¡Feliz Cumpleaños José!
Hoy domingo 7 de junio José Galante cumple 80 años. En el marco de una fecha especial, habló con este diario sobre el trabajo ininterrumpido durante 65 como tornero, oficio que enfrenta una escasez crítica de nuevos talentos. Su paso por EIMA, la apertura de su taller en 1973 en su casa de calle Reconquista 335 y mucho más. Un trabajador que relegó tiempo a la familia, pero que no se arrepiente del camino elegido por el amor que siempre tuvo y tendrá por la tornería. Rubro que además de darle grandes amistades, lo formó como persona y lo hizo crecer
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Por Luciano Moran
El de hoy no es un día más en la vida del tresarroyense José Galante, quien, en coincidencia con el Día del Periodista, cumple 80 años de vida. Ahora jubilado, trabajó como tornero durante 65 de manera ininterrumpida, una profesión histórica que en el presente atraviesa una escasez notoria y crítica de nuevos talentos.
Por esta razón, La Voz del Pueblo lo visitó en su hogar ubicado en calle Reconquista 335 -café de por medio- para conversar con él, el principal protagonista que tiene esta historia. Un lugar especial porque allí se encuentra su propio taller, el que pudo abrir en 1973 cuando se largó solo en la actividad. Logro que alcanzó tras desempeñar funciones anteriormente, y desde 1961, en el Establecimiento Industrial Metalúrgico Argentino (EIMA).
“Fue la primera fábrica de silos metálicos del país. Ahí trabajé 12 años. EIMA estaba donde se tramitan las licencias de conducir, hoy Secretaría de Seguridad. Siempre fui tornero, un oficio puro. El más lindo de todos, pibe…”, recuerda con cierta nostalgia al comienzo de la charla.
Su padre falleció cuando él tenía tan sólo casi años. Sus abuelos se hicieron cargo de él, vivían en calle Maipú 936. Fue criado por su mamá, su abuela y su tía. Cursó hasta 3° año en el Colegio Industrial, y en el verano de 1961 (enero/febrero), desde EIMA se dirigieron al establecimiento educativo a buscar 2 chicos para hacer una pasantía en la tornería.
Contó que esas 2 personas elegidas fueron él y su amigo de la infancia Hugo Tavarozzi. Y agregó que “aceptamos sin dudarlo. Cuando se cumplieron los 2 meses, Hugo volvió a la escuela y yo me fui a Necochea con mi madre, a seguir 4° año industrial allí”.
No se adaptó al cambio y no se volvió a Tres Arroyos, sino que trabajó en el torno de Necomoto. “No sabía nada prácticamente. Esa firma se fundió, de ahí fui a una estación de servicio a vender combustible. Era una YPF, pasando el puente colgante. Tenía 15 años, era un chico”, añadió.
Ante esta situación, su abuelo desde Tres Arroyos no se quedó tranquilo. Fue quien se contactó con EIMA, donde José Galante había hecho aquella pasantía. “Al abuelo le dijeron que sí, que me venga, que había alguna posibilidad de entrar. Regresé ilusionado, y a los pocos meses ingresé a trabajar en EIMA”.
Del paso por ese lugar, explicó que “fue la época más feliz de trabajo que tuve porque éramos todos amigos, nada que ver con lo que pasa ahora. La cultura de trabajo cambió mucho lamentablemente, para mal”.
Su familia actualmente está conformada por sus 2 hijas. Karina Galante que está radicada en la ciudad y Silvana, que vive en Mar del Plata. “Soy divorciado, pero hace 20 años que tengo una gran compañera de vida. Ella tiene Calzados Bianco, en la esquina de calles Reconquista y Bolívar, a una cuadra de mi casa”, explicó.
Reiteró que, sus primeros pasos, los dio “sin saber nada. Antes estaba la fábrica Aiello en Av. San Martín, donde se hacían trabajos para afuera en serie. Igual que de EIMA, me daban trabajo”.
Recordó que se fue bien y en buenos términos de EIMA. “Fue por mi decisión, imposible olvidar que me dieron 3 cheques, lo que me alcanzó para comprar un torno marca Zimmermann en Bahía Blanca, que hoy todavía tengo en mi taller. A ese, le levanté yo el cabezal. Las funciones de un tornero son múltiples, es tanto lo que he hecho en la vida que no te das una idea (risas)”, sostuvo.
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Un antes y un después
En el taller que está en la parte trasera de su casa hay una fosa marcada, pero sin hacer. “Yo soy fanático de la mecánica, es más, iba a poner un taller mecánico porque no tenía medios para comprar un torno. Debo agradecer a mi abuela Celina y a mi abuelo Federico porque fueron ellos los que me dieron el dinero para comprar el primer tornito”, destacó Galante con emoción.
Se independizó a los 27 años, y fue en 1973 cuando arrancó a operar en su taller, un lugar especial para él y su familia. “Fueron ni más ni menos que 65 años como tornero, toda la vida prácticamente”, valoró.
En una tornería se fabrican, modifican o reparan piezas metálicas y otros materiales utilizando un torno, el cual hace girar el material mientras una cuchilla de corte le da forma. Es el lugar ideal para crear ejes, roscas, engranajes y componentes a medida para maquinarias, tareas que supo desarrollar a la perfección. “Es la actividad que más feliz me hizo, las amistades que me quedaron no se compran ni pagan con nada”, asintió con su cabeza.
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José optó por iniciar su camino solo porque un compañero suyo -Alberto Colantonio- hacía tapa de cilindros en Av. Güemes. “Él se dedicaba a eso en su casa, a rectificación de motores de motos. Cuando él dejó para pasar a hacer tapas de cilindros de autos, me ofreció continuar con su trabajo, a lo que acepté. Yo me inicié haciendo rectificación de cilindros y cigüeñales en 1973/74 en mi taller”, relató orgulloso.
Hizo referencia a que la formación que adquirió dentro de EIMA, le permitió “aprender mucho más ahí adentro que en el Colegio Industrial, porque dejé antes de terminar. En ese entonces, en 3° año tenías que decidir que oficio seguir: carpintero, electricista y demás. No elegí oficio. Hice toda la primaria, más 3 años de 6 de nivel secundario. Dejé la escuela y entré enseguida en EIMA”.
Contó que fueron 3, las veces que quiso tener empleados. “No hubo forma, imposible. Hay gente que no entiende o que no sabe. El de tornero no es un oficio fácil, es complejo, es una tarea artesanal”, dijo, y señalando los audífonos de sus oídos aclaró que “no miro a los ojos cuando hablo con una persona, si le observo la boca. Eso me ayuda a entenderla más fácil. Escucho bastante bien dentro de todo lo que sufrieron mis oídos y la vista”, expresó.
“Lo de Galante”
Recordó la enorme cantidad de trabajos que hizo a lo largo de su vida como tornero y mencionó que “no me hacía faltar hacer publicidad en ningún lado porque todo el mundo sabía que acá en mi casa funcionaba ´Lo de Galante´, como decían todos”.
Reflexionó sobre el presente, al respecto se lamentó porque “hoy quedan muy pocos oficios, se fueron perdiendo. Tengo colegas que ya no están lamentablemente. Dejé todo, ya estoy grande y me cuesta, el pulso y los reflejos no son los mismos. La cabeza la tengo bien gracias a Dios, pero ya no tengo más ganas de trabajar. Siento que cumplí…”.
Describió cómo eran las jornadas laborales diarias dentro de su taller, a las que definió como “super intensas. Entre 12 y 16 horas por día le metía. Recuerdo que en la década del ´90 cuando se abrió la importación, empezaron a entrar al país motos marca Suzuki, Honda y otras japonesas. Nada de todo lo que yo tenía me servía para arreglar esos motores. Soy de la época de la Gilera y la Puma, más antiguas”.
De a poco fueron desapareciendo las motos que arreglaba, entonces optó por reinventarse y dedicarse a la rectificación de motores fijos, de maquinarias ligadas al agro. “Lo cierto es que no pude competir con las rectificadoras porque mi trabajo era personalizado y sin tecnología. Oficio, cuerpo puro y sin computadora. Tuve clientes de la ciudad y de la zona, agradecidos con cada uno de ellos”.
El hacer 65 años de tornería le pasó factura, y una de ellas, “la principal te diría, fue que estuve poco tiempo con la familia. Siento que pagué un costo caro, alto. No la atendí bien, cosa que no tiene arreglo. Era tanto el trabajo que tenía, que nunca tuve que poner un cartel ni ningún anuncio. Era el boca en boca, tenía el piso lleno de fierros para hacer y hechos. No sabía dónde poner las cosas”, puntualizó.
Los trabajos más difíciles son los que más le gustaban. Siempre se abocó a la tornería de precisión y a los pedidos especiales, fue feliz haciendo eso, le daba vida. Hizo referencia a que “hoy no hay quien me reemplace. En el distrito hay una falta grande de oficios y más aún de tornero, los mismos clientes siempre te lo recalcan cada vez que te ven. Es un tema porque el mundo está cambiando”.
Siempre fue un fanático de los autos. “Tengo herramientas y máquinas de todo tipo, pero quiero vender todo. En estos 65 años que ejercí como tornero no me arrepiento de nada porque lo disfruté al máximo. Amo la tornería, trabajé solo porque era muy exigente conmigo mismo y para los demás. Mi regla era simple: o lo haces bien o no va, tal vez por eso nunca pude tener empleados, quién sabe…Muchas veces tuve que hacer ciertos trabajos 2 veces porque me salía mal”, subrayó.
En EIMA adquirió gran experiencia, “se hacía todo por trabajos en serie. Tenía que hacer 100 ejes para una caja reductora de un sinfín, capaz que estaba 3 días haciendo los mismos ejes. El de tornero es un trabajo artesanal. Aprendí mucho, a mí me resultó fácil el oficio. Siempre me gustó trabajar, es un camino de vida que elegí y un oficio que me dio lo que tengo”, valoró.
Cómo buen “fana” de los fierros, metió mano en sus vehículos. Dijo que “me hacía todo, me daba maña y tenía alma de mecánico (risas). Surgió lo de torno, se dio que ya había aprendido y me largué como tornero. Mal no me fue. Manejaba a la perfección los 3 tornos que tenía. Siempre fue muy preciso, prolijo y responsable con cada trabajo. Era mi pasión”.
Tras reafirmar que “volvería a vivir lo mismo” y que “está conforme con la vida que hizo”, José Galante finalizó su testimonio agradeciendo a los vecinos de Tres Arroyos y de la región por el acompañamiento “indispensable” durante más de 6 décadas.
“Viví fantásticamente bien como tornero, estuve sobrado de trabajo, me lo gané en buena ley. Hice bien las cosas en mi vida. Ahora me queda disfrutar la última etapa (risas y emoción). Si desatendí a mis hijas, fue para que no les faltara nada…Estoy tranquilo conmigo mismo. Gracias también a mis colegas y a los que ya no están, guardo un gran recuerdo de ellos. Un saludo especial para quienes siguen trabajando. Gracias a todos de corazón”, se despidió abrazo de por medio y agradecido por la entrevista en una fecha que no olvidará. Aplausos para el querido José y ¡Feliz Cumpleaños! a un tornero con todas las letras.
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