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      La Carta del Chori

      19 de mayo de 2024 | 07:17
      La Carta del Chori
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      El próximo verano podrá verse en Claromecó y Tres Arroyos el cortometraje que narra una anécdota familiar y de amistad, vivida en plena de guerra de Malvinas, a partir de un sentido mensaje enviado por un soldado desde las islas. Desde La Voz del Pueblo conocimos la historia, los contextos y el rebote que años después produce artísticamente, que en este reportaje presentamos con las voces de sus protagonistas

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      Por Fernando Catalano

       

      Un aerograma. El sobre y la carta son lo mismo, pero un niño de 10 años en 1982, no estuvo preparado para reconocerlo. Entonces al intentar abrirlo rompió el contenido, un mensaje que fue escrito en tiempos de guerra, cuando la Argentina toda sufría por cada soldado o soldadito enviado a combatir a los ingleses.

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      La historia de una carta escrita por un soldado en Malvinas, 42 años después se convierte en un cortometraje rodado por un estudiante de cine, que además es miembro de -la familia del corazón- de quién la escribió, en un alto en la guerra.

       

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      Manteniéndose vivo

       

      En un aerograma, hace 42 años, Marcelo Capriata le contaba a la familia Pagniez –sus amigos- las ganas que tenía de regresar al continente para compartir en una comida sus anécdotas de la guerra.

       

      Él, como tantos otros soldados, prefería que su carta llegue a destino. “Tratábamos de ser breves y llevar tranquilidad,  minimizando, porque nosotros también sabíamos que las cartas eran censuradas, entonces tampoco íbamos a poner cualquier disparate para que no llegue”, explicó.

       

      “Lo que uno trataba de decir es que estábamos bien; no decía ‘estoy cagado de frío, hambre, nos están matando a pepinazos’, comentó.

       

      Por esos días era consciente de su pérdida de peso; había llegado con 20 años de edad y pesando unos 80 kilos. Estaba en su plenitud física, una condición que seguramente le ayudó a soportar los efectos de haber llegado a perder doce kilos, durante los 74 días de conflicto. 

       

      Pasó frío, hambre y vivió la guerra en el frente de batalla cada día. “En lo personal no sufrí -había como otra prioridad- se entiende?. Salir vivo, mantenerte vivo era más importante”, reflexiona sobre el sentimiento que lo mantuvo en pié en días de guerra, siendo tan joven.

       

      Y para mantenerse con vida, además de eludir a la artillería inglesa, fue necesario tener determinado tipo de cuidados. “Me mojé los pies el primer día y me los sequé el último día, cuando me vine”, dijo para resumir con una metáfora cómo le escapó al ‘pié de trinchera’, un hongo que provocó hasta amputaciones a quienes no lograron cuidarse durante los pesados días de frío, humedad, mugre y hambre.

       

      “Vivía con los pies empapados, el territorio era así, había nieve, agua nieve, era un chiquero y vivíamos a campo abierto, a la intemperie. Una vez que te mojas los borceguíes y las medias, no te secas más”, describió.

       

      Para cuidarse en plena guerra, Marcelo, aplicaba ciertos cuidados sanitarios que resultaron indispensables para soportar la experiencia. “Cuando podía me lavaba las medias, me las cambiaba, las lavábamos usando el casco que está compuesto por dos elementos: de afuera es como una cacerola metálica, y adentro tiene un casco de fibra con las correas que te ajustan la cabeza. Entonces en esa cacerola metálica vos podés hervir agua, haces un fuego y pones el casco”.

       

      “Trataba de calentar un poco de agua y la ponía en el casco, ponía un poco con jabón, lavaba la medias y también pie por pie, después me secaba bien. Recuerdo que trataba de mantener los pies sanos”, recordó Marcelo que siempre tuvo en claro la aplicación de la higiene personal aun cuando pudo bañarse en forma completa sólo tres veces durante los dos meses y medio de guerra.

