El plan del Papa para transformar la educación
En la primer jornada del Congreso Argentino del Pacto Educactivo Global, el arzobispo bonaerense García Cuerva, brindó una clase sobre los lineamientos que el Papa Francisco comenzó a trabajar y León XIV piensa ampliar
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El futuro de la educación y los desafíos que atraviesan a diario las escuelas de nuestro distrito fueron el eje central de la apertura del Primer Congreso Argentino del Pacto Educativo Global, desarrollado en la Universidad Católica Argentina (UCA). El encuentro, que contó con las palabras de bienvenida del rector de la casa de altos estudios, Dr. Miguel Ángel Schiavone, tuvo como orador principal al arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva.
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Durante su clase magistral, el prelado "bajó al territorio" el mapa de diez caminos que conforman este pacto "glocal". Según detalló, siete de esos lineamientos miran hacia afuera y fueron legados por el Papa Francisco (la persona, los jóvenes, la mujer, la familia, los excluidos, la sociedad y la casa común); mientras que los tres restantes fueron añadidos por el Papa León XIV con una mirada hacia adentro y hacia adelante: el corazón, la técnica y la convivencia en paz.
Cinco años después del lanzamiento original, León XIV constató que los cambios rápidos exponen a los niños a fragilidades inéditas, diagnosticando tres heridas en nuestro tiempo: la superficialidad, la deshumanización y la violencia. Como respuesta, el pontífice apoya su plan en la herencia agustiniana, donde la vida interior es el punto de partida, lo "digital humano" es la prueba actual, y la paz desarmada es el fruto social.
Pedagogía y arte
Para ilustrar de forma tangible estos inmensos desafíos, García Cuerva intercaló en su ponencia el análisis de cuatro obras pictóricas. Al detenerse en "En la puerta de la escuela" (Nikolai Bogdanov-Belsky), remarcó la importancia de la inclusión: "En la puerta de la escuela de nuestra sociedad hay muchos que todavía están esperando. Ojalá podamos acompañarlos a que den el paso decisivo".
Esa mirada se reforzó con "El sembrador al atardecer" (Van Gogh). Allí, destacó que a pesar de los pájaros que acechan las semillas, el agricultor sigue trabajando bajo el sol. "La educación es un acto de esperanza. De un modo u otro la semilla da fruto. Sigamos apostando por la educación porque Dios mueve la historia, aunque a veces parezca ausente o distante", alentó a los educadores.
Humanizar lo digital
Al abordar el impacto de la tecnología, utilizó "El escolar dormido" (Jean-Baptiste Greuze) para enfatizar la interioridad del alumno. Explicó que "humanizar lo digital" no implica tecnofobia, sino poner a la persona antes que el algoritmo. "Ningún algoritmo podrá reemplazar lo que hace humana a la educación: la poesía, la ironía, el amor, el arte, la imaginación y el error como oportunidad para crecer", sentenció. Esto exige formar a los docentes para enseñar pensamiento crítico frente a las pantallas y armonizar cinco inteligencias: técnica, emocional, social, espiritual y ecológica.
Para graficar este punto, acudió a otro cuadro de Van Gogh, "Trigal con cuervos", comparando a las aves oscuras con el miedo a lo nuevo y la creencia de que la inteligencia artificial reemplazará la afectividad. "Creo que formarnos humanamente es la clave para que esos cielos se aclaren y esos cuervos de la desesperanza se vayan", sostuvo.
Paz desarmada
En cuanto al clima de época, la propuesta exige una "paz desarmada y desarmante", lo que se traduce en deponer las armas de las palabras agresivas y de la mirada que juzga. "En el aula, desarmar las palabras significa aprender a discutir sin humillar, a corregir sin herir y a disentir sin romper el vínculo", un trabajo lento y clave que se practica a diario en los recreos, en las redes sociales y en la sala de profesores.
Finalmente, el arzobispo advirtió sobre la fragilidad que afecta a docentes sobrecargados de tareas burocráticas y a jóvenes atravesados por el vacío. La salida propuesta es abrir espacios de silencio y reflexión en la jornada, ya que "una escuela que solo entretiene o solo exige rendimiento, deja ese deseo de infinito sin respuesta". Al cierre, García Cuerva invitó a las instituciones a traducir estos diez caminos en gestos concretos en cada aula y cada barrio, pidiendo "menos etiquetas y más historias".


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