La experiencia de una tresarroyense tras un año en Dinamarca
Tras vivir once meses en Europa, Micaela Macías visitó La Voz del Pueblo junto a su familia, que a la par recibió a una estudiante francesa, y ambos detallaron su experiencia y comentaron cómo es el proceso detrás de este programa del Rotary Club Tres Arroyos
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El intercambio cultural es, quizás, una de las herramientas más potentes para moldear la perspectiva de un joven. No se trata simplemente de turismo, sino de una inmersión profunda que obliga a desarmar la propia estructura para entender otra.
Micaela Macías, una adolescente tresarroyense, vivió este proceso en carne propia al pasar once meses en Dinamarca bajo el programa de intercambio del Rotary Club Tres Arroyos.
La joven visitó La Voz del Pueblo junto a sus padres, Natalia Durán y Fabricio Macías, y a Liliana Aid y Eugenia Muller, del Rotary Club Tres Arroyos, para desandar un viaje que comenzó con incertidumbre y terminó con lazos inquebrantables.
El desafío de lo desconocido
Llegar a un país nórdico implica enfrentarse a una barrera idiomática y cultural inmensa, Micaela residió en tres ciudades distintas —Solrød Strand, Haslev y Køge— y se adaptó a una vida danesa. “Al principio fue complicado tanto adaptarme al país y a su cultura, como al idioma. Poniéndole muchas ganas y esfuerzo me pude ir acostumbrando", confesó.
La escuela, con jornadas que se extendían desde las ocho de la mañana hasta la media tarde, fue el escenario principal de este reto.
Las clases eran íntegramente en danés. "Al principio me costó mucho porque no entendía nada ni conocía a nadie, pero mis compañeros me fueron ayudando desde el primer día. Si no fuera por mi curso, no creo que hubiera disfrutado tanto el intercambio. Al final, el vínculo de amistad es muy fuerte y vale mucho la pena", reflexionó.
Ese proceso de integración requiere paciencia. Los escandinavos suelen tener fama de distantes, algo que Micaela pudo comprobar, pero también desmitificar: "Mi recomendación es que le den tiempo a la gente. Ellos son muy fríos, así es el estereotipo y es verdad al principio, pero después se empiezan a abrir más. Vale mucho la pena quedarse y conocerlos porque terminás teniendo un vínculo muy real y muy lindo".
La adaptación no solo pasa por el idioma, sino por lo cotidiano. En Dinamarca, la estructura de las comidas fue un choque cultural que la sorprendió: "Comen mucha carne de cerdo y muchas papas, cuesta un poco acostumbrarse. Tienen un desayuno muy grande, pero después casi no almuerzan; comen un pedazo de pan danés especial con algo arriba, y la cena es a las seis o seis y media de la tarde, y ya está", relató.
Para un adolescente argentino, la desaparición de la clásica merienda y la cena temprana suponen un verdadero impacto. "Al haber tantas comidas acá, allá fue complicado. Pero te lográs acostumbrar, y si bien no es lo mismo, te empieza a gustar", aseguró.
La experiencia desde casa
Mientras Micaela intentaba descifrar el danés, sus padres vivían su propio desafío en Tres Arroyos. Enviar a un hijo a miles de kilómetros es un acto de confianza mutua. "Psicológicamente tenés que pensar que no la vas a ver por casi un año, y es bastante. Se extraña, obvio, porque compartíamos un montón de cosas, pero con el celular podés hacer llamadas, aunque la idea tampoco es hablar todos los días para que ella pudiera adaptarse a su vida allá", explicó su mamá, Natalia.
Sin embargo, la dinámica del intercambio establece que la familia emisora también debe recibir a un estudiante extranjero. A la casa de los Macías llegó Zoe, una joven francesa. "Vino sin saber nada de español, los primeros días hablábamos en inglés, pero aprendió enseguida", recordó Natalia.
Tener a Zoe en su casa ayudó a mitigar el "nido vacío". "Te cambia la rutina diaria. Llegás de trabajar re cansado, sabés que hay una persona que no es tu hija esperándote, le ponés toda la onda y te olvidás un poco", sumó Fabricio, quien se había entusiasmado con el programa recordando la experiencia de un primo suyo en el año 1994.
El balance de Zoe sobre Argentina funciona como un espejo de la experiencia de Micaela: la joven francesa quedó maravillada con la gastronomía local, los paisajes (viajó al norte y al sur) y, fundamentalmente, con la calidez humana. "Dijo que somos muy cálidos, que por cualquier cosa armamos una comida y nos juntamos. Allá no es tan así", apuntó Natalia.
Respecto a los costos, los padres aclararon que las familias asumen el valor de los pasajes, los trámites de visado o residencia y el seguro de salud internacional obligatorio. El alojamiento y la alimentación corren por cuenta de las familias anfitrionas de forma recíproca.
El programa de Rotary no es una simple beca de viaje, sino un compromiso educativo y social. Liliana Aid precisó que está dirigido a jóvenes de entre 15 y 18 años, quienes deben asistir obligatoriamente a la escuela en el país de destino.
"Tienen que ser personas que puedan abrirse a la comunidad, que no sean muy introvertidas y que puedan desenvolverse con otras familias. Hay intercambios cortos de tres meses, pero un intercambio largo de 11 o 12 meses afianza el conocimiento de la cultura y el idioma para el resto de sus vidas", detalló la referente rotaria.
Sobre el final de la charla, el espíritu global del programa quedó materializado en el clásico blazer azul que vestía Micaela, una prenda pesada por la cantidad de pines metálicos que la adornaban. "Se intercambian entre los chicos de todas partes del mundo. Cuando termina el viaje, todos tienen el blazer lleno de pines que simbolizan a la gente que conociste. Es muy lindo tenerlos", concluyó la joven.
Inscripciones para intercambios
Las referentes rotarias Eugenia Müller y Liliana Aid detallaron las características del programa de intercambios del Rotary Club. La propuesta se destina a jóvenes de 15 a 18 años con desempeño escolar regular a bueno. Está destinado para jóvenes con una actitud abierta y capacidad para desenvolverse en otra cultura, ya que se exige asistencia obligatoria a la escuela en el país de destino.
Existen dos modalidades. Los intercambios largos duran casi un año, asegurando una inmersión profunda al convivir de forma rotativa en hasta tres casas de familias anfitrionas. En cambio, los intercambios cortos tienen una duración de tres meses, con otra orientación y posibles estadías en campamentos.
Las inscripciones para viajar en 2027 finalizan el próximo 30 de agosto. Para consultas y postulaciones, los interesados deben escribir a [email protected], o contactarse mediante Instagram en @Rotaryclubtsas y la página de Facebook Rotary Club Tres Arroyos.

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