      Hace dos años

       

      “Una vez cruzando la pista veo que había soldados que empiezan a correr en un alerta rojo por un ataque aéreo; me tiré de la camioneta, corrí a un costado porque las bombas que ellos tiraban hacían un agujero de un diámetro de seis metros -por cuatro de profundidad- después emanaba agua. Corrí buscando alguna piedra para que no me alcance una explosión; entonces crucé el agujero de una bomba y me quedé ahí con el agua hasta la cintura. Dos bombas en el mismo lugar no pueden caer, pensé”, dijo al relatar uno de aquellos momentos en la nota que La Voz del Pueblo tituló hace dos años ‘El desahogo de un clase 62’, donde describió con varias anécdotas cómo le escapó a la muerte en pleno combate.

       

      De regreso al continente, y una vez en la base de Puerto Belgrano, el paso de todos los días del pleito internacional y la mala vida que llevaron se vio reflejado en su cuerpo y en el de sus compañeros.

       

      “Cuando vamos a la cuadra y nos desvestimos para ir a ducharnos nos cagábamos de risa al vernos -uno al otro- lo flaco que estábamos. Nos descubrimos la flacura cuando vinimos, porque con ropa de abrigo no de te dabas cuenta”, contó.

       

      Marcelo suele describir la experiencia de la guerra como la de un día largo que, para cualquier persona, termina a la noche cuando llega a su casa se da un baño, descansa y empieza de nuevo al día siguiente. “Lo nuestro fue un día que duró 74, no se cortaba, fue un día de dos mil horas”, sostuvo  

       

      Los amigos

       

      A los 15 años Marcelo conoció a Tony (Néstor) Pagniez, a quien recuerda como su primer entrenador de rugby y gran compañero de pesca. Era un bioquímico porteño que contribuyó para crear el laboratorio de análisis clínicos que actualmente conocemos como IBTA, y que se quedó en el distrito porque le gustaba la pesca y disfrutaba tanto de Claromecó, Reta y Marisol. Y su mujer, Ana, lo apoyaba en sus estudios a Marcelo, quien sintió haber tenido un trato como de “hijo mayor” en esa familia que durante el otoño de aquella guerra esperaba noticias suyas desde el correo.

       

      Cuarenta y dos años después verá cómo el fruto de los afectos genuinos cosechados a lo largo de la vida se transforma –como éste caso- en un cortometraje.

       

      Antes de iniciar el proyecto para rodarlo, Gastón Pagniez –hijo de Tony- consultó a Marcelo por si no tenía problemas con que su hijo Félix avanzara con la idea. “De todo surge algo bueno y es la inspiración de los jóvenes de hoy, me parece bárbaro”, dijo para explicar cómo recibió esa noticia. Y hoy espera verlo.






      Los amigos, el soldado y una historia para contar

       

      Félix Pagniez cursa su último año de formación para recibirse como director y guionista. En noviembre de 2023 llegó a Claromecó con sus compañeros de estudio a rodar frente al mar el cortometraje que narra una tierna historia de amistad en tiempos de guerra que sucedió en Tres Arroyos

      Kiara Toro (Lucila), observa la conversación entre el director y guionista, Félix Pagniez y Coco Gómez Ferrari (Gastón) (gentileza Felix Pagniez)

       

      Gastón Pagniez tenía 10 años durante el otoño de 1982, y recibió de mano de un cartero en su casa de Tres Arroyos en calle Sadi Carnot, un aerograma. Es una carta escrita en un papel que se pliega y toma forma de sobre.

       

      Cuando quiso abrirlo para sacar el escrito de su interior, sin saberlo rompió el mensaje. Y por temor se deshizo de la prueba.

       

      Pero como su hermana pudo ver esa secuencia, les contó a sus padres -que esperaban noticias de un amigo desde las Malvinas- que había llegado el cartero, y también lo que había ocurrido con la carta.   

       

      Después que le llamaran la atención a Gastón, fueron los cuatro a buscar los restos de esa correspondencia a un terreno que quedaba a metros de la casa.

       

      Una vez que pudieron encontrar los pedazos de papel, con delicadeza fueron unidos con cinta para poder leer las novedades de ese joven amigo de la familia que se encontraba en el frente de batalla a más de 1400 kilómetros en línea recta, a través del océano Atlántico.

