En “La Fortuna” te llevas golosinas y una sonrisa de oreja a oreja
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Con casi 60 años de historia, este kiosco se ha remodelado y repintado, pero la esencia y la energía positiva son valores invaluables que perduran en el tiempo gracias a esta mujer
Por Juan Falcone
Circular por Avenida Moreno es saber que, en la cuadra de la cancha de básquet Costa Sud, vamos a encontrar una construcción, que, en esta época de rascacielos y grandes edificaciones, creemos que es pequeña, pero cruzando esa puerta encontrás a Alicia Satini que hace que la experiencia comprando unos caramelos valga mucho más que dinero. Esa pequeña interacción, con un chiste y una sonrisa, hace que te vayas con alegría del lugar.
Y para ella también es así. Abre temprano, junto a su hijo mayor Lisandro y hasta la tarde noche, no se va. Es imposible aburrirse viendo a la gente pasar, atendiendo clientes habituales y teniendo largas conversaciones con aquellos que trabajan cerca, que con el paso del tiempo ya son sobrinos postizos de la protagonista de esta historia.
Alicia continúa el legado familiar que dejó su padre Pedro Satini, a quien describió como “un ejemplo, tengo los mejores recuerdos de él. Era una persona excelente, la quería también todo el mundo”. Un hombre que innovó en su rubro, ya que tenía un comercio en la galería de Moreno y cuando decidió cambiar a su puesto de diarios y revistas en vez de hacerlo cerrado, decidió que tenga ventanales para que se vea hacia adentro. Una imagen fresca y que no se repetía en los otros comercios.
Alicia describió la idea original del kiosco, que desde sus planos ya era algo que sonaba muy diferente a lo que se solía ver en la época: “Era más grande que los otros kioscos que eran muy guardaditos y todos cerrados. Lo mandó a hacer todo con vidrio, esa fue idea de él. Era una locura para la gente, cuando abrió este kiosco todos venían”.
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El recuerdo de Pedro
Desde un punto de vista personal, el recuerdo de su padre se mantiene vivo en la memoria de Alicia por la gente que lo quería, por el nombre de su hijo menor y el cuadro que tiene enmarcado dentro de su kiosco. Pedro Satini sigue vivo en el recuerdo de la gente como una persona muy querida y en la imagen de su hija, que sigue contagiando esa energía positiva.
Una persona que siempre contagió la idea de trabajar con horas y horas dentro del kiosco, desprendiendo buena energía y vendiendo diarios, revistas y de paso, te sacaba una sonrisa: “Mi papá se levantaba a las 6 de la mañana e iba a buscar los diarios caminando, eran las 3 de la mañana y él estaba acá todavía. Le encantaba laburar”.
Tras su partida, “La Fortuna” quedó a cargo de Alicia que cuenta que mientras crecía, no acostumbraba a estar tanto dentro del kiosco: “Lo ayudaba a la tarde de 14 a 16, porque no le gustaba mucho que viniera, entonces él aprovechaba para descansar. Después de que falleció mi papá empecé a venir mucho más; con el tiempo me casé, tuve a Lisandro me tomé licencia y tuve a mi hijo menor Pedro y dejé hasta que el arrancó el jardín, y desde entonces que no falto un día en el kiosco”.
Cuando finalizó sus estudios en el colegio nacional, comenzó a trabajar y explicó que su sentimiento hacia el kiosco cambió con el tiempo: “Al principio no me gustaba mucho, hasta que me acostumbré. Y ahora esto es mi vida, porque la verdad que me encanta estar acá, me falta algo si no estoy en el kiosco”; atender a la gente, el gran trato que había con los clientes, las amistades que se forman y acompañar a su padre, son varios de los detalles que forjaron este amor tan fuerte que Alicia siente por “La Fortuna”.
Un trabajo familiar que generó un vínculo muy fuerte que inició con sus padres y su hermano, y que hoy en día sigue a flor de piel con sus hijos. Compartirlo con sus seres amados es “una alegría enorme. Que les guste el kiosco me encanta, que estén contentos. Ellos a veces me dicen que no trabaje tanto, pero esto a mí me encanta”.
Su segunda casa. Pasan los años, las horas y decenas de clientes diarios y Alicia mantiene su semblante alegre y su buena onda, una actitud incansable: “A veces me dicen quedate en casa un día, pero no puedo. Me falta algo si no vengo, yo lo quiero con todo mi corazón. Los domingos vengo, abro a las 8 de la mañana y me voy a las 9 de la noche. Y no me cansa, para nada. Al contrario, yo soy feliz”.
Alicia Satini está a cargo de “La Fortuna”, aunque creo que la fortuna verdadera la tenemos aquellas personas que pudimos pasar un rato de charla con ella. Saben dónde encontrarla, en ese local (ahora amarillo), donde en su banqueta mantiene la edición del día de La Voz del Pueblo. Alicia va a estar ahí, como siempre, con su vidriera repleta de golosinas y su kiosco lleno de amor y anécdotas para repartir.
