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La fábrica de tierra fértil

Juan Martín Ciccioli, Sofía Ibarlucía y Bárbara Legarreta (Agostina Alonso)

Juan Martín Ciccioli, Bárbara Legarreta y Sofía Ibarlucía crearon Taco (Tres Arroyos composta). Brindan un servicio para la transformación de residuos orgánicos en tierra fértil. Hacen un recorrido semanal por domicilios y luego trabajan en la ecoaldea Aguaribay, donde dialogaron con La Voz del Pueblo

 

Por Alejandro Vis

 

En la ecoaldea Aguaribay, Juan Martín Ciccioli, Bárbara Legarreta y Sofía Ibarlucia trabajan en los pasos para la generación del compost. Los microorganismos se encargan de la tarea, pero ellos deben garantizar una serie de aspectos para que el proceso se desarrolle de la mejor manera.

 

Juan y Bárbara son pareja. Van a construir su vivienda en la ecoaldea, lo que es una elección de vida. Luego de cruzar el puente de avenida Güemes, hay que tomar el primer camino a la izquierda y en cercanías de allí -a unos pocos centenares de metros- se encuentra este lugar donde en total disponen de un espacio para su futura casa 12 familias.

 

Los tres crearon en forma reciente Taco (Tres Arroyos composta). Sofía es la community manager, está a cargo de la comunicación. “Maneja las redes sociales -puntualizó Juan Martín-. Si el Instagram está tan bonito y tiene tanta repercusión es gracias a ella. Nosotros dos hemos hecho otros emprendimientos y comprobamos que no funcionó cuando quisimos encargarnos de todo, es valioso repartir bien las tareas. La parte de comunicación la charlamos con Sofía”.

 

Es sábado a la tarde, las nubes dominan el cielo y el frío se siente, lo atenúan un poco al estar en movimiento, mediante los trabajos que realizan con las palas y los baldes. Claro que no representa un inconveniente, sonríen al hacer lo que les gusta, en medio de la naturaleza y “al reparo de nada”.

 

Se muestran entusiasmados porque la actividad que desarrollan en Taco fue bien recibida en la comunidad, tuvieron comentarios muy favorables y mensajes de aliento.

 

Son los primeros pasos. Explicaron que “en abril terminamos de darle forma a este emprendimiento, empezamos hace aproximadamente dos meses”.

 

Comparten el interés y la preocupación por el cuidado del ambiente. Bárbara comentó, en este sentido, que “con Sofía estudiamos la Tecnicatura en Agroecología en el Instituto 33”.

 

¿Qué características tiene el servicio? Juan Martín respondió con claridad: “A las personas que se suscriben les llevamos un balde limpio con tapa, para que ellos tiren sus residuos orgánicos y nosotros a los dos meses o dos meses y medio aproximadamente les devolvemos compost. Les acercamos un baldecito limpio todos los miércoles o jueves y nos llevamos el que tiene los mencionados residuos, avisamos antes de ir, hacemos el intercambio”.

 

El servicio tiene un costo, funciona semanalmente y “las personas que estén interesadas lo hacen a través de una suscripción mensual”, agregó Bárbara.

 

En ocasiones, vecinos no van a utilizar el compost y deciden donarlo a una institución. Contaron al respecto que “se hace lo que el usuario decida. Nosotros nos hacemos responsables de hacerlo llegar”.

 

Van incorporando, en el comienzo de este camino, a amigos emprendedores. Son suscriptores que entregan los residuos orgánicos, que generan en sus labores relacionadas con los alimentos.

 

 

Beneficios

 

En la presentación de la propuesta en Instagram, expresaron el potencial que tiene esta práctica con la siguiente pregunta: “¿Sabías que el 50% de la basura que se produce en los hogares se puede transformar en abono para tus plantas?”.

 

Juan Martín subrayó que “es muchísimo. Si miras el tarro de residuos en una casa que no hace separación, la mitad son orgánicos. Podemos convertirlos en recurso”.

 

En su análisis, destacó igualmente que “con esta clasificación se logra además que en la casa lo que quede sea solamente seco. Así en la planta de reciclado va a ser mucho más simple la tarea. Es un círculo virtuoso”.

 

Bárbara argumentó que “es un ciclo, todo se transforma. En este caso, por ejemplo, una cáscara de naranja pasará a ser tierra”. Se reduce la contaminación, con una recuperación y reciclado mucho más amplio.

 

Todavía no tuvieron un contacto con la Subsecretaría de Gestión Ambiental del municipio. “Ya llegará el momento para poder charlar. Es un trabajo de todos y estaría buenísimo poder hacer algo en conjunto. Le están dando una vuelta a todo lo referido al medio ambiente y es genial”, afirmó. Bárbara enumeró algunas iniciativas de Gestión Ambiental como “el taller de compostaje, las charlas sobre separación de residuos”, entre otras.

 

En Taco sienten un especial interés por “la parte educativa. Estamos a disposición, nos han llegado algunas consultas. Nos parece fundamental, los nenes son la semillita clave”.

 

El armado de las pilas de compost, formando capas, se lleva a cabo habitualmente los viernes, si bien este último fin de semana lo hicieron el sábado. Utilizan hojas porque brindan un necesario aporte de carbono.

 

Reiteraron que es un proceso que lleva más de dos meses, hasta que queda la tierra fértil lista para entregar. “Los microorganismos cumplen una función fundamental. Nosotros tenemos que mantener parámetros de humedad, oxigenación, ir vendo que el compostaje se realice de una manera correcta. En una fase deben eliminarse patógenos que vienen en los residuos, es necesario para ello alcanzar cierta temperatura, 55 grados aproximadamente”, sostuvo Juan Martín. De esta manera, pueden garantizar que “la tierra que entregamos a los suscriptores no sea perjudicial para las plantas”.

 

Con el tiempo se van apreciando los cambios, los residuos de a poco desaparecen y se produce la transformación en compost.

 

Crecimiento

 

Bárbara tiene 31 años, trabaja en un laboratorio de análisis clínicos y estudia Agroecología en el Instituto 33. Juan Martín 32, juega al fútbol en Huracán, además se desempeña en “dos divisiones de las inferiores y trabajo para una empresa familiar frigorífico Arroyito dos días a la semana vendiendo y repartiendo chacinados. Con Taco ya me quedó la semana completa”.

 

La más joven es Sofía, de 25 años. Cursa Agroecología, se formó como community manager, “trabajo en un local, hago cosas diversas”. Consideró que “también lo interesante de tener un Instagram y comunicar es dar la idea a otros. Más allá de que no puedan sumarse quizás algunos por cuestiones económicas, la idea está y es una herramienta para animarse, motivarse para ser más amigo del medio ambiente”.

 

Las perspectivas son muy positivas. Juan Martín expresó que “desde que arrancamos hasta ahora crecimos bastante, apuntamos a llegar a muchas familias en Tres Arroyos. Vamos a tratar de brindar el mejor servicio”.

 

En el cierre de la entrevista, reiteraron el agradecimiento porque “hemos recibido mensajes muy lindos. Gente interesada pidiendo información, no todo el mundo se suma tal vez por la situación del país. Pero hay mucho interés y apoyo, nos llena el alma”.

 

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