La soja, la fertilización y la deuda interna
Especialistas advirtieron -nuevamente- que los suelos argentinos muestran balances negativos de nutrientes y que la fertilización, junto con un mejor manejo agronómico, pueden contribuir a achicar las brechas de rinde y darle sustentabilidad al sistema
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“Estamos en un momento bisagra. Si seguimos extrayendo más nutrientes de los que reponemos, no solo afectamos la productividad de la soja, sino también la sustentabilidad de todo el sistema agrícola”, advirtió Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar Asociación Civil y docente de la Facultad de Agronomía de la UBA.
El ingeniero volvió a encender las alarmas respecto al déficit de nutrientes de los suelos en una nueva edición del Ciclo de Charlas Online 2025, organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACOSA) esta vez junto con Fertilizar. En esta oportunidad se abordó el tema “Nutrición inteligente en soja” con un enfoque integral que combinó diagnóstico, fundamentos agronómicos y nuevas tecnologías de manejo.
Según datos de Fertilizar AC, el balance de nutrientes en los últimos 20 años es negativo en todos los nutrientes, lo que significa que se extrae más de lo que se repone campaña tras campaña. “La cadena viene marcando hace tiempo la importancia del tema rendimientos: con la genética sola ya no alcanza, y la nutrición se transformó en uno de los factores principales ante la condición actual de nuestros suelos, que tienen balances negativos de nutrientes”, indicó Rodolfo Rossi, el presidente de ACSOJA, al abrir la jornada.
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Rossi remarcó que “muy pocos productores fertilizan la soja, y cuando lo hacen es con dosis bajas respecto de lo que el cultivo necesita”, y agregó que el desafío es más amplio: “Las rotaciones también se ven condicionadas por la disponibilidad de elementos y microelementos. Tenemos la necesidad de cambiar esta situación. Hoy prima el concepto de lucratividad, pero los máximos rindes son los que generan la mayor rentabilidad”.
Brechas, nutrición y calidad
El primer expositor, Guido Di Mauro, investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, presentó los resultados de un trabajo en más de 15.000 lotes de soja de primera en el centro del país durante 13 campañas que analizó las brechas de rendimiento en soja y la influencia de la nutrición sobre el rinde y la calidad del grano.
Ese estudio determinó que el rendimiento promedio de los productores se ubica 28,7% por debajo del rendimiento potencial en secano. “Esa brecha representa la diferencia entre lo que podríamos producir y lo que efectivamente logramos con el manejo actual”, explicó el especialista, quien remarcó que “alrededor de 65% de esa brecha puede atribuirse a factores de manejo”, lo cual abre una gran oportunidad de mejora. Además, “en la región centro de Argentina, la principal zona agrícola, el rango de la brecha va de 15 al 60%. Es mucho lo que nos perdemos de producir”, señaló.
Según datos de Fertilizar AC, el balance de nutrientes en los últimos 20 años es negativo en todos los nutrientes, lo que significa que se extrae más de lo que se repone campaña tras campaña
Entre los factores más influyentes, el investigador destacó la fecha de siembra, la rotación de cultivos y la fertilización fosfatada, además de la incidencia de algunos micronutrientes. “En promedio, los lotes sembrados con antecesor maíz mostraron brechas más bajas que los que venían de soja sobre soja”.
A su vez, un relevamiento también reflejó que solo la mitad de los productores fertiliza la soja, y que en la mayoría de los casos las dosis aplicadas son relativamente bajas en comparación con los requerimientos reales del cultivo.
El trabajo también exploró la relación entre fertilización y calidad del grano, un aspecto de interés para la industria de procesamiento. “Observamos que la fertilización con fósforo y azufre incrementó el contenido de proteína del grano hasta en 0,9%”. Y enfatizó “Suena poco, pero mover un 1 % de proteína con manejo es muchísimo. Y lo más interesante es que en más de la mitad de las parcelas evaluadas logramos mejorar simultáneamente rendimiento y proteína”, agregó.
Aunque actualmente el mercado no remunera directamente la proteína, Di Mauro consideró que mejorar la calidad “tiene un impacto industrial relevante” porque la molienda de soja de mayor tenor proteico genera harinas de mayor valor comercial. “Como grupo de investigación evaluamos y desarrollamos prácticas agronómicas que no solo mejoren la producción primaria, sino que también aporten valor a toda la cadena”, resumió.
