido previo a esto de COVID-19, la gripe A, y previamente el episodio más grave que hubo fue el de la gripe europea, la gripe española, a principios del siglo XX, que se llevó millones de personas. Obviamente que nosotros ante cualquier situación de mutaciones y de nuevos virus, el sistema inmunológico no está preparado para afrontarla”.
Los avances de la humanidad generaron fenómenos como la “globalización del transporte, un factor que hace que estos hechos, de suceder, vuelvan a extenderse. Ojalá no pase por muchos años, que no vuelva a ocurrir, pero si uno tiene que ser sincero, va a pasar, y no va a pasar un siglo como pasó. Y en ese momento, ¿contaban con las herramientas necesarias para poder afrontarlo? En la medida de lo que es un hospital, una ciudad, un lugar que no se sabía lo que se iba a necesitar en primera instancia, y lo que necesitaba en ese momento no estaba de acuerdo. Por supuesto que uno se manejaba de acuerdo a datos estadísticos, que nos sirvieron con certeza de poder proveernos y abastecernos de insumos. Por ejemplo, el barbijo, el alcohol en gel. También en casos extremos como los respiradores o las drogas necesarias para mantener un paciente, el respirador”.
El desconocimiento sobre algunas cuestiones técnicas fue generando dudas, ya que “ no se sabía qué tipo de barbijos se necesitaban en realidad, porque hay desde tapabocas hasta barbijos con una filtración muy importante. La gente, más allá de todo, tenía la preocupación individual. Es algo lógico ante una situación de miedo, que cada uno se preocupe por sí mismo”.
Uno de los puntos fundamentales para afrontar el difícil momento fue “la colaboración de la gente, muy importante al ayudar a fabricar lo que no se podía conseguir comercialmente, en tratar de colaborar desde el punto de vista económico o de conseguir proveedores o insumos tanto para los barbijos, para el alcohol en gel. Inicialmente la salud pública no tenía producción de barbijos y respiradores”.
El momento más crítico fue cuando no alcanzaban los recursos, ya que “nosotros vivimos un día único, una situación límite donde habíamos agotado toda la asistencia, las camas, los respiradores y la medicación para poder sostener eso. Recuerdo que con el director administrativo y los directores, en un día tuvimos que salir corriendo y viajar a La Plata, a Azul, a Tandil, Mar del Plata, a traer lo que nos faltaba para sostenernos ese día, y al otro día ver qué era lo que pasaba. Y gracias a Dios fue el punto crítico, y a partir de ahí pudo empezar a mejorar. Hemos tenido vecinos de Tres Arroyos internados en otros centros de salud, gente que lamentablemente perdió la vida en otras ciudades.
En un pasaje de la entrevista, Guerra hizo una autocrítica al señalar que “una de las cosas que a lo mejor más puede haber dolido, y que quizá creo que eso fue algo en lo que nos equivocamos como sanitaristas, fue el hecho de no permitir ver a nuestros seres queridos en esa instancia tan grave, que si bien se tomaba como algo para el beneficio de quien tenía alrededor, creo que no debe haber sido nada más doloroso, más allá de la pérdida y de esa situación”.
El reconocimiento de la sociedad
La asistencia médica en situaciones de mucha complejidad como sucedió durante el avance del COVID-19, generó una profundización del concepto que tiene cada persona sobre la medicina. Según indicó el doctor Guerra, “se ha polarizado más, o a lo mejor el que más creía, cree más y el que menos creía cree menos. Quizá eso es lo que veo. Quizás sí es cierto, hay más descreimiento con autoridades sanitarias, no con la medicina en sí. Creo que eso pasó”.
Respecto a la devolución que tuvieron como trabajadores de la salud, comentó que “se hicieron muchas promesas con el reconocimiento al personal sanitario, y realmente estuvo al pie de la acción todos los días. Poniendo en riesgo su vida, más allá de que uno se prepara y lo eligió. Pero poniendo en riesgo su vida, a su familia, o dejando de lado su familia. Y terminó la pandemia y el personal de salud volvió a la misma situación, sin el reconocimiento de ese trabajo realizado, de la misma forma como viene siendo desde hace muchos años, un personal poco valorado por muchos”.

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