       

      “Poder contarlo”

       

      “Creo que cualquier historia es diga de contase y me gustó poder contarlo desde el punto de vista de mi familia”, contó Félix Pagniez 42 años después de aquel momento.

       

      Es hijo de Gastón y cursa el último año de Técnico en Dirección de Cine en la Universidad de Cine, conocida como la FUC. Durante noviembre de 2023, junto a un equipo de veinte compañeros fue hasta Claromecó para rodar el cortometraje con el que honra la gran amistad entre su familia y Marcelo Capriata, un tresarroyense que por esos días combatía en Malvinas.

       

      “Para mi familia significó mucho que estando en Malvinas el Chori pensara en ellos y les mandara una carta. En la carta les avisó que él estaba bien y que con su regreso les iba a contar todo con un pollo relleno que preparara mi abuela (Ana). También habló de salir a pescar con mi abuelo (Tony). Para ellos fue muy lindo, y muy duro, el recuerdo de esa cotidianidad”, expresó al manifestar el significado de esa carta que siempre ha estado presente en su familia.

       

      A Félix le gusta especialmente estudiar guión, una de las asignaturas de la carrera que le permitió participar de un taller que aprovechó para darle forma a la anécdota familiar de la carta, que su abuela alguna vez le mostró.

       

      Y como todos los años en la Universidad del Cine se abre una convocatoria a proyectos curriculares para que los estudiantes presenten los suyos y se elijan los mejores para ofrecerles los equipos para rodarlo, Félix vio ahí la oportunidad de inmortalizar ese recuerdo de amistad.

       

      Fue así que una vez que la FUC eligió el suyo, no lo dudó y armó el rodaje en Claromecó, en casa de su abuela Ana sobre calle 40 y costanera, una esquina que por varios días cobró vida como set de filmación con actores, cámaras, trípodes, luces, vestuario, fotógrafos, técnicos y asistentes.

       

      El set utilizado para el rodaje también se movilizó por la playa, en ese mismo sector, a metros del parador Posta del Faro. Precisamente el hijo del matrimonio que lo concesiona, Constantino ‘Coco’ Gómez Urbieta, tomó el papel de Gastón, padre de Félix. El de su abuelo Tony fue interpretado por Agustín Cansado, Florencia Rens encarna a Ana, su abuela, y Kiara Toro se metió en la piel de Lucila, su tía.

       

      “Coco nos mandó el video que pedimos para la audición e inmediatamente nos pareció muy carismático y desenvuelto”, dijo al describir cómo eligió al protagonista, como director y guionista del largometraje.

       

      La carta

       

      “Mi papá recibió la carta un día cuando mis abuelos no estaban porque estaban trabajando, y él solo, estando en la casa con la hermana más chiquita, la abre. Pero lo que él no sabía es que la misma hoja donde habían escrito la carta se doblaba para hacer el sobre. Entonces la rompió, queriendo romper el sobre para sacar la carta. Como se asustó porque no quería que lo reten, fue a tirar la carta y cuando volvió, mis abuelos ya habían llegado y mi tía lo había delatado. Entonces fueron todos juntos para poder buscarla, pegarla y leerla”, así resumió una anécdota familiar cargada de historia, con sentimientos de amistad y angustia durante esa guerra.

       

      El rodaje

       

      En total el equipo que viajó a Claromecó fue de veinte personas distribuidas entre producción, arte, fotografía y sonido. “La facultad lo que hace es prestarte los equipos en una fecha determinada, pero después todo es financiado por nosotros”, confió Félix quien agradeció a 1920 y Bonavita por la consideración que tuvieron a la hora de cobrarles los alimentos a lo largo de los días de rodaje.

       

      Félix y su equipo tienen pensado terminar la edición del cortometraje para las vacaciones de invierno, luego presentar “La carta del Chori” en la sala de cine de la FUC y después a festivales en calidad de estreno (tal como se requiere en esos ámbitos). Finalizado ese recorrido, llegará a Claromecó y Tres Arroyos, durante las vacaciones del próximo verano 2024/25.