La importancia de las 4R
Volvemos a Esteban Ciarlo, quien se encargó de profundizar los fundamentos de la nutrición de soja y el impacto de una correcta reposición de nutrientes sobre la productividad y la sustentabilidad del sistema agrícola.
El ingeniero recordó que la soja es un cultivo con altas extracciones de nutrientes y que, por su protagonismo en la rotación, “contribuyó a acelerar el agotamiento de reservas naturales de fósforo y azufre en buena parte de los suelos agrícolas del país”. Según datos de Fertilizar AC, el balance de nutrientes en los últimos 20 años es negativo en todos los nutrientes, lo que significa que se extrae más de lo que se repone campaña tras campaña.
“El suelo no es un recurso inagotable, y la fertilización no debe verse como un costo, sino como una inversión en estabilidad productiva y eficiencia del sistema”, subrayó.
Para ello, planteó como principio básico aplicar el concepto de las 4R (por Right, correcto en inglés) de la nutrición responsable: Fuente correcta, Dosis correcta, Momento correcto, y Lugar correcto.
“Cuando ajustamos esas cuatro variables, no solo optimizamos la respuesta del cultivo, sino que también reducimos pérdidas y mejoramos la eficiencia en el uso de fertilizantes. Es decir, producimos más, con menor impacto ambiental”, dijo.
Ciarlo repasó el rol de cada nutriente en la soja:
- Fósforo (P), esencial para el desarrollo radicular y la nodulación, con un efecto directo sobre la fijación biológica de nitrógeno.
- Azufre (S), clave para la síntesis de proteínas y la calidad del grano.
- Potasio (K), que mejora la translocación de azúcares y la resistencia al estrés hídrico.
- Micronutrientes como zinc (Zn) y boro (B), que intervienen la síntesis de proteínas y en procesos reproductivos y en la formación de vainas y granos, respectivamente.
“Una nutrición equilibrada no es solo agregar fósforo. Es pensar el sistema completo. Cada nutriente cumple un rol fisiológico distinto, y las respuestas más consistentes se logran cuando se atiende al conjunto”.
Ciarlo mostró resultados de ensayos de la Red de Nutrición de Soja de Fertilizar AC, en los que la aplicación balanceada de P y S logró incrementos promedio de 30 a 40% en el rinde frente a los testigos sin fertilizar. “No hay que pensar en grandes dosis, sino en estrategias que garanticen la reposición y acompañen el potencial genético y ambiental de cada lote”.
En ese sentido, insistió en la importancia de la rotación: “El maíz o el trigo, cuando están bien fertilizados, dejan una base nutricional mejor para la soja. Por eso, el enfoque no puede ser cultivo por cultivo, sino integral”. Sin embargo, destacó que, cuando se trata de cultivos de soja de 2da, el remanente de nutrientes disponibles que dejan el trigo y la cebada de alta producción es insuficiente para cubrir el requerimiento del cultivo tardío.
A su vez, un relevamiento también reflejó que solo la mitad de los productores fertiliza la soja, y que en la mayoría de los casos las dosis aplicadas son relativamente bajas en comparación con los requerimientos reales del cultivo
El ingeniero también presentó los avances del Programa SUMÁ P, una iniciativa de Fertilizar AC destinada a monitorear los niveles de fósforo disponible en distintas zonas agrícolas del país. Datos recientes confirman un descenso sostenido en los últimos años, con valores de P-Bray por debajo del umbral crítico en amplias áreas del centro y norte argentino.
“Estamos en un momento bisagra. Si seguimos extrayendo más de lo que reponemos, no solo afectamos la productividad de la soja, sino también la sustentabilidad de todo el sistema agrícola”, advirtió Ciarlo.
Finalmente, destacó que el uso de fertilizantes debe ir acompañado de diagnósticos precisos, mediante análisis de suelo y monitoreos periódicos, para ajustar las decisiones en base a evidencia: “No podemos hablar de nutrición inteligente si no tenemos diagnóstico. Medir es el primer paso para mejorar”.

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