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Por Marcelo Mouhapé Furné
“La política es servir a los demás, no servirse de los demás” (Adolfo Suárez).
El autor de la frase fue presidente de España. En un país monárquico, Adolfo Suárez condujo magistralmente la transición entre la dictadura franquista y la democracia. Fue un político de primera, -eficiente y honesto-, que inició un tiempo virtuoso para su país. Muy distinto a la “cleptocracia” actual de Pedro Sánchez.
Antes de ir al nudo del análisis, una aclaración importante. Se es injusto al igualar en la crítica a toda la política argentina. En los distritos municipales es diferente a lo provincial y a lo nacional. El intendente, sus funcionarios, los concejales, los consejeros escolares y los dirigentes partidarios viven en la misma ciudad y se los cruza por la calle. La cercanía hace que haya mucho más compromiso de cada uno de ellos con la población a la que deben brindar servicios si se es Ejecutivo, o crear y actualizar normas y controlar desde lo Legislativo.
Hecha esa salvedad, la frase que define a la dirigencia nacional que supimos conseguir (en funciones institucionales o partidarias) es: “En Argentina los políticos no sirven al pueblo, se sirven de él”.
Cada tanto la población se cansa de ellos y los repudia. En 2001 saliendo a las calles con el “que se vayan todos”. No se fue nadie. Y los que murieron fueron reemplazados por hijos u otros familiares. En 2023, ya no había manifestaciones masivas populares de repudio porque la pandemia (de diseño) había logrado el objetivo de amansarnos, aislándonos en la socialización a distancia vía tecnológica. Ahí, -en el marco del “que venga otro”-, apareció Javier Milei.
Uno de los ganchos de campaña del libertario fue contra la política tradicional, a la que llamó la “casta” (los que viven bárbaro a expensas del pueblo por el que deberían trabajar). Con ese lema tuvo mucho éxito porque la gente veía en la “clase política” el origen de sus penurias. Y tenían razón. La dirigencia nacional que le facilitó a Milei la llegada al poder (el desastroso gobierno anterior de la cuasi hiperinflación y el previo a él que endeudó como nadie al país), no hizo un solo mea culpa de las catástrofes que provocaron (en la actualidad y a futuro). La autocrítica, totalmente ausente en el kirchnerismo y en el macrismo.
Hasta ahora, el presidente Milei no cumplió con su promesa de campaña de hacer pagar el ajuste a la “casta política”. Pero presentó un proyecto legislativo en ese sentido: “el de eliminar las internas PASO”. Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias es una creación kirchnerista. Fue a través de la Ley Nº 26.571, aprobada el 2 de diciembre de 2009. Por supuesto que, -como siempre hacen los políticos-, la vendieron como un instrumento democratizador. El verso de siempre. La realidad es que con las PASO los partidos políticos dejaron de pagar sus internas, pasando el costo de ese proceso a toda la población del país. Porque son comicios equivalentes a una elección general nacional.
Lo de que “su razón existencial es la de que la gente le pague las internas a los políticos” quedó absolutamente demostrado con el tratamiento de la Reforma Política que envió Milei al Congreso. Ante la posibilidad de terminar con las PASO, claman por convertirlas en las PAS (Primarias, Abiertas y Simultáneas) eliminando la obligatoriedad de ir a votar. El razonamiento de la “casta política” al respecto es este: “No importa que la gente no vote en las internas abiertas. Sí precisamos que el sistema continúe para que no las paguemos nosotros”. ¿Qué obvios son, no?
Se debería votar una sola vez y en todo el país el mismo día para todos los cargos. Una doble elección anual solo debería darse en la presidencial si es necesario un ballotage
De haber PASO (o PAS) el año venidero, a los argentinos nos costará 10 mil millones de pesos. Que podrían evitarse si vuelve el sistema anterior, en el que cada partido que debe definir candidaturas haga “su interna”, pagada por las estructuras partidarias no por el pueblo en su conjunto.
Si como se la pasan diciendo, es cierto que a los políticos les importa la gente, el proyecto del presidente Milei para eliminar las internas PASO debería aprobarse en forma unánime. Quienes insistan con mantenerlas, esa acción los identifica como “casta política” (dirigentes que viven de la gente, no para la gente)
Terminar con las internas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias es urgente y necesario. Lo insólito es que quienes le exigen a Javier Milei que aplique la motosierra a la política, rechazan el principal ajuste político que sería eliminar las PASO. ¿En qué quedamos?
Espero que el gobierno nacional consiga los apoyos legislativos necesarios para evitar que todos los argentinos tengamos que pagar esos 10 mil millones de pesos en 2027. Y a partir de ahí profundizar en achicar el gasto político, que es enorme (descomunal si se lo analiza desde el costo - beneficio).
Las legislaturas provinciales, -donde senadores y diputados cumplen la misma función-, deben pasar a ser unicamerales. Solo en la Nación, -por características funcionales-, se requiere la existencia de dos cámaras. Hay un proyecto de unicameralidad de La Libertad Avanza para la provincia de Buenos Aires. Debería aprobarse. ¿Si preguntan porque legisladores votarían dejar de existir? Les recuerdo que Adolfo Suárez (el del inicio) logró que las Cortes franquistas se auto-eliminen. ¿Habrá un gesto patriótico de políticos argentinos al respecto, o eso solo pasa por ponerse la escarapela en fechas patrias? Dependerá de la presión popular.
Otra cuestión que debemos exigir que termine es el festival de fechas electorales. Argentina tiene un calendario de comicios equivalente al de los feriados porque a los gobernadores se les antoja hacerlo así para ver si con la elección en tal o cual fecha “saco más votos al despegarme de la nacional”.
No puede seguir siendo así. Se debería votar una sola vez y en todo el país el mismo día para todos los cargos. Una doble elección anual solo debería darse en la presidencial si es necesario un ballotage. Si el gobernante cumple, los votantes lo van a respaldar independientemente de la fecha en que se sufrague. Encima que la “casta política” le hace pagar al pueblo sus internas, obligan a la gente a que tenga que adaptar su vida diaria en base a las necesidades electorales de quienes deberían resolver sus problemas, pero le agregan otros multiplicando elecciones.
Esta forma de hacer política sin la menor consideración hacia la población a la que deberían atender, debe concluir. Es hora que el pueblo le haga entender a los representantes que ellos son empleados nuestros. Basta de que nos tomen de rehenes. Exijamos a la política que se ponga en el lugar donde debe estar: sirviendo al pueblo, no al revés.
“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos” (Simone de Beauvoir).


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