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La Columna: Un desafío enorme en educación

Sergio Garcimuño, al pronunciar unas palabras en el ex Colegio Nacional

Por Alejandro Vis

 

El ex Colegio Nacional celebró sus 95 años hace pocos días, el viernes 14 por la tarde, en un acto que -bienvenidas sean- dio lugar a la alegría y las emociones.

 

Uno de los oradores fue el contador público Sergio Garcimuño, actual secretario de Hacienda del municipio, quien egresó del Colegio Nacional hace poco más de 50 años. Se trató de una oportunidad para agradecer, porque fue el primero en su familia en incorporarse a este nivel de estudios. La primera generación en completar el Secundario, una puerta que se abrió así para cursar una carrera universitaria.

 

Sus padres eran Sergio Garcimuño, de oficio confitero, y Aurora Botas, ambos fallecidos. Juntos tuvieron su panadería con la colaboración de su único hermano Eduardo Enrique, también egresado del Colegio Nacional, que brindó apoyo en el trabajo para que Sergio pudiera estudiar en la universidad. Cursó y se recibió en la Facultad de Ciencias Económicas de La Plata.

 

Una historia también vinculada con la inmigración. Porque su padre y su madre, nacidos en nuestro país, eran hijos de españoles.

 

¿Para cuántas familias la llegada de un hijo al Secundario y luego al nivel universitario significó un cambio muy grande? El privilegio de recorrer un camino que no pudieron conocer los padres y menos aún los abuelos.

 

 

Desde Chillar

 

En este sentido, es oportuno recordar a Luis Cousseau, colega de Sergio Garcimuño que falleció el 5 de julio de 2022.

 

Luis era hijo de Pedro Cousseau, herrero, y de María Mauco, ama de casa. Vivió sus primeros años en Chillar e integró una familia numerosa, con nada menos que nueve hermanos.

 

Su madre nació en Tres Arroyos. Una de las hermanas de Luis residía en nuestra ciudad, que fue también su destino. Ingresó como pensionista en el Colegio Jesús Adolescente y desde chico, con tan solo 12 años -de acuerdo a sus propias palabras en una entrevista de Carlos Ordoñez- “me tuve que ganar la vida solo”. Uno de los medios para tener algún ingreso fue la música.

 

Estudió contador público en Bahía Blanca y tuvo una participación destacada en el Departamento de Ciencias de Administración de la Universidad Nacional del Sur (UNS). Allí cuando era alumno integró el primer Consejo Departamental en 1959, tras ser electo por el Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas.

 

Hablaba con especial reconocimiento de su hermano mayor, quien ya en la infancia les decía que “la diferencia tenía que ser el conocimiento”.

 

 

Por el país

 

Los ejemplos son numerosos. El salto que se puede dar a través de la educación. Desde la alfabetización de adultos, que no tuvieron la oportunidad de estudiar cuando eran chicos; hasta los profesionales que amplían su formación con posgrados y doctorados.

 

Uno de los debates, que no es exclusivo de nuestro país, está relacionado a las estrategias para reducir la deserción en el Secundario. La asistencia es obligatoria desde los 4 años hasta concluir el mencionado nivel, pero no todos los alumnos lo finalizan.

 

En un trabajo del Observatorio de Argentinos por la Educación, realizado por Paz Míguez, Samanta Bonelli y Martín Nistal, se obtuvo información muy importante. El mayor grado de abandono en la Argentina se registra en quinto año y hubo una reducción de la deserción, pero el indicador todavía es muy elevado. “La cifra sigue siendo altísima”, expresa la periodista especializada Luciana Vázquez en un artículo que escribió para La Nación.

 

El promedio nacional de abandono pasó de 24,4% entre adolescentes que tenían 17 años en 2018 y cursaban quinto año; a 15,1% de chicos de la misma edad que estaban en quinto en 2022. En la provincia de Buenos Aires bajó de 19.2% a 9,3% y en la ciudad de Buenos Aires de 15,2% a 9%.

 

En el informe citado, los tres autores indican que “es el resultado silencioso de un complejo entramado de cuestiones sociales, económicas y también culturales”.

 

Las investigaciones educativas han analizado diferentes causas. Hay autores que establecen una relación con la cultura institucional escolar y se refieren a mecanismos ocultos que crean condiciones de abandono (Cecilia Braslavsky, 1985) o formatos que desincentivan la permanencia de los jóvenes (Guillermina Tiramonti, 2004).

 

También otros estudios demostraron que “jóvenes pertenecientes a hogares de menores ingresos y con madres/padres de menor nivel educativo protagonizan el abandono en la escuela media” (Martín González Rozada y otros, 2015).

 

Al menos hasta hace algunos años, esta situación se concentraba en escuelas estatales y había diferencias significativas -que persisten- entre jurisdicciones (Mariano Narodowski, 2016).

 

Otro aspecto central, que ganó espacio en el marco de la genuina y masiva movilización por el financiamiento de las universidades públicas del 23 de abril, es cuántos integrantes de hogares pobres llegan a obtener un título universitario ¿Cómo hacer para que el sistema fortalezca las chances de quienes menos tienen, aquellos que hoy siquiera en muchos casos terminan el Secundario?

 

Es un tema absolutamente determinante y por supuesto mucho más complejo. Que siempre requiere de generosidad, no interesa quien salga mejor parado hoy o mañana, sino que sea bueno para el país. Aunque pueda parecer una postura ilusa, se debe exigir que las políticas públicas en educación queden al margen del péndulo que ha caracterizado a la conducción gubernamental nacional.

 

Hay una cantidad grande de historias similares a las de Sergio y Luis. El desafío es enorme para que continúen multiplicándose y la situación socio-económica, cultural u otros motivos no sean obstáculos insuperables para quienes ven en los estudios un mejor futuro.

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