El legado de un artesano emblemático
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Martín Gómez, quien falleció en 2017, fue reconocido en nuestro país y el exterior por sus trabajos como soguero en un taller de la localidad de Ranchos. Néstor, uno de sus dos hijos, continúa este camino. En octubre, formará parte de la peña La Sudestada en nuestra ciudad
En su taller de la localidad de Ranchos, Néstor Gómez desarrolla el arte de soguero que heredó de su padre Martín. Tiene un hermano, Amilcar, que conoce muy bien el oficio, pero decidió impulsar una empresa vinculada con la venta de agua.
Martín Gómez nació el 11 de noviembre de 1918 y falleció el 27 de julio de 2017, a los 99 años de edad. La Provincia de Buenos Aires ha instituido el 11 de noviembre como Día Provincial del Soguero, en conmemoración a su natalicio. Se convirtió en un referente en nuestro país y también en el exterior, por la gran calidad de sus creaciones como artesano gaucho.
El 4, 5 y 6 de octubre se va a llevar a cabo la tercera edición de peña La Sudestada en La Casona, oportunidad en la cual intervendrá Néstor. En una conversación telefónica con La Voz del Pueblo, expresó que “mi padre falleció con casi cien años, siempre en el mismo trabajo. Llevó en su corazón y en su vida el arte de la soga, del cuero”. Y agregó que “fue un hacedor de cómo trabajar el material naturalmente, sin ningún químico; siempre decía que los primeros materiales del mundo fueron la piedra y el cuero”.
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En una reflexión sobre los orígenes, relató que “el hombre con una piedra agarró un bicharraco, se lo comió tal vez. Le sacó el cuero y se dio cuenta que podía cubrirse del frío, cortarlo y era sumamente resistente, no había otro elemento. Ahí arranca todo esto”.
Cuando su padre cumplía años, “nos juntábamos más de cien personas. Yo hacía churrasco para todos los que lo venían a ver”.
Néstor trabaja en la silla y en el lugar que utilizaba Martín. En este sentido, dijo que “me acompaña todos los días. No tengo hijos, pienso que está en cada momento de mi vida al lado mío. También tuve una madre excepcional, guardo el mejor recuerdo de ellos”.
Su madre se llamaba Dora Greco de Gómez. “Eran italiano-franceses, la familia Greco-Dumont. Añoro a esa gente que vino”, sostuvo sobre los inmigrantes.
Con admiración, contó que Dora “había ido a la escuela tres años nada más, en aquella época. Me gustaría que me trajeran una profesora que escriba como lo hacía mi madre, sin errores de ortografía. Tenía una letra muy clara. Cuando leía, no se sabía si estaba leyendo o conversando, lo hacía con mucha naturalidad. Eso es cultura en la sangre”.
Al respecto, observó que “hoy no pasa con todos, quizás tampoco son la mayoría. Pero hay chicos que no pueden leer, les cuesta muchísimo. Le sacas el teléfono celular y no sé qué suma, resta o multiplicación harían”.
Sobre su hermano, Amilcar, indicó que “trabaja muy bien como soguero. Pero descubrió que donde tenemos el campito, hay un agua excepcional, hizo una empresa y está en su fábrica con su familia. Nos vemos y encontramos todos los días, pero no se dedica más a este oficio”.
“Boca a boca”
Con orgullo, Néstor relató que “a papá antes de morir le dieron un premio en la Legislatura, en Buenos Aires. Se reunió muchísima gente. Era conocido en el mundo sin tener negocios en Buenos Aires, ni siquiera contaba con teléfono”.
Durante su desempeño como maestro artesano, miles de personas se acercaron al taller “cuando supieron lo que hacía. Querían ver cómo trabajaba”.
A modo de ejemplo, mencionó que “en la década del ’90, el rey Juan Carlos de España necesitaba hacer un regalo y por intermedio de Santiago Soldati, realizaba un pedido. Le hacíamos uno o dos cintos, cuchillos. El boca a boca llegó a todos lados”.
Han sido visitados “por muchos extranjeros. No pueden creer que el cuero del vacuno, del yeguarizo, del ciervo o el antílope sea tan resistente. Si no lo queman con ácido, es indestructible”.
Sonriendo, mencionó que “hoy vemos el material plástico, que ha dominado el mundo. Prácticamente no existía cuando mi papá comenzó como artesano”.
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Primera vez
Participará en una exposición en Tres Arroyos por primera vez, con un espacio en La Sudestada. Argumentó que “no suelo salir a ningún lado porque este es un trabajo lerdo, hay que meterle muchas horas. Es complicado ir a exposiciones”. Tiene lazos con la familia Colantonio de nuestra ciudad, en la entrevista describió el vínculo y puntualizó que “ellos poseen un campo en Gonzales Chaves. Estamos comunicados, en contacto”.
Lo moviliza mostrar esta práctica para “que no se pierda. El cuero tal vez es la primera materia prima, hagamos saber principalmente a los chicos que no había otra cosa. En Argentina y el mundo se avanzó a caballo. Y no se puede montar sin nada, todo empezó por vestir al caballo. Después se dieron cuenta que con la soga, el cuero, se podían hacer mil cosas”.
En el taller suele recibir a escuelas. Consideró que “si de cien alumnos le interesa a uno, está ganada la batalla. Esa persona con los años, tal vez piense ‘quiero hacer lo que vi’. Ya sirve”.
El Espartillar
Su padre nació en la estancia El Espartillar, en el partido de Chascomús. “Un establecimiento de 16.500 hectáreas. Tuvo 15 hermanos, se criaban familias grandes en aquellos años. Creció entre los caballos, buscó la manera de trabajar. Sin tener ningún estudio, tuvo la capacidad de manejar el material para hacer lo que quería. Le llevó mucho tiempo, pero lo logró”, valoró Néstor.
Entre otras referencias sobre esta tarea, sostuvo que “en Uruguay son guasqueros, en Argentina sogueros”. El sello “M. Gómez” representa historia y calidad, un arte que la familia desarrolla desde hace casi un siglo, cuando en 1930 Martín dio los primeros pasos en un galpón.