      Coco, el protagonista

       

      Protagoniza a Gastón. ‘Coco’ Gómez Urbieta en pleno rodaje de La Carta del Chori (gentileza Felix Pagniez)

      Constantino Gómez Urbieta, “Coco”,  tiene once años de edad cumplidos en marzo de este año. Es claromequense, y entre los vecinos ya saben que no le cuesta expresarse en público. Todo lo contrario.

       

      Una amiga de la familia les contó a sus padres sobre la convocatoria para un casting de actores locales, sabiendo que además disfruta de la actuación y que no se pierde las clases de comedia musical, que actúa para el colegio y para su profesora Julia Czubaj.

       

      Después de esperar unos meses desde la dirección de la película se pusieron en contacto con él, para conocerlo a través de un casting. “Era hacer un vídeo, de una situación cualquiera, hablar a tu manera”, contó Coco que eligió contar su experiencia en el Zamba, en un parque de diversiones.

       

      “Me llamaron y me dijeron que iba a hacer el papel principal, el de Gastón. Me mandaron el libreto, me hablaron de él”, contó Coco que reconoce tener confianza en sí mismo a la hora de aprenderse la letra, cada vez que actúa.

       

      Y también dijo que atravesó sus días de rodaje para el cortometraje con mucha ansiedad, interactuando y aprendiendo con sus compañeros de actuación y también con los del equipo técnico, algo que pudo entender también de la mano de su padre Agustín quien le hizo entender que todo fue parte de un aprendizaje.

       

      Mientras espera con muchas ganas poder ver el trabajo del equipo de Félix, contó pequeñas escenas de las que participó. Recuerda que su personaje juega al aire libre junto a sus amigos con barcos y aviones de guerra, y que momentos más tarde en su casa le abre la puerta a un cartero y sin querer rompe una carta, que -no sabía- en su casa estaban esperando.

       

      Entonces –desesperado- busca qué hacer para no dejar rastros de la carta rota. “Corrí hacia la arena -donde había estado en otra escena- y la enterré ahí en la arena, la rompí toda.

       

      Pero sus padres se terminarían enterando de la suerte que corrió el aerograma que llegaba desde Malvinas y fueron con Gastón a recuperar los restos de ese manuscrito.

       

      “Ahí vamos a la playa de noche y agarramos los pedazos, entramos de nuevo a la casa y con cinta la empezamos a armarlo de nuevo. Y les agarra un ataque de tristeza, de llanto a mis padres por leerla”, dijo Costantino que confiesa tener muchas ganas de conocer al verdadero Gastón y también al Chori.

       

      “Me encantó”, expresó sobre la experiencia de haber participado para el proyecto de Félix Pagniez, hijo de Gastón.

       

      Dijo además que le gusta actuar desde “chiquito”, que desde los cinco años ya hacía teatro, y a los ocho participó por primera vez de una obra.

       

      Sin vueltas asegura que le gustaría seguir con ésta expresión del arte, y para eso no deja de prepararse con actuación y comedia musical con tres profesoras una de canto en Tres Arroyos, otra de danza y una más de teatro, estas dos en Claromecó.

       

      En su futuro ve con claridad que le gustaría poder tener “un montón de actividades” en donde la actuación esté presente pero en un plano de diversión.

       

      Mientras espera por el trabajo final que dejará la edición, contó que pudo cumplir con el rito de celebrar la última toma junto a todos los compañeros del cortometraje que se rodó en la casa de abuela de Félix, a metros del parador que concesiona su familia sobre la costanera, frente al mar.

       

      “Me encantaría ver cómo en mi personaje se refleja el verdadero Gastón, ver si actué bien”;  expresó Coco que -para cerrar- afirmó que el cortometraje hará su aporte al momento de “recordar y pensar en todos los caídos en Malvinas, y los veteranos que volvieron de la guerra”.

       

       

      “Un artista en potencia”

       

      “Coco, cómo nosotros le decimos, es un artista en potencia. Es esa semilla que tiene todo para ser un gran árbol, y permite que se le enseñe en su crecimiento, aprende y lo transmite. En nuestro léxico de artistas diríamos que tiene Angel, y eso no pasa desapercibido. Para mí es un placer ser parte de la formación de este artista en potencia”, le confió Julia Czubaj a La Voz del Pueblo.

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