Es un desafío seguir el ritmo de las malezas resistentes
La resistencia de las hierbas malas avanza “todos los años” contó el ingeniero agrónomo chavense, Marcos Yannicari, a La Voz del Pueblo. En una entrevista sugirió que los productores deberían aplicar un “screening” sobre poblaciones de plantas no deseadas
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El ingeniero agrónomo chavense Marcos Yannicari se especializa en el tratamiento de malezas y en esa actividad es un referente de la Chacra de Barrow (INTA).
En una entrevista con La Voz del Pueblo observó con preocupación y precisión técnica cómo el mapa de la producción agrícola se transforma ante el avance de las malezas resistentes.
Lo que hace una década era una preocupación incipiente, hoy es una realidad que exige que los productores se adapten a sus realidades.
“La verdad que el problema de resistencia de malezas herbicidas viene avanzando todos los años”, confesó Yannicari mientras analiza la situación actual en la zona de Adolfo Gonzales Chaves y alrededores.
Según explicó el conocimiento constantemente debe alcanzar la capacidad con la que se adaptan las plantas porque mientras los técnicos aprenden a manejarlas, las malezas encuentran nuevas formas de sobrevivir, acortando la vida útil de las herramientas tecnológicas disponibles.
El Raygrás
En la región sur bonaerense el enemigo común de los productores es el raygrás. Yannicari aseguró que se trata del caso más complicado. Su asociación con los cultivos de invierno, principalmente el trigo y la cebada, lo vuelve una sombra que aparece por todos lados.
“Según los registros que tenemos, en el 50 por ciento de los lotes de trigo tienen raygrás. Y ese raygrás, en muchos casos, tiene resistencia a múltiples herbicidas”, advirtió el ingeniero.
El problema no es solo que la maleza no muera; es que aparece temprano, incluso antes de que el cultivo esté implantado, y persiste con una tenacidad que desafía tanto los barbechos como las aplicaciones durante la siembre y el cultivo.
Esta resistencia múltiple obliga a un rediseño de las estrategias. Ya no basta con “limpiar” el lote antes de sembrar; la maleza se volvió un componente estructural del paisaje agrícola que requiere atención constante desde el primer brote.
“Recetas únicas”
Sin embargo el panorama no es puramente desalentador. Yannicari recordó el caso de la rama negra, una maleza que hace una década parecía invencible.
“Fue un desafío importante hace unos 10 años atrás. Pero surgieron nuevos herbicidas, encontramos la forma de manejarlos en el momento del ciclo oportuno para controlarla, y la labranza también fue una buena alternativa”, explicó.
Gracias a ese aprendizaje, hoy la rama negra se mantiene en niveles de densidad bajos, demostrando que la integración de métodos -químicos y mecánicos- puede dar resultados.
Por el contrario el glifosato que es recordado como la “bala de plata” de la agricultura moderna, atraviesa un proceso de desgaste evidente. Aunque Yannicari lo define como uno de los mejores herbicidas de la historia por su efectividad acumulada, reconoce que hoy se enfrenta a una “insensibilidad” creciente.
“Hemos encontrado que en todos los casos el glifosato sigue utilizándose en cantidades crecientes, sigue aportando al control, pero ya no puede solo”, apuntó.
La realidad actual exige mezclas complejas y en consecuencia mucho más costosas. Este incremento en el uso de insumos impacta directamente en el margen económico del productor, haciendo que la presencia de malezas resistentes sea, además de un problema biológico, también económico.
El “screening”
Para Yannicari la clave para que la maleza no domine al productor es la información, y para ello el laboratorio y el campo deben trabajar en sintonía. Actualmente se realizan análisis denominados screening sobre poblaciones de malezas remitidas desde diversas regiones, incluyendo Entre Ríos y Santa Fe.
Señaló que estos estudios permiten conocer exactamente qué resistencia presenta una población específica antes de que el productor gaste miles de dólares en un producto que no surtirá efecto.
“Es muy importante que el productor conozca sus lotes”, insistió el ingeniero quien sostuvo que el asesoramiento profesional se vuelve indispensable porque ya no existe una “receta única” para todos. Remarcó en este sentido que cada lote tiene su propia historia de cultivos y su propio perfil de resistencia, lo que demanda una prescripción médica para cada caso particular.
La cosechadora
Asimismo Yannicari puso el foco en un factor que no todos tienen presente pero que suma al momento de prevenir, y que tiene que ver con la limpieza de la maquinaria. Entiende que una cosechadora puede actuar como dispersor.
“Al momento de la cosecha, tratar de limpiar las cosechadoras, o al menos cada vez que ingresan al lote, ingresar por el mismo lugar”, recomendó.
Según dijo los primeros metros por donde entra la máquina suelen ser el foco donde germinan las semillas de malezas traídas de campos vecinos. Detectar esos “escapes” temprano permite actuar antes de que el problema se vuelva inmanejable al momento de gestionar el suelo y su ecosistema.
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