Gabriel Rinaudo: “Simplemente comparto un texto, el que convence es el Espíritu Santo”
Es laico y hace 21 años dejó la fábrica donde trabajaba en San Luis para dedicarse a predicar “a tiempo completo”. Desarrolla esta actividad en gran parte del país y en Latinoamérica. El miércoles pasado, en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, brindó la jornada de evangelización y sanación interior
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Gabriel Rinaudo es laico y desde hace más de dos décadas predica en diversos lugares del país -también en el exterior-, donde concreta jornadas de evangelización y sanación interior. Con esta finalidad visitó nuestra ciudad el último miércoles, oportunidad en la cual se desarrolló un encuentro en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, organizado por el Grupo de Renovación Carismática Católica.
La Voz del Pueblo conversó con Gabriel Rinaudo acerca de la actividad que desarrolla y el vínculo que se genera con las distintas comunidades.
Se trató de su primera visita a Tres Arroyos. “Estuve ya en casi toda Latinoamérica, recorriendo países, provincias, predicando y llevando la buena nueva”, explicó.
Su pueblo es Fraga, en la provincia de San Luis. Allí trabajó muchos años en la fábrica de Orbis, empresa que principalmente hace cocinas y estufas. Recordó que “tuve un encuentro personal con Dios en un momento de mi vida, sentí en mi corazón que me pedía ir a predicar la palabra, compartir la experiencia que yo había tenido, orar por la gente y sus necesidades”.
En principio, destinaba los fines de semana para acercarse a diversas localidades con esta misión. “Pero llegó un momento en que los lugares eran cada vez más y recibía muchas invitaciones, entonces dejé la fábrica y me concentré plenamente en predicar”, afirmó.
En este sentido, contó que “hace 21 años que estoy dedicado a la predicación a tiempo completo. Con algunas fechas que me guardo por eventos familiares, eventos de mi parroquia. El resto del año estoy afuera predicando”.
Un instrumento
Se define como tímido, “nada extrovertido”, pero estas características cambian al momento de estar frente a una comunidad de fe. Dijo que es un don de Dios. El martes pasado, durante un encuentro en Bahía Blanca, “el padre me llamó al altar para darme la bendición y desde que me paré del banco, mientras caminaba, sentí que todas las miradas las tenía sobre mí. Muchos se quedan con la imagen del que predica, pero en la vida cotidiana soy tímido”.
Reiteró que “me di cuenta que eso es de Dios. Me paro, establezco un contacto con la gente, a veces pasan dos horas y te están mirando atentamente”.
Lo mismo siente “al ver las sanaciones, el fruto, lo que la gente te cuenta. Hemos hecho muchos seminarios por Internet y al observar lo que pasa, las consecuencias, decís sólo Dios puede lograrlo. Sólo El puede hacer que la persona se dé cuenta y termine aceptando que Jesús es el que sana”.
Durante la entrevista, mencionó que “me quedo con una cita bíblica del Salmo 119, versículo 130. Refleja que la palabra sana nuestras ignorancias. A veces nosotros decimos yo no sirvo, yo no puedo, una predicación te convence porque Dios te convence”.
En este contexto, subrayó la importancia de ser instrumento de Dios en el ámbito donde cada persona desarrolle su vida cotidiana. “Dios te usa ahí. Yo me doy cuenta que Dios me usa en ese momento, durante la predicación”, sostuvo.
Argumentó que “hoy en la iglesia se necesita muchísimo testimonio”, basado en la experiencia personal. Y agregó que “la gente está cansada de escuchar que hablemos, hablemos. Pero cuando está ante un testimonio para la oreja. El papa Pablo XI decía que la Iglesia hoy necesita de testigos de que Jesús resucitó y está vivo”.
“Pasados de vueltas”
Durante la charla reflexiva con este medio, se refirió a “lo que le pasa a los adolescentes. Cuando éramos chicos jugábamos con una cubierta vieja, a la payana, lo que teníamos a mano. Sin embargo, hoy ves que hay chicos aburridos. También sucede con la gente grande. Nos encontramos como distraídos, con una sobreabundancia de información”.
Semejante cantidad de material a disposición, de un modo permanente, provoca “cierto hartazgo. A veces estamos tan pasivos en la vida que si descubriéramos lo que tenemos que hacer, no tendríamos tiempo de estar aburridos”.
Al plantear su caso personal, puso de manifiesto que “en mi vida no tengo el tiempo, voy recorriendo el país en colectivo”. A modo de ejemplo, relató que “en San Luis hay un convento de monjas que una vez a la semana hablan entre ellas. Cada una vive en una casita y tiene una vida ermitaña. Cuando les ves la mirada, la forma de hablar, lo tranquila, apaciguada, decís poseen la claridad de lo que tienen que hacer. Se contrapone con un amplio sector de la sociedad, que está pasado de vueltas”.
“Somos uno”
Participó en propuestas junto con otras iglesias, sobre lo cual consideró que “hay que compartir lo que nos une. He intervenido en eventos ecuménicos. Escucho música evangélica, leo algún material. Mi abuela materna fue la primera de la familia que se hizo de otra religión, después finalmente su iglesia se desarmó, no sé qué pasó y volvió a la Iglesia Católica”.
Más allá de la pertenencia y las denominaciones religiosas, dijo que “creo en lo que nos une y en trabajar juntos. Que crean porque nos ven juntos, porque somos uno”.
Un camino
La tecnología de la comunicación puede tener un potencial muy positivo, si es bien utilizada. El martes por la noche, en la Parroquia San Pantaleón de Bahía Blanca, fieles le recordaron “sobre las predicaciones en redes sociales durante la pandemia. Siempre voy cargando algo. Me decían sos mi compañía, rezo con vos, oro con vos, estudio la palabra”.
No dudó en expresar que “si hoy viviera el apóstol San Pablo utilizaría las redes sociales de una manera tremenda por el bien que podes hacer”.
Finalmente, agradeció por aquellas personas que pueden estar mejor, que perciben un cambio. “Muchísimos testimonios tienen que ver con que el fruto es obra del espíritu. Simplemente predicas un texto, lo explicas, lo compartís, oras. El que convence es el Espíritu Santo, la palabra sigue su camino por sí sola”, concluyó.